·Título: Celia. En el colegio.
·Autora: Elena Fortún
·Género: novela infantil
·Fecha de publicación: 1932
·Editorial: Alianza Editorial (publicación original en revistas)
·Número de páginas: 270

¡Celia era mala! Aquellas travesuras que tanto os han hecho reír […] eran maldades. Ser mala es no adaptarse a las costumbres de los mayores.

Hace unas cuantas semanas os hablaba de la novela infantil de Celia, lo que dice. Y, un poquito antes, escribía una entrada introductoria para conocer más a Elena Fortún, la pluma que está detrás de las travesuras de esta niña de Madrid. Con Celia. En el colegio seguimos las endiabladas aventuras de la cría que, como nos anunciaban al final la primera parte, sería ingresada en un convento para ser educada por las monjas.

Aunque mantiene el mismo tono infantil de la entrega anterior y la mente de Celia es todavía demasiado despreocupada para adivinar la desgracia a su alrededor, lo cierto es que a medida que avanza la obra encontraremos capítulos algo más largos que, si bien mantienen ese tono de comedia, los carices dramáticos empiezan a ser algo más comunes. Por otro lado, la ambientación cambia drásticamente, pues sustituimos el centro de Madrid por los muros del convento, que apenas abandonaremos a lo largo de la trama principal y las mil y una subtramas.

Porque la madre Corazón de Jesús habla como lo que está escrito en los libros, y dice cosas tan bonitas que nunca se sabe lo que dice.

Particularmente, me sorprende la entereza emocional de la muchacha, porque cualquiera otra niña se habría venido abajo. Su padre muestra una evidente amargura por la decisión de internar a su hija en un colegio de monjas, pero Celia, aunque echa mucho de menos a su familia, se decide a pasárselo bien y comienza a idear aventuras con sus nuevas amigas y con las madres. Elena Fortún muestra, a pinceladas, como la cría es prácticamente olvidada por sus padres en dicho internado, quiénes llega un punto que dejan de visitarla porque se traslada a Pekín por razones que no conocemos.

 

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Pero la diversión no cesa ni por un instante, y Celia traspasa incluso los umbrales de la primera parte, dejándose llevar por completo hasta el esperpento. Y aunque las monjas intentan enderezarla y enseñarle a comportarse, la niña es incapaz de ser buena: desde subirse al carro del huevero y dejar el rastro de la materia prima por el camino, dar enseres del colegio a los niños pobres (entendemos que, tal vez, se traten de críos que provienen de algún poblado gitano de las cercanías), llevar cuatro gatitos a clase y esconderos en el pupitre o rescatar a las cucarachas de la cocina y regalárselas a una anciana que también reside en el convento.

Tal vez la parte más interesante de la obra sea el análisis de la vida religiosa y las ideas que las monjas intentaban meter con calzador en la mente de las niñas. Esto, a Celia, le crea constantes conflictos con la realidad, y muchas de sus malas acciones son provocadas por esta ideología católica tan llena de fantasía y normas por doquier. Por ejemplo, en su afán por llegar a ser santa, Celia se escapa con otra compañera de clase para que los moros las encuentren y les corten la cabeza: de esa forma llegarán a ser mártires.

—¿Por qué lloras tanto? —me decía asombrado.

—Porque estoy arrepentida, y voy a ser buena… y quiero ser santa.

—¡Es una decisión maravillosa, hija mía! Tú tendrás seguro el cielo, y a nosotros nos dejarás casi en la gloria.

Otra de las partes más interesantes y, diré, esclarecedora ocurre durante el verano. Las demás niñas de colegio van a pasar las vacaciones estivales con sus familias, pero los padres de Celia se encuentran muy lejos y no pueden hacerse cargo de su hija. Es Doña Benita, la anciana compañera de locuras de Celia la que va a recogerla y la saca de allí durante unos pocos días. En esas pequeñas vacaciones fuera del gobierno de las monjas, Celia y su cuidadora irán a un circo. Allí, la imaginación de la niña se disparará y, además, nacerá su obsesión con una de las jóvenes que trabajan allí:

¡Qué niña tan guapa!, ¿verdad? Parece una princesa. ¿Será hija de un rey o del hombre gordo? Me gustaría ser como ella… No la hay tan bonita en el mundo… Era de oro el traje, ¿verdad? Y eran perlas las que llevaba en la cabeza… Yo me reía cuando pasaba por mi lado, pero ella no me ha conocido… ¡Ni me miraba siquiera!

Conociendo ya la historia de Elena Fortún, no sería de extrañar que la autora estuviera haciendo un guiño a la sexualidad de la cría, o abogando por una libertad de expresión muy sutil, en plenos años 30.

Por cierto, uno de los regalos que el padre le hace a Celia será lo que introducirá la siguiente parte de las aventuras de nuestra querida niña: un cuaderno para escribir sus cuentos. Creedme que lo mejor de Celia, todavía, está por llegar.

—¡Pero usted está dejada de la mano de Dios!—me dijo la madre mercedes.

—¿Sí? ¿Y las otras niñas no están dejadas?

Valoración: Si, recomendable.

Adquiere Celia. En el colegio aquí

 

Un comentario sobre “Celia. En el colegio, de Elena Fortún

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