Título: Relaciones enfermizas (Título original: Legături bolnăvicioase)

Autora: Cecilia Ştefănescu
Traducción: Doina Fagadaru
Género: Novela intimista
Fecha de publicación: abril 2018
Editorial: Dos Bigotes
Número de páginas: 150

Bucarest, años 90, más que una historia de amor

Más allá del contexto y su lejanía (Google Maps indica que alrededor de 3000km separan Bucarest de Madrid), todos hemos tenido 16-18 y puede que la mayoría haya atravesado una relación enfermiza. La juventud, como el amor tóxico, embriaga y se agarra muy fuerte a ti. Si uno se descuida, intoxica y desorienta. Y si el escenario es una plasmación de este tumulto interior (¿o acaso sucede al contrario?) solo cabe enfermar, enfermar y dejarse enfermar. Esta espiral nos absorbe desde Relaciones enfermizas (Dos Bigotes, 2018), de Cecilia Ştefănescu, una de las ya más destacadas novelas cortas de la literatura rumana.

Publicada en 2002 en su país de origen, la primera novela de esta joven autora supuso toda una revolución en Rumanía (aborda una relación lésbica, la ciudad de después del régimen de Ceauşescu es un personaje más de la novela e incluye menciones explícitas al deseo sexual). Quizás por eso se transformó en un éxito de crítica y ventas o puede que se trate de algo más: una atmósfera que atrapa y se queda dentro y una sutileza en la exaltación de las emociones, que también está presente en la versión cinematográfica de esta obra, con guión de la propia autora y dirigida por Tudor Giurgiu, distribuida en más de veinte países.

relaciones-enfermizas-dosbigotes.jpg

La complejidad del momento histórico de Bucarest en los años noventa, plasmada en sugestivas descripciones con un estilo envidiable, traspasa la barrera de lo físico para colarse en el interior de los personajes, que también atraviesan un delicado momento, el de la primerísima juventud, y embriagarlos y, a su vez, la amalgama dispar del interior de éstos es un reflejo del momento que vive la ciudad, formando un todo inseparable.

Y es que la convulsión juega a tres bandas: la emocionalidad, el contexto y la propia narración. El conflicto es trasladado al plano formal con el empleo de varios narradores, en una combinación del subjetivo y el omnisciente pero con un claro predominio de la primera persona del singular, el uso de la cursiva y distintos apartados marcados por la separación física. A menudo se entrelazan y confunden y, especialmente al principio de la novela,  dificultan la comprensión de lo acontecido y exigen un esfuerzo extra por parte del lector para continuar con la lectura. Después, uno acaba sumándose a esa corriente de aguas turbias que atrapa, como si saliera a Bucarest y se dejara llevar por sus calles como hacen los personajes de la novela.

Kiki, una joven que apenas acaba de comenzar la Universidad, desconoce qué quiere o siente. Se debate entre su amor por Renato, un artista megalómano, y Alex, una taciturna y enfermiza muchacha que en ocasiones roza la neurosis (“mi barriga estalló como un balón pinchado y de allí solo salieron unos trocitos de color rojo, en forma de corazón o de pan de jengibre”) y pasea y se deja absorber junto a ellos por una ciudad en pleno momento de cambio, que tampoco sabe muy bien dónde se dirige, “invadida por una tristeza irremediable”. Se suceden encuentros, reencuentros y separaciones y el ritmo de la novela evoluciona in crescendo, cada vez más obsesivo, como si no pudiera ser de otra forma.

Asimismo, sobresale la viveza de lo sexual y sensual del cuerpo, el otro gran protagonista, desde una perspectiva que nombra el placer femenino como merece, con un discurso muy poco frecuente en la literatura: en libertad. Desde el deseo y la falta de conocimiento de las propias sensaciones, pero sin coacciones, Kiki y Alex expresan su deseo torpe y dudoso en ocasiones y decidido y vehemente en otras, en medio de un entorno represivo que exige que sigan deambulando por la ciudad y escondiéndose.

Siento entonces de una manera extraña que el retrete se vierte lentamente sobre mi cuerpo, chorreando por la piel que justo acabo de lavar con jabones de lo más refinado. El placer me hormiguea la piel. Y no se trata del placer leído en los libros, sino de uno epidérmico, poroso, que se infiltra entre los tejidos y echa raíces

Una desilusión generalizada invade todo el relato o acaso se trata de la nostalgia de lo que aún no ha llegado a ocurrir, con una belleza estilística que embriaga y sorprende. Ştefănescu demuestra tener una sensibilidad singular y una maestría narrativa que traspasa fronteras.

Valoración: Bien, bien

Enlace de compra

Un comentario sobre “Relaciones enfermizas, de Cecilia Ştefănescu

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s