•Título: Crónicas del Fin #5. Réquiem
•Autoría: Gabriella Campbell y José Antonio Cotrina
•Ilustración de portada: Libertad Delgado
•Género: fantasía oscura
•Fecha de publicación: febrero de 2018
•Obra autopublicada
•Número de páginas: 75

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¡CUIDADO CON LOS SPOILERS! Si no habéis leído las anteriores entregas de Crónicas del Fin, deteneos aquí.

Demos la bienvenida al apocalipsis, demos la bienvenida al fin del mundo.

A principios de año hablamos de Crónicas del Fin y sus cuatro primeras entregas en A Librería. Ahora, tenemos un doble motivo para reseñar su última parte: la iniciativa #UnAñoDeAutoras y la conclusión de una gran obra de fantasía oscura que prometí traer a este espacio. Ya sabéis lo que digo siempre: ¡lo prometido es deuda!

La quinta entrega de esta saga nos introduce, una vez más, de lleno en el mundo apocalíptico al que nos tienen acostumbrados Campbell y Cotrina. Absalón y Crimea buscan a alguien en un prólogo narrado desde los ojos de la muerte y la destrucción donde se nos introducen conceptos que reflexionan sobre la identidad personal, sobre el significado de la vida, sobre los límites del ser humano y, esto en mayor medida, sobre el fanatismo religioso. El comentario que abre la novela y en el que se adora al fuego me ha recordado a Canción de hielo y fuego, de Martin.

Cualquier dios es mejor que la soledad del hombre. Incluso el dios que vive entre los demonios y la destrucción.

Tras ese prólogo que desvela cómo murió Rhea, la madre de Adra, volvemos con nuestra querida y monstruosa protagonista y sus compañeros. Entonces, se menciona una escena en la que la protagonista intentó revivir a su madre y, cómo no, salió mal (esto ya lo hemos observado antes en otras resurrecciones). Este episodio me ha recordado al manga Fullmetal Alchemist (y no sé por qué no lo había comentado antes).

Adra al fin ha dado con Absalón, el tipo que mató a su madre y arrasó el lugar que, pese a todo, era su hogar. En la mente de Adra arde la venganza. Su fiel arma, el lanzaensalmos, está listo para disparar. Pero el hombre que solo tiene medio rostro no va a ceder tan fácilmente. Con su palabrería frena la intención de la protagonista; sus explicaciones sobre los leviatanes, sobre los monstruos que nacen de ellos, sobre los engendros que invaden el arrasado mundo y sobre la propia familia de Adra dejan a la joven confusa a la par que paralizada.

—¿No te lo has preguntado nunca? ¿Por qué? ¿qué hacen aquí? ¿Por qué han venido?

El resto de protagonistas y secundarios siguen peleando contra el enemigo. Gale -con su monstruosa garra destruyendo a quienes se interponen en su camino-, Winston, Décima, Angie y Bianca pelean para defender a Adra y que esta pueda cumplir con su objetivo. Pese a encontrarse en una situación límite tras la pérdida de su nave, la Mordisco, el equipo saca sus últimas fuerzas para defenderse.

Pero pese a vencer a sus enemigos, la verdad que se esconde tras el fin del mundo es una verdad terrible. Adra y Gale deberán pelear contra esta realidad, hacerle frente, enfrentarse a sí mismos, salvar a quienes les importan y a lo que resta de humanidad en un mundo podrido y hediondo.

Para entender Crónicas del Fin, hay que tener en cuenta primero que toda esta historia no funcionaría de un modo tan magistral sin la pluma combinada de dos grandes autores como son Campbell y Cotrina. Como ellos mismos indican en su texto, quizás a modo de guiño metaficticio (o quizás yo me estoy flipando), hay poesía en la destrucción del mundo que crean, igual que hay destrucción en la belleza de la lírica que llena las páginas de Crónicas del Fin. No sé si me explico; un texto bello que habla de destrucción se contrapone a un mundo destruido que, pese a todo, es capaz de crear nueva vida. Y la nueva vida siempre es belleza.

Hay poesía en la destrucción: sucia y grotesca, pero a la vez pura, desprovista de los artificios y las capas del raciocinio que los débiles inventan para proteger sus mentes.

De nuevo, he dado con algunas referencias a nuestra actualidad que me han recordado a las que Aloy, protagonista de Horizon: Zero Dawn, encuentra durante su periplo. Un ejemplo es la aparente banalidad de diferentes objetos en una frase que parece completar el wordbuilding de esta novela breve. Las reliquias del pasado que encuentra Gale en su infancia no son otras que monedas (la fragilidad del dinero), tuercas (las construcciones, el hogar que en realidad no nos pertenece) y anillos (la unión con quienes amamos es cuestión de algo más grande que una ceremonia y un par de alianzas de oro). La mano esquelética bien podría representar al escritor, al creador y su efímera existencia. Nuestra efímera existencia. El autor muere. Luego, se convierte en su obra, que es lo único que resta de él para el mundo que deja atrás.

Buscaban tesoros, reliquias del pasado: en ocasiones encontraban monedas, tuercas, anillos; una vez encontraron una mano esquelética e inventaron historias fantásticas sobre su dueño.

Crónicas del Fin, en este volumen más que en sus anteriores, es un canto a la muerte que se iguala a una canción desesperada a la vida. Esto, por contradictorio que pueda sonar, es en realidad complementario: debemos vivir con valentía, afrontar lo que nos llegue con alegría y dar lo mejor de nosotros mismos para lograr que nuestra identidad y la de nuestro círculo cercano permanezca intacto el mayor tiempo posible. Si puede ser durante toda nuestra vida, mejor que mejor. Este mensaje no cambia en el fin del mundo: pese a llegar los poderosos leviatanes, esa idea de celeridad vital sigue latente. Y late incluso con más pasión.

Vivimos en el delirio desde que llegaron los nuevos dioses. Vivimos en un réquiem lento, en una elegía.

Las conclusiones sobre esta obra podrían ser tantas que prefiero reservar algunas. La profundidad de su texto disfrazado de aventura de fantasía oscura es abrumadora. Un revestimiento que le favorece y, por supuesto, entretiene al lector hasta que termina la lectura y pide más, y así con cada una de las entregas de Crónicas del Fin. Habrá que esperar pacientemente a su siguiente temporada.

No podía marcharme sin felicitar a sus dos autores por la futura publicación en papel de Crónicas del Fin (sus cinco entregas en una) con Alethé Ediciones.

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Cada vida, Adra, es la crónica de un final.

Valoración: Sí, recomendable
Adquiere Réquiem aquí.

Un comentario sobre “Réquiem, de Gabriella Campbell y José Antonio Cotrina

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