·Título: Compañera Cándida
·Autora: Luz Gabaldón
·Género: novela narrativa
·Fecha de publicación: marzo 2017
·Editorial: Autopublicado
·Número de páginas: 252 páginas

Agradecí a una prima mía la información de la nueva moda capital, aquello de vivir un estudiante con un anciano que vive en soledad.

La información que tengo de Luz Gabaldón, la autora firmante de la novela que reseñamos hoy, la he extraído directamente de su página web. Como la canción de Joan Manuel Serrat, nació en el Mediterráneo, en la ciudad de Valencia. Fue La historia interminable la obra que la llevó a sentir esa necesidad de escribir, que se hizo posible cuando a los doce años terminó la escritura de su primera obra de teatro que, por vergüenza, terminó rompiéndola. Tuvieron que pasar casi treinta años para ver su opera prima autopublicada, Sobreviví a los 50 (2014). También ha publicado Un sueño hecho realidad (2015), El escritor semisontano (2016) y Compañera Cándida (2017).

Las páginas de su última novela nos hablarán de la experiencia con tintes autobiográficos de Eva, una estudiante universitaria que, para conseguir un alojamiento asequible en Valencia durante su año académico, compartirá piso con una anciana con problemas de evacuación llamada Cándida. La historia girará en torno a esta convivencia intergeneracional y a la especial relación de amistad que unió a las dos mujeres.

Era increíble, tenía el pelo blanco, más blanco de lo que jamás había visto, era como una cabeza de algodón y tanta masa de cabello fue lo primero que captó mi curiosidad. Llevaba unas gafas grandes que escondían unos ojos pequeños y desgastados seguramente por la edad, lo que más me llamó la atención era que no tenía cejas, estaban depiladas y en lugar de pelo había dibujado con lápiz de ojos una línea un tanto irregular de color negro.

Luz se puso en contacto con nosotros para que reseñáramos la obra y, desde el primer momento, se mostró tierna y muy agradecida por la disposición. Además, nos facilitó un ejemplar físico de la misma con una carta escrita a mano (gracias, Luz, ha sido un detalle precioso). Así que solo por eso me decidí a leerlo cuanto antes y, además, hacerlo con cariño y dedicándole el tiempo preciso. A la hora de escribir mi opinión sobre la misma entre en conflicto mi ética moral y mi faceta como crítica literaria que he defendido a la hora de abrir este espacio.

Por un lado, de manera personal, la historia que aquí plantea la autora ha tocado muchos temas que me son muy cercanos. La convivencia con una persona mayor que ha vivido mucho y, además, se va apagando poco a poco, la estoy viviendo ahora mismo con mi abuela (ya no vivo en la casa familiar, pero por diferentes circunstancia debo ir a menudo) y mi relación con ella se ha intensificado mucho en esta última etapa de su vida en la que esa mujer fuerte e inquebrantable necesita, por primera vez, que seamos nosotras quien la cuidemos. Así que en esta Cándida, que prefiere que la llamen Dida, vi reflejada a mi propia abuela. Además, mi bisabuela, ya fallecida, compartía ese mismo nombre.

Por otra parte, creo que el desarrollo narrativo no llega a estar a la altura de la intensidad de los sentimientos plasmados aquí. También, aunque me parece que el mensaje que quiere transmitir es muy importante, creo que pierde fuerza empañado por una serie de carencias a la hora de comunicarlo.

—Ya te he dicho, porque mis padres confiaban en mí, aunque mis hermanas decían que lloraban porque en el barrio me llamaban “la cabaretera”.

Diré que a mí Compañera Cándida se me ha antojado como la lectura de un relato largo, como un diario de vida, transmitido de manera oral sin hacer demasiado hincapié en el personaje principal, Eva, que solo cobra la auténtica relevancia hacia el final (cuando, he de decir, me ha apasionado ver esa garra y ese carácter). Hasta ese momento, su posición es invisible, se limita a ser una mera oyente de una Dida que se dedica a contarle su trágica vida llena de lucha y desavenencias.

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Como lectora, mi empatía con Dida ha sido prácticamente instantánea. Y es curioso porque creo que la parte más positiva de la novela la consigue la autora de la mano de esta carismática anciana. Porque no le hacen falta demasiadas palabras para presentárnosla y para que la conozcamos. Serán los diálogos las herramientas fundamentales que se emplean para ahondar más en su personalidad, en su pasado y en su trágica situación actual.

La anciana vive sola en un piso en Valencia, donde ha convivido con otras estudiantes antes que Eva sin éxito. Pero Eva, tranquila y sosegada, parece decidida a compartir aquellos meses con esa mujer que se muestra elocuente y tierna con ella. Descubrirá que sus sobrinos pretenden ingresarla en una residencia para poder hacer uso de ese piso, algo que a la anciana la aterroriza. Este miedo, reflejado en un destino frío y que, de alguna manera, es cruel, será el que la estudiante intentará evitar por todos los medios.

¡Qué tristeza no oír nada cada vez que se quitaba “su oreja postiza” como llamaba a su audífono! Oír nada que no fuera el silencio ni siquiera su propia respiración, como ella muchas veces decía “no sé si respiro porque no me oigo”.

Está claro que existe cierto tono de denuncia en lo que se refiere a nuestros mayores, abandonados con las prisas de hoy en día y rodeados por la soledad en los últimos años de su vida. Lo que hace Luz Gabaldón no es, simplemente, pretender tocarnos la lagrimilla y removernos con un tema en el que es tan sencillo hacernos llorar. Más bien, se encarga de dotar a Cándida de una historia increíble que hará que podamos olvidarnos de que se trata de una mujer en la finitud de sus días. O al menos es algo que a mí me ocurrió. Dida se enamoró, trabajó desde niña en un cabaret y se tuvo que enfrentar a la crudeza de la Guerra Civil. Entre las profundas arrugas que surcan su rostro, se esconden mil y una vivencias que han forjado la fortaleza de esa mujer. Una mujer que es mucho más que una señora canosa que a duras penas se puede valer por sí misma.

En conclusión, literariamente la novela tendría muchos aspectos que pulir en referencia a la narración  y al desarrollo de los demás personajes. Sin embargo, su contenido ético, social y emocional la convierten en una historia con cierta importancia y de la que, sin duda, su lectura consigue remover, hacer reflexionar y otorga más humanidad a un presente que carece bastante de la misma. Quiero volver a agradecer a Luz haberme acercado a su Dida.

Tuvimos una guerra de por medio y eso trastorna al ser humano.

Valoración: Aceptable

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2 comentarios sobre “Compañera Cándida, de Luz Gabaldón

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