• Título: The Yellow Wallpaper (El tapiz amarillo o El papel de pared amarillo o El papel pintado amarillo)
  • Autor: Charlotte Perkins Gilman
  • Género: relato de terror
  • Fecha de publicación: 1892
  • Número de páginas: 33

De esta obra me he encontrado múltiples ediciones con diferentes traducciones del original en inglés que difieren ligeramente entre sí. Yo conocí primero la obra como El tapiz amarillo, pero lo que llegó primero a mí fue la propia figura de la escritora pues lo que más destaca de ella no es tanto su obra como su propia biografía. Fue una intelectual norteamericana multidisciplinar y muy conocida por ser activista en defensa de los derechos de las mujeres. Su estilo de vida fue considerado poco ortodoxo y hoy en día es una figura que sirve de modelo para el feminismo. La descubrí por un artículo periodístico sobre el tema.

¡Hay tantas mujeres arrastrándose, y corren tanto…!

Charlotte Anna Perkins Gilman (1860-1935) nació en Hartford, Connecticut, en los Estados Unidos. Sufrió el abandono de su padre a muy temprana edad y, debido a la falta de medios de su madre para mantenerla a ella y su hermano, cambiaron repetidas veces de vivienda y vivió largas temporadas con familiares. Una de las persona con las que convivió fue nada más y nada menos que Harriet Beecher Stowe, escritora de marcada ideología abolicionista y cristiana, autora de la famosa y entrañable obra La cabaña del tío Tom (Uncle Tom’s Cabin, 1852). Esta obra fue una de las que más ahondó en el tema de la esclavitud en un Estados Unidos dividido, en una época en la que la esclavitud era un tema candente en la sociedad pues aún no había sido abolida.

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Perkins se graduó en la Escuela de Diseño de Rhode Island. Mantuvo una relación muy estrecha con una amiga hasta que esta se casó, lo que supuso un gran cambio para Charlotte. Posteriormente, también ella contrajo matrimonio, con el pintor Charles Stetson, aunque nunca se sintió atraída por la vida doméstica y familiar. Se separó de su marido y años después se divorciaron, lo que es insólito en la época que le tocó vivir. Se casaría por segunda vez en 1900 con Houghton Gilman.

En cuanto a la ocupación de Charlotte Perkins, además de novelista fue, artista, poeta y editora. Su obra más conocida es el relato que nos ocupa, que ha tenido varias adaptaciones a teatro y televisión. Es también autora de una novela considerada precursora de la ciencia ficción feminista moderna. Se trata de la utopía Herland (1915) Escribió también numerosas obras de no ficción, entre ellas cabe destacar un ensayo sobre la relación de las diferencias económicas de hombres y mujeres como factor en la evolución social.

El 17 de agosto de 1935 la autora se suicidaba en Pasadena, Estados Unidos, pues según ella misma dijo en su biografía, prefería “ser víctima del cloroformo que del cáncer”. Además de definirse a sí misma como socialista, fue una firme defensora de la eutanasia para los enfermos terminales.

Lloro por nada, y me paso casi todo el día llorando.

Cuando está John no lloro, claro, ni con él ni con nadie pero cuando estoy sola sí.

En esta breve narración, Charlotte Perkins hace un retrato de la mujer en su época. Se nos presenta una protagonista aquejada de lo que antes llamaban histeria o mal de los nervios. Hoy en día, no se consideraría tan a la ligera su sufrimiento sino que se diría que padece una depresión postparto. Su trastorno, en cambio, debido a su mal diagnóstico y tratamiento no hace más que empeorar hasta convertirse en auténtica locura. El relato tiene un marcado carácter autobiográfico pues la propia escritora sufrió una depresión postparto y las consecuencias de un tratamiento incorrecto.

La protagonista nos narra su historia, su particular descenso a los infiernos, en primera persona y como si fuese un diario. Se trata de una escritora a la que su marido John y su hermano, ambos médicos de profesión, le recomiendan, y en la práctica le imponen, reposo y dejar de trabajar.

 Es muy atento, muy cariñoso, y casi no me deja dar un paso sin intervenir.

La historia comienza cuando, tras el nacimiento de su bebé, el joven matrimonio alquila una vivienda en el campo para pasar una temporada, unos tres meses, hasta que hagan unas reparaciones en su casa y así la esposa y protagonista se recupere de su difícil situación. En la época era común que las personas con cualquier enfermedad se retirasen al campo por considerarse más sano, como se refleja en mucha de la literatura de esos años. La mujer se ve recluida en una habitación con un papel pintado amarillo que se le antoja horrible y con el que se irá obsesionando cada vez más.

 El color es repelente, casi repugnante: un amarillo chillón y sucio desteñido de manera rara por la luz del sol, que se desplaza lentamente.

El estilo con que el que se nos narran las peripecias de esta mujer acomodada y de clase más bien media-alta es conciso y muy natural. Parece que realmente estemos leyendo las reflexiones de la escritora, con toda su frescura, en vez de una obra literaria.

El relato es una clara denuncia de la situación de las mujeres en la época en que fue escrito. Narra como la falta de poder de decisión de las mujeres sobre sus propias vidas en muchísimos aspectos (como la salud, sus actividades diarias, el cuidado de sus hijos, las finanzas familiares, etc.) acaba por mermar su salud mental y afectar profundamente también a su salud física y su actividad laboral y social.

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Esta obra no puede interpretarse desligada del momento histórico que le tocó vivir ni de la lucha feminista de esos años. Aunque parezca que poco tiene que ver y que la madre y esposa protagonista es sumisa y dócil, incluso se sienta culpable de no serlo más, poco a poco se nos va revelando la verdadera situación. En su locura, nuestra escritora protagonista acabará por buscar soluciones.

John se ocupa de todo, y claro, yo me siento una mezquina y una desagradecida por no valorarlo más.

La lectura se me ha hecho muy corta. Es rápida y deliciosa, aunque también de difícil digestión y altamente perturbadora. El terror psicológico es patente y está muy bien manejado por parte de la autora. Si bien el comienzo es tranquilo, nos describe la casa de alquiler y la vida en apariencia insulsa de la protagonista, he terminado la lectura con los pelos de punta. Estamos ante una obra muy breve para reflexionar de manera intensa sobre los males que aún hoy nos acechan en nuestros hogares, en nuestras relaciones y, sobre todo, en nuestra propia mente.

Valoración: Excelente

Podéis adquirir esta obra aquí.

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