·Título: Los dos tórtolos (Título original: Les deux pigeons)
·Autora: Alexandre Postel
·Traducción: María Teresa Gallego
·Género: novela intimista
·Fecha de publicación: mayo 2018
·Editorial: Nórdica Libros
·Número de páginas: 232

 

Somos nosotros: jóvenes de futuro incierto

Dorothée y Théodore no son solo una pareja más, como tantas otras, que un día se mudan juntos y con el tiempo se van apagando. Ellos somos nosotros: un retrato generacional. Representan a los llamados millennials, treinteañeros que aún no saben bien qué hacer con su vida —si es que eso llega a saberse alguna vez—. El novelista francés Alexandre Postel emprende en su tercer libro, Los dos tórtolos (Nórdica Libros, 2018), una sutil crítica social al tiempo que radiografía a una generación a la que el mundo no pone las cosas fáciles a causa de los trabajos precarios, las dificultades de acceso a la vivienda, las modas y tendencias, los imperativos sociales…

Los protagonistas se buscan continuamente y prueban a hacer cosas distintas para ver si por fin eso es lo suyo (o, al menos, la llave a la felicidad durante un tiempo): acabar la tesis, trabajar en el ámbito de la comunicación digital, adentrarse en la política, aventurarse a escribir una novela… Pero nada funciona. La cotidianidad y la rutina los absorbe y también diluye la esencia de su relación de pareja. Llega un punto en el que ni siquiera resulta sencillo decidir qué cenar esa noche, cómo mantener una dieta saludable o no traicionar a tu pareja viendo el siguiente capítulo de vuestra serie en solitario.

Era el único rito de una vida que no tenía ninguno: todas las noches, independientemente de cómo hubiera sido el día y del humor del que estuvieran, veían por lo menos un episodio y casi siempre dos o tres, según la hora que fuera y los recursos con que contasen.

No es que sean apáticos, es que el contexto es cambiante y arduo, las cosas ya no son lo que eran para la generación de sus padres y no hay un rumbo establecido. Continuamente se cuestionan los cánones y estereotipos tradicionales fijados como pilares inquebrantables: el matrimonio y los hijos. Frente a muchas parejas de su entorno,  Dorothée y Théodore optan por no casarse y no ser padres y vivir en el centro de la ciudad al tiempo que los escasos ingresos económicos los ahogan… ¿Cómo seguir cuando el camino socialmente establecido no sirve o está lleno de fisuras pero, al mismo tiempo, no deja de ser lo entendido como “siguiente paso”?

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Entonces creyó entender por qué, más allá de las tradiciones, de las celebraciones y las ventajas fiscales, dos seres, durante su paso por la tierra, podían sentir la necesidad de firmar un registro donde figurasen sus nombres juntos. Y la institución del matrimonio, de la que estaba hablando mal hacía una hora, le pareció el único poema de amor digno de escribirse; un poema sencillo, con pocas palabras, que todo el mundo podía leer y del que nadie tenía derecho a olvidarse.

Junto a la crítica social, el amor y las relaciones de pareja son el pilar fundamental que articula la obra, que eso de quererse como dos tortolitos no es tan sencillo como pudiera parecer, que la propia juventud también va pasando (a lo largo del libro acompañamos a los protagonistas durante más de diez años de su convivencia), la rutina, el tedio, la envidia, la distinta evolución personal… Recuerda a la ternura e ingenuidad de Las historias de Marta y Fernando, de Gustavo Martín Garzo, pero con la severa crítica social de George Perec en Las cosas. Las ideas de progreso y juventud, frustradas, se oponen a una tendencia a caer en la alienación de la rutina.

Sin embargo, la conciencia política sobresale como uno de los rasgos imperantes no solo en estos dos jóvenes, sino en su generación. Cada vez que se reúnen con la familia o con su grupo de amigos, la política nacional y europea son asuntos obligados. Opinan continuamente de lo que sucede a su alrededor, lo analizan y a menudo emprenden feroces críticas. No son esos dos jóvenes despreocupados movidos por lo material que observábamos en Las cosas.

¿Y la propia vida en pareja no es acaso una vida política? Se sacan adelante los asuntos corrientes; se discuten el porvenir, el pasado y unos valores comunes; hay que hacer frente a crisis, a levantamientos, a veces a huelgas. Se votan leyes y se les añaden enmiendas. Si estamos demasiado a disgusto, elegimos a otros.

Una narración fluida y envolvente, que atrapa al lector desde el primer momento con un estilo desprovisto de excesos de ornamentación y con una emocionalidad tibia que más que conmover invita a la identificación. Los dos tórtolos está plagada de momentos en los que el lector se dice “como yo” o “como nosotros”. Y es que nuestra generación es más que un puñado de características establecidas en función de nuestra fecha de nacimiento, la aproximación a la tecnología y el uso de las redes sociales. Nuestra generación es esto: Los dos tórtolos; somos nosotros, lo que nos ha sucedido y el futuro que desconocemos.

Valoración: Imprescindible
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