·Título: Et dukkehjem (Casa de muñecas)
·Autor: Henrik Ibsen
·Traductor: Alberto Adell
·Género: teatro / drama
·Fecha: se estrenó el 21 de diciembre de 1879 en el Det Kongelige Teater de Copenhague.
·Editorial: Alianza Editorial
·Número de páginas: 416 (incluye la obra Hedda Gabler)

HELMER 

¡Nora, Nora, no puedes negar que eres mujer!

No conocía el nombre de este autor ni su obra teatral; mucho menos su importante repercusión. Pero para limar esta ignorancia, nos encontramos con un largo y didáctico prólogo escrito por el traductor Alberto Adell. Un puñado de páginas que despertaron mi curiosidad poderosamente y que me hicieron preguntarme por qué no había sabido antes de estos títulos. Y digo “estos” porque en la edición vienen compiladas La casa de muñecas Hedda Gabler. Ambas obras firmadas por Henrik Ibsen (Noruega, 1828-1906), considerado el más importante dramaturgo noruego, es el padre del drama realista moderno y el antecesor del teatro simbólico.

Pero no he llegado a este título por sus elogios ni con fines puramente didácticos como en algunas otras obras. Y es que fue gracias a la serie feminista La otra mirada (de la que hablé brevemente en la web HULEMS). En la trama, las niñas del colegio femenino de Sevilla, hartas de interpretar año tras año la obra teatral de Don Juan Tenorio, eligen de la biblioteca un ejemplar de La casa de muñecas para inaugurar el curso. Dicha interpretación causa un importante revuelo entre el profesorado y los padres. Esto despertó mi curiosidad.

SEÑORA LINDE: Hemos de vivir, doctor.

RANK: Sí, ésa parece ser la opinión general: que hay que vivir.

NORA: Qué cosas tiene, doctor… También usted quiere vivir.

Para entrar en contexto: la obra se estrenó el 21 de diciembre de 1879 en Copenhague y, posteriormente, en gran parte de los países de Europa. Tras de sí, generó una importante polémica en su evidente demanda del rol de la mujer y en su afán por desobjetivizar el papel de las esposas en el hogar. La escena final de Nora, la protagonista, dando un portazo al concluir la novela, se convirtió en una bandera del feminismo. Al mismo tiempo, muchos sectores opinaron que era un ataque a los “fundamentos de la familia”. La presión y la crítica fueron tales que en su estreno en Alemania, Ibsen cambió el final.

Ibsen plantea en esta obra, con el matrimonio Helmer, la relación entre sexos. Según sus propias palabras:

Existen dos códigos de moral, dos conciencias diferentes, una del hombre y otra de la mujer. Y a la mujer se la juzga según el código de los hombres. […] Una mujer no puede ser auténticamente ella en la sociedad actual, una sociedad exclusivamente masculina, con leyes exclusivamente masculinas, con jueces y fiscales que la juzgan desde el punto de vista masculino.

(Notas para la tragedia actual. Ibsen.)

La obra empieza presentándonos un matrimonio feliz. Nora, la esposa, felizmente casada con Torvaldo Helmer. La pareja lleva casada ocho años y tienen tres hijos. Nora, la que se nos presenta como una mujer un poco alocada y despilfarradora, recibe de su marido el esclarecedor apelativo cariño de “alondrita”, mientras que él, el cabeza de familia, está preparado para asumir en el año nuevo el puesto de director de un banco. En esta idílica tesitura aparecen dos personajes importantes: Nils Krogstad, amenazado con perder su empleo debido al ascenso de Torvaldo, chantajea a Nora, quien se derrumba ante tal hecho. Por su parte, Linde, una amiga íntima, hablará con Nils para informarle de que será ella la que ocupará su puesto de trabajo.

NORA (paseando por el salón): Un hombre puede resolver ciertos asuntos mejor que una mujer…

SEÑORA LINDE: Si es su marido, sí.

NORA: Tonterías. (Pausa). 

Así, se produce un puntiagudo conflicto de intereses que llevará a los cuatro personajes, principalmente a Nora, a una situación de estrés, haciendo que su vida y su felicidad pendan de un hilo. La esposa sumisa y devota verá ahora, en tela de juicio, su rol y empezará a plantearse cuál es su lugar. La figura de Linde y las conversaciones que mantienen ambas mujeres serán cruciales para esclarecer el objetivo culmen de Ibsen en esta obra, plagada de denuncia social y de discursos emblemáticos que, todavía a día de hoy, tienen una vigencia poderosa.

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Una obra teatral con muy escasas acotaciones, dónde lo importante es como la tibia felicidad en el hogar de los Hemler se va desmembrando poco a poco. En esa casita de muñecas donde Nora debe ser la muñeca de su marido, tras dejar de ser la muñeca de su padre. Y, al mismo tiempo, convirtiéndose en algún modo en la dueña de sus tres hijos, también “muñecos”. Esta figuración se refiere, en evidencia, a la cosificación de la mujer. En su lectura (muy ágil y muy divertida) podemos imaginarnos las reacciones del público por aquel entonces, dónde se criticaba tan duramente una situación familiar tan asentada y tan pocas veces puesta en duda.

NORA: ¡Y tú has sido siempre tan bueno conmigo! Pero nuestro hogar no ha sido más que un cuarto de jugar. Aquí he sido tu mujer muñeca, como en casa era la nena muñeca de papá. Y los niños, a su vez, han sido mis muñecas. Encontraba divertido el que jugases conmigo, igual que les parece divertido el que juegue con ellos. Esto es lo que ha sido nuestro matrimonio, Trovald.

El final de la obra, cuando Nora da un portazo y se va, es una escandalosa manera de poner fin a una sucesión de escenas alocadas, plagadas de una honestidad desbordante y emotiva. Una esposa y madre que abandona el hogar, declarándose como ser individualista que está harta de ser una muñeca se trata, sin lugar a dudas, de un movimiento insólito y escandaloso en la Europa del momento.

Una representación teatral que debe de ser una delicia disfrutar sobre el escenario. No obstante, su lectura resulta imprescindible para que las feministas de hoy en día sigamos aprendiendo y mejorando, buscando en las raíces de estas valientes reivindicaciones literarias.

HELMER: ¿Es que tengo que decírtelos? ¿Es que no estás obligada a tu marido y a tus hijos?

NORA: Tengo otros deberes igualmente sagrados.

HELMER: No tienes ninguno. ¿Qué deberes son ésos?

NORA: Deberes conmigo misma.

HELMER: Ante todo eres esposa y madre.

NORA: Ya no lo creo así. Lo que creo es que ante todo soy un ser humano, yo, exactamente como tú… o, en todo caso, que debo luchar por serlo. Sé perfectamente que la mayoría te dará la razón, Torvald, y que algo así se lee en los libros. Pero ya no puedo contentarme con lo que dice la mayoría ni con lo que se lee en los libros. Debo pensar por mí misma y ver con claridad las cosas.

Valoración: Imprescindible
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