·Título: Siempre es viernes: Tarjeta negras
·Autor: JGR Norman
·Género: novela ciencia ficción, fantástica
·Fecha de publicación: noviembre 2017
·Editorial: autopublicada con Universo de Letras
·Número de páginas: 598

Todo es posible en I, y siempre es viernes. Bueno, casi siempre.

J. G. R. Norman (1977) va a trabajar en bici todos los días como Técnico en Base de Datos. Diplomado en Ciencia Empresariales, estudia a distancia Historia del Arte en la universidad. Además de la escritura, disfruta de viajar y escuchar música. Se define a sí mismo como una persona más rara de lo normal. La que traemos hoy en su opera prima; y poca más información tenemos sobre este autor. Aunque cuenta con una página web de la que os dejo en enlace por aquí por si queréis indagar un poquito más.

Todo es posible en I si se desea lo suficiente y se puede pagar. La vida en esta ciudad parece perfecta. Sin embargo, el sábado no llega y los asesinatos no cesan. A través del presente y el pasado de varios de sus habitantes queda claro por qué en I es tan fácil volar, cruzarse con dragones o bailar con la ondina de algún cuento prohibido. Pero pocos saben que entre todos ellos también se ocultan los proscritos de la Casa de Muñecas, perseguidos por los temibles Inquisidores de Dones. Martín, un vulgar oficinista, se cruzará con estos personajes extraños y se verá involucrado en su lucha secreta. Solo así descubrirá cómo funciona en realidad su ciudad, el papel fundamental que él juega en toda la historia y en las muertes de cada viernes.

Empezaba a brillar el sol, aunque eso realmente no significara nada. Nada podría importar menos, que el principio de otro día ideal como cualquier otra mañana en la ciudad de I.

Me vais a disculpar que haga un copia y pega de la sinopsis oficial, pero temía no hacerle justicia de otro modo. Y es que me he encontrado con dificultades desde el principio con las que a duras penas he podido lidiar. Esto unido a que son casi seiscientas páginas de libraco, ha hecho que su lectura haya sido una de las más complicadas de solventar de lo que llevamos de año. Aún así, algo me decía que no merecía entrara en la pila de libros abandonados que, finalmente, no llegamos a reseñar en A Librería.

Y con dificultades no me refiero a que exista un problema de comprensión lectora en sí. A pesar de que, como todos, tengo mis limitaciones y no soy, ni mucho menos, infalible, la manera en la que está narrada Siempre es viernes no hace que digerirla sea una tarea amena. Al empezar a leer nos encontramos con una tercera persona que nos habla de ese Martín citado en la sinopsis, pero también existirá un narrador omnisciente que variará a placer, no siempre con una función exacta y, a mi parecer, errónea.

Y como en cuestión de segundos surgían estrellas en el cielo para que la noche rodeara la ciudad y al autobús quince. Pero casi de inmediato las mismas estrellas que acababan de surgir comenzaron a difuminarse, cubiertas por algo oscuro que se movía rápido, como un líquido oscuro derramándose veloz sobre una mesa hacia todos los lados. Pero la hora no había cambiado.

Hay que tener en cuenta que JGR Norman nos plantea un mundo muy extraño y plagado de nuevas normas, entremezclando pura ciencia ficción con literatura fantástica. Además, existen multitud de descripciones muy explicativas que en lugar de facilitarnos la vida, nos entorpeces y divagan demasiado. El autor pierde párrafos enteros para contarnos cómo es una habitación y sus sillas, pero a duras penas acierta a explicarnos qué narices está ocurriendo. Y perdonad la expresión, pero preguntándome eso estuve hasta más o menos alcanzar el 40% de lectura.

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Hay algunos matices muy curiosos y originales que me han llevado a pensar si estaba leyendo una obra maestra incomprendida, algo que no sería de extrañar en realidad. Porque no es el lenguaje ni su manejo lo que falla, la narrativa no solo es limpia, sino que es cuidada y rica el vocabulario, metáforas y forma. Me ha recordado a La era del espíritu baldíoaunque he de decir que Siempre es viernes es bastante más masticable.

Por ejemplo, la idea que da título a la obra: ese eterno viernes, un día laborable infinito, que no permite que llegue el ansiado fin de semana. No me ha quedado muy claro por qué ocurre esto, aunque se da a entender que se trata de una norma “estatal” debido al caos y al exceso de trabajo. Este trabajo vendría dado por la existencia de dones, otorgados por la Oficina de Patentes. Allí, ingiriendo un suero, es posible que los deseos se conviertan en realidad. Y una ciudad donde los deseos se convierten en realidad puede ser un auténtico despropósito.

“La sed le enloquecerá”

Este concepto queda difuso y a mí me ha costado mucho entenderlo. La rutina se entremezcla con el caos, de repente la vida urbana merma, el autobús se convierte en una especie de Transformer y Martín es consciente de una lucha encarnizada que se produce por qué sí a la vista de todos. Sin embargo, algunos no parecen darse cuenta. Él sí. Y es en ese momento dónde se encontrará con Iri, que lo guiará a la Casa de Muñecas, un hogar para proscritos que buscan protegerse de los llamados Inquisidores de dones.

A pesar de su extensión, la trama se desarrolla de forma repetitiva y no avanza. Lo que me sorprende, dado la gran cantidad de material que maneja JGR Norman y la riqueza que tiene en su poder. La mente de Martín gira en su obsesión por volver a ver Iri y, todo lo demás, permanece en un segundo plano. Por momentos se convierte en lo que parece una novela experimental, la realidad se desdobla, se pierde, el tiempo cambia y, finalmente se pierde la noción de dónde se estaba. Yo creo que el principal problema radica ahí: linealmente no se sigue ningún suceso específico, por lo que es complicado engancharse a la lectura sin más. Además, da la impresión de que los personajes no se terminan de desarrollar. No son humanos. No tienen ese carisma necesario. Tan solo Martín puede despertarnos cierta simpatía, pero todo el elenco que surge a su alrededor (que no es escaso) se difumina en nombres extraños y características superfluas de las que a duras penas he sido capaz de memorizar.

No habréis visto en vuestra vida nada más bello.

He de reconocer que no sé si estoy siendo del todo justa al valorar este libro con un regular y que, tal vez, otros lectores sean capaces de encontrar la belleza y la profundidad que ha pretendido escribir JGR Norman. A pesar de que esta experiencia se me ha antojado difícil, me animaría a volver a leerlo con el tiempo. Estoy segura de que le queda mucho por evolucionar.

Valoración: regular

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