·Título: Fierce Attachments: A Memoir (Apegos feroces)
·Autora: Vivian Gornick
·Traductor: Daniel Ramos Sánchez
·Género: novela intimista autobiográfica
·Fecha de publicación: 1987 (traducido al castellano en 2017)
·Editorial: Sexto Piso
·Número de páginas: 224

Viví en aquel bloque de pisos entre los seis y los veintiún años. En total había veinte apartamentos, cuatro por planta, y lo único que recuerdo es un edificio lleno de mujeres.

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Vivian Gornick nació en Nueva York en 1935. Además de periodista y escritora, es una de las voces más destacadas del activismo feminista de los años 70, en la conocida como segunda ola feminista de Estados Unidos, colaborando en diversos medios y liderando movimientos muy importantes.

También publicó once libros; el más reciente, The Odd Woman and the City, fue publicado en mayo de 2015.​ Enseñó escritura en The New School y en año académico 2007-2008, fue becaria en el Radcliffe Institute de la Universidad de Harvard. La obra que ocupa esta crítica, Apegos feroces, fue publicada en 1987, pero traducida al castellano el año pasado.

Gornick, una mujer madura, camina con su madre, ya anciana, por las calles de Manhattan, y en el transcurso de esos paseos llenos de reproches, de recuerdos y complicidades, va desgranando el relato de la lucha de una hija por encontrar su propio lugar en el mundo. Desde muy temprano, Gornick se ve influenciada por dos modelos femeninos muy distintos: uno, el de su madre; el otro, el de Nettie. Ambas, figuras protagónicas en el mundo plagado de mujeres que es su entorno, representan modelos que la joven Gornick ansía y detesta encarnar, y que determinarán su relación con los hombres, el trabajo y otras mujeres durante el resto de su vida.

El título de Apegos feroces ha sonado de manera muy recurrente en mi entorno desde hace ya varios meses. Mi mejor amiga me habló de él y me lo recomendó con insistencia. Por supuesto, en los círculos feministas en los que me muevo era un título al que se hacía referencia muy a menudo. No es de extrañar que haya elegido esta lectura para mis vacaciones y que, desde luego, me haya gustado mucho.

Esta es mi hija. Me odia.

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Esta novela intimista y con una profunda huella feminista, se centra en el aprendizaje y duro crecimiento de Gornick. Es una historia de personaje, sobre la vida y, en concreto, sobre las mujeres de esa vida. Y sí, con el reflejo del nombre de la protagonista y el uso de una primera persona, sabemos que nos encontraremos un libro muy personal, tremendamente honesto y plagado de momentos duros y amargos.

Me adormecía dentro de su atmósfera anestesiante, no podía escapar de la naturaleza apabullante y claustrofóbica de su presencia, de su ser, de su asfixiante y suficiente calidad de mujer.

No tenía ni idea de nada.

El presente, esos paseos de madre (ya anciana) e hija (ya una mujer madura), se colapsa con los recuerdos de un pasado que las ha llevado hasta allí, que plaga sus conversaciones de verdades, de mentiras y de anhelos que se han quedado por el camino. Resumir una vida es imposible, pero siempre hay lugar para expresar, mediante palabras (aunque sean breves y tímidas, aunque sean largas y feas) las reminiscencias que esas vivencias han dejado en nuestra alma. Estas cicatrices hondean en los diálogos entre ambas mujeres, que se odian pero que mantienen ese apego infatigable que las mantiene dolorosamente unidas.

Una de las dos va a morir a causa de este apego.

Y en este ámbito el título no podría ser más acertado. Sí, Apegos feroces para retratar la crueldad que puede existir entre las relaciones de madres a hijas, pero también en los matrimonios o, incluso, con las amistades. Como es el caso de Nettie, una vecina de su mismo bloque de edificios (una de esas mujeres a las que se refiere Gornick en la sinopsis) con la que su madre y ella cultivarán una amistad (o apego feroz) que perdurará a lo largo de los años. Para la Gornick niña, Nettie supondrá un modelo de mujer que es la antítesis de su propia madre.

—Estaba podrida por dentro —dijo mamá—. Consumida. Todos esos hombres la consumieron.

Esta profundidad temática está rodeada por un halo de belleza narrativa excepcional y brillante. La lectura de estas páginas fluye rápido, pero rasga al mismo tiempo. O seré yo que, por diferentes motivos, me he encontrado tan reflejada en esos sentimientos que, por momentos, tenía que dejar de leer porque se me cortaba la respiración. Por momentos, además, me resultaba sencillo olvidarme de que se trataba de una novela y no del propio diario personal de la periodista. O, mejor aún, de una conversación que manteníamos ella y yo, cara a cara.

Con todo, Apegos feroces se trata de una novela que hay que saber leer para comprender. Porque bajo su aparente sencillez temática, se esconde una historia plagada de simbolismo, de crítica social y de análisis del papel de la mujer en la sociedad. Resulta, cuánto menos, curioso que después de tantos años (como ocurre con El cuento de la criada de Atwood) siga siendo una historia actual, necesaria y, como no, imprescindible.

Sin aviso, lo cotidiano se había convertido en una pesadilla.

Valoración: Imprescindible

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La infelicidad está tan viva hoy en día.

3 comentarios sobre “Apegos feroces, de Vivian Gornick

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