• Título: Dioses, fantasmas o demonios
  • Autor: Jesús Gordillo
  • Género: fantasía
  • Editorial: El Transbordador
  • Número de páginas: 256

Aquí no transcurren años, transcurren historias.

Jesús Gordillo se inició en el mundo literario cerca de la treintena, lo que no le impidió ser prontamente galardonado. Su primera novela, titulada Ojos de circo, fue escrita en colaboración con el escritor y traductor Javier Martos y no vio la luz hasta 2013. Posteriormente, publicó Mustang y Los agujeros de las termitas. Con Martos publicó en 2017 En el lago y la novela que hoy reseñamos, Dioses, fantasmas o demonios, es la primera que publica bajo el sello de Ediciones el Trasbordador.

La sinopsis que encontramos en la contraportada del libro nos dice lo siguiente:

El clima de Harisgud invita a las leyendas. La nieve aplasta el pueblo durante todo el año, y sus habitantes llevan generaciones calentando el ánimo con licor y con historias. Noruegos duros del norte que curten sus genes combatiendo el viento helado y a lo que vive escondido entre los copos. Allí cruzaran sus vidas Mathias Matafocas, oriundo y marinero, y Alejandra, joven estudiante española destinada al pueblo para estudiar el glaciar. El pasado y el presente unidos por algo que lleva años oculto en el bosque y en la retina invisible de los hombres más ancianos.

Un Club de Fumadores donde apenas hay tabaco, la chimenea del Calcetín del Troll y la vidriera perdida de una iglesia derruida dejarán escapar sus anécdotas hasta dibujar una realidad que nadie se atreve a formular con palabras entre el hielo. Nadie recuerda, pero a la vez nadie olvida. Algo blanco. Algo vivo. Algo que es imposible que haya permanecido allí durante tantos inviernos.

Por lo general no me gusta copiaros directamente las sinopsis que aparecen en las contraportadas. A veces creo que no aportan nada, otras dicen demasiado. Por eso prefiero contaros cómo resumiría yo la novela. Pero en este caso no he sabido muy bien cómo hacerlo, porque ha sido una lectura bastante extraña, la verdad. En cuanto al argumento, parece que la joven Alejandra –Ale– se va a cruzar con Matafocas y juntos van a llevar a cabo alguna hazaña y, aunque así es, tardan mucho en encontrarse realmente y parece que nunca llega el momento en el que pase algo.

Los capítulos se van alternando, uno de ella y otro de él, en una sucesión demasiado lenta. La historia comienza con Matafocas, un anciano testarudo y empeñado en que ha vuelto algo (ella), mientras que sus pocos amigos le dicen que lo deje estar pero, ¿cómo sabe Matafocas que eso ha vuelto? Pues no tengo respuesta. Se supone que lo siente en sus huesos, que ve ciertas señales.

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Luego entra en escena Alejandra, una joven madrileña que ha acabado en ese lugar en medio de la nada por una especie de broma del destino. La primera vez que pone un pie en el pueblo desea darse la vuelta inmediatamente (y no es para menos), pero algo, quizá su orgullo, le obliga a mantenerse firme.

Su vida tiene tantos brindis como amaneceres.

Y así durante casi toda la novela. Mathias Matafocas se dedica a buscar a una presa que parece tenerlo obsesionado mientras que Alejandra estudia un glaciar que le importa más bien poco mientras se arrepiente de haber aceptado una beca que sabe que no se merece. Hasta que los hechos se “aceleran”. Y digo “aceleran” porque en verdad todo pasa muy lento. Todos los acontecimientos tardan mucho en desarrollarse, la atmósfera es densa y pesada, agobiante, como la narración. La verdad es que hacía mucho que no me encontraba con un libro que me hiciese sentir tanta desesperación al ver que no avanzaba en su lectura.

Besos. Pocas cosas pueden apetecerle menos en esos momentos.

En cuanto a los personajes, los dos principales parecen ser Mathias y Ale.

Mathias Matafocas es un viejo marinero que ya no sale al mar a faenar y que está obsesionado con atrapar al ser que habita en el pueblo. Es un hombre muy brusco y de malos modales que solo tiene dos amigos, Hauk y Gunnar, debido a su carácter. No tiene escrúpulos y no duda en usar a las personas para su propio beneficio: todo por acabar con ella, por lo que no nos sorprende la forma de proceder hacia el final de la novela. Solo en un par de ocasiones muestra algo de humanidad y es en lo que se refiere a sus dos únicos amigos.

Alejandra es una joven española que llega al pueblo para formar parte de un grupo de geólogos que está estudiando el glaciar. Ella está allí gracias a una beca que le consiguió Sebastián, su profesor, con el que intuimos que algo ha pasado, aunque de geología sabe poco. Y esto no lo digo, lo dice ella misma, que se pregunta una y otra vez el motivo por el que se ha ido de su querida ciudad para acabar en medio de un desierto de hielo.

Alejandra es bastante egoísta y egocéntrica, le gusta llamar la atención. Es una chica un poco contradictoria a veces y tampoco me ha terminado de caer simpática. No es un personaje con el que pueda empatizar, aunque según fui conociendo su historia fui entendiéndola un poco más, esto no hizo que mi simpatía hacia ella aumentara. Creo que su actitud es bastante pasiva y solo hacia el final hace algo realmente sorprendente, aunque creo que todo condicionado por su ego desmesurado.

En cuanto a personajes con algo menos de importancia, que tampoco creo que sean realmente secundarios, nos encontramos con Hauk, el conserje del colegio, y Gunnar, el alcalde. Ellos, junto con Matafocas, son los tres últimos miembros de un Club de Fumadores extinto.

Gunnar es el encargado de recibir a Ale en el pueblo y de llevarla al Calcetín del Troll, el bar que regenta y de entregarle las llaves del colegio, en donde pasará su primera noche al no poder acceder a su casa debido a una tormenta. Es un hombre de carácter afable y la verdad es que es uno de los personajes que más simpatía me ha despertado, junto con Hauk.

Hauk es un hombre de aspecto exótico, con la piel negra y unos ojos imposibles en esas latitudes. Es el conserje del colegio en el que duerme Ale y se presenta a sí mismo como el descendiente de un viejo marinero que llegó allí mucho tiempo atrás. Al igual que Gunnar, es un personaje que contrasta mucho con Matafocas. Probablemente, de no tener un secreto en común, nunca se hubiese juntado con un hombre como él.

No solo aparecen estos cinco personajes, nos encontramos con, al menos, otros tres con algo de relevancia en la trama, pero creo que estoy extendiendo demasiado esta reseña, así que dejo en vuestras manos el conocerlos.

Ha comido mucha polla como para arriesgarlo todo por eso.

No sé muy bien cómo calificar esta novela. Creo que en mi mente la había magnificado y por eso la decepción que he sentido al leerla ha sido bastante. Me ha costado seguir el ritmo, no he logrado entrar en la historia y, sin embargo, no me parece que sea una novela que esté mal escrita (si bien es cierto que tampoco me parece brillante), quizá, por eso, le doy la valoración que podéis ver abajo.

Valoración: Aceptable

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