• Título: Tristana
  • Autor: Benito Pérez Galdós
  • Género: ficción
  • Editorial: Cátedra
  • Número de páginas: 272

Yo quiero vivir y ser libre.

Benito Pérez Galdós, 10 de mayo de 1843 – 4 de enero de 1920, es una de esas figuras de nuestras letras que no necesita presentación. Fortunata y Jacinta (1886), Marianela (1878) o Trafalgar (1873) son solo tres de los títulos más conocidos del autor.

Si por algo destaca este autor es por su gran renovación literaria, por apartarse del romanticismo y llevar a la literatura española hacia las sendas del realismo. De padre militar y madre noble, se aficionó prontamente a la literatura, pero fue su paso por Madrid lo que terminó por inspirarle el profundo deseo de escribir, ya que en la capital se reunía con los grandes intelectuales de la época, no solo españoles, sino ingleses y franceses.

La obra de Galdós se divide en diversos períodos, pero Tristana, obra de la que vamos a hablar hoy, se engloba dentro del período conocido como “novelas españolas contemporáneas”, novelas en las que retrata la vida de los madrileños de la época, acercando al lector actual a la mentalidad y forma de vida de la época, algunos dicen que de manera genial.

Quiéreme, quiéreme mucho que todo lo demás es música

Tristana, pobre niña huérfana recogida por la gracia de ¿Dios? por don Lope, íntimo amigo de la familia. La jovencita crece junto al hombre, que de pronto se le empieza a antojar un amo que la tiene enjaulada y que busca liberarse de todas las maneras posibles. Y quizá en esto encontramos la genialidad de Tristana, porque en una época en la que la mujer solo tenía tres oficios, como bien se deja claro en la novela, nos encontramos con una muchachita que aun amando no quiere casarse, que quiere su independencia y a quien su honra no le interesa demasiado.

El papel de Tristana en la novela es realmente interesante, porque se nos presenta al principio como una pobre palomita coja a la que la bondad de un buen hombre salva de vaya usted a saber, una niña que se deshace en elogios en su salvador y que vive hasta su vera, pero que de pronto despierta y se da cuenta de que ella es una esclava y de que la situación en la que vive con don Lope no es natural ni le gusta, sino que le hace sentir incómoda. Así, la paloma, convertida en gavilán, quiere huir de su captor sin darse cuenta de que, muy a pesar, es exactamente igual que él.

Poco a poco su intelecto, hasta entonces adormilado por las dulces palabras de don Lope, comienza a despertar, y demuestra ser más afilado que el de la más alta pluma de la época.

La joven cree conocer el amor de mano de un pintor que le dibuja las más bellas palabras, que le dora la píldora y que quiere encarrilarla, aunque se muestra en apariencia bastante comprensivo con las descabelladas ideas de su joven musa. Y así Tristana, diciendo que no quiere dedicarse a ninguna de las tres labores destinadas a la mujer de la época (a saber: gobernanta de una casa, actriz o prostituta), decide ser pintora, como su amante, y vivir libre.

Y de nuevo se encuentra con una nueva cárcel: Horacio. Si bien es cierto que esta cárcel la ha elegido ella, sigue sin gustarle estar atada, lo que unido a ciertos acontecimientos que separan a los amantes durante un breve período de tiempo, hará que la joven se plantee muchas cosas de su vida.

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Portada Ed. Catedra

Sin embargo, y a pesar de sus esfuerzos, Tristana acaba enjaulada una vez más de una manera patética. Y esto es lo que no me ha gustado.

Yo no soy muy fan de Galdós, lo reconozco, leerlo para mí siempre fue una suerte de tortura medieval, y cuando tuve que leer esta novela para preparar una clase se me llevaron todos los demonios, pero sin embargo has sido una lectura en principio gratificante.

Sí, los neologismos galdosianos a veces me traían de cabeza, y es cierto que a veces se pasa de descriptivo, pero el personaje de Tristana, tan fuerte, tan valiente, tan decidido, me apasionó. Me parece un himno a la femineidad, a la libertad. Y un despropósito en su época. Quiero creer que si don Galdós escribiese esta obra en la actualidad el final sería muy distinto y que si a Tristana le cortan las alas es porque en la época no se podía permitir otra cosa. Quiero creer.

Además de Tristana pocos son los personajes que aparecen, aunque todos ellos perfectamente dibujados, algunos con breves pinceladas. Don Lope, el amigo que vende hasta su propia piel por los amigos, que se desvive por Tristana y con unas ideas un tanto revolucionarias acerca de la vida. No cree en Dios, no cree en el Estado, no cree en nada más que en la libertad. Don Lope, cuyo verdadero nombre es otro, se nos presenta como una especie de don Juan que, sin embargo, poco a poco va perdiendo el arrojo de la juventud para convertirse en un viejo cascarrabias que guarda a Tristana como si fuera su mayor tesoro.

Desde el principio don Lope es un personaje poco atractivo, se ve que a pesar de sus aires de libertad, de su bondad para con los demás, algo esconde. Y cuando se descubre lo que es dan ganas de gritarle, de insultarle, de cerrar el libro, pero de volverlo a abrir para ver si al final obtiene su castigo. Castigo que, a mi parecer, es poco.

Saturna es la criada, quien lleva la casa y quien se encarga de cuidar la casa, de proteger a Tristana y de aleccionar a don Lope. A pesar de que es un personaje realmente interesante, ya que nos muestra una de las tres vías de la mujer, aparece muy poco, pero todas sus apariciones están llenas de importancia.

El último personaje es Horacio, un joven con una vida no demasiado dura que parece quedar fascinado por Tristana desde que la ve. Su libertad, su forma de pensar, sus ganas de aprender lo cautivan, pero enseguida se cansa de ella, una mujer así no es fácilmente gobernable, y aunque él no quiere una esclava – como parece que quiere don Lope – tampoco quiere a una mujer que sea superior a él, ni siquiera quiere a una joven a su altura.

Al principio el tonteo que se traen Tristana y Horacio es interesante, divertido, es infantil e inofensivo, cursi hasta el extremo, hasta que todos nos damos cuenta de que algo tiene que fallar, de que la novela necesita un drama. Y el drama viene en los últimos capítulos, pero este drama no nos golpea con fuerza, sino que como en Crónica de una muerte anunciada (García Márquez, 1981), todo estaba ahí desde el principio. Y aunque al cerrar el libro lo he hecho con un mal sabor de boca, porque esperaba más, la bilis se ha endulzado con la satisfacción de haber hecho que mi aborrecimiento a Galdós haya disminuido.

Give me a kiss, pedazo de bruto.

Valoración: bien, bien

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2 comentarios sobre “Tristana, de Benito Pérez Galdós

  1. Me alegro que al menos el aborrecimiento de Galdós haya disminuido!
    Quizá es cuestión de buscar la obra que consiga engancharte a él… pásate por nuestro blog si quieres que hemos hecho alguna reseña de él.
    Por lo demás, me ha encantado la reseña. Muy didáctica! Saludos.

    Le gusta a 1 persona

    1. Totalmente de acuerdo, quizá las obras que me tuve que leer obligada no fueron las más afortunadas, sí que quiero sacar un rato para seguir profundizando en su obra, quizá con más obras de esa etapa de Galdós. Gracias por tus palabras.

      Le gusta a 4 personas

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