·Título: Gender Trouble. Feminism and the Subversion of Identity [El género en disputa: el feminismo y la subversion de la identidad]
·Autora: Judith Butler
·Traductora: Mª Antonia Muñoz
·Género: ensayo filosófico
·Editorial: Paidós
·Fecha de publicación: 2007. Original: 1990
·Número de páginas: 310

Tal vez, paradójicamente, se demuestre que la «representación» tendrá sentido para el feminismo únicamente cuando el sujeto de las «mujeres» no se dé por sentado en ningún aspecto.

Feminismo sin mujeres

En Vigilar y castigar, Foucault explica la génesis del delincuente como un objeto muy específico, instituido a través de dinámicas disciplinarias de poder/saber y susceptible de ser examinado y a la vez modelado a través del aparato jurídico-penitenciario, con el fin de delimitar los márgenes de lo normal y de lo anormal, de lo permitido y de lo no permitido.

El estudio que emprende Butler en El género en disputa es de explícita raíz foucaultiana. Trata de explorar las dinámicas de poder que producen el género o la división binaria entre géneros y la manera en que esa división marca la pauta de lo culturalmente inteligible y lo culturalmente abyecto o prohibido. Su genealogía crítica de la heterosexualidad es uno de los hitos fundacionales de la teoría queer y sin duda le complica muchísimo la vida al movimiento feminista, u obliga a repensar los términos y agentes de su actividad política, al tiempo que amplia el campo conceptual desde el que es posible ubicar la acción política de «identidades» situadas en los márgenes de lo permitido por la cultura hegemónica.

La pérdida de las reglas de género multiplicaría diversas configuraciones de género, desestabilizaría la identidad sustantiva y privaría a las narraciones naturalizadoras de la heterosexualidad obligatoria de sus protagonistas esenciales: «hombre» y «mujer». […] Como consecuencia de una performatividad sutil y políticamente impuesta, el género es un «acto», por así decirlo, que está abierto a divisiones, a la parodia y crítica de uno mismo o una misma y a las exhibiciones hiperbólicas de «lo natural» que, en su misma exageración, muestran su situación fundamentalmente fantasmática.

Política sin sujetos

Y todo ello porque una de las tesis más fuertes que defiende Butler es la del carácter construido –e histórico– de la posición del sujeto. Si las reivindicaciones políticas feministas se sustentan en una noción de identidad, según la cual se articularían en torno a las «mujeres», no solo se corre el riesgo de excluir a «mujeres» que no se sentirían representadas por aquellas que las dicen representar (así por ejemplo, el dato histórico del rechazo de las mujeres negras a las reivindicaciones abortistas de los años 70) sino que se asumen e incorporan de manera acrítica preceptos que sirven para sedimentar aquello contra lo que se quiere combatir. La noción identitaria de «mujeres» asimila como su condición de posibilidad el binarismo naturalizado entre géneros, la heterosexualidad obligatoria y la supremacía jerárquica de los «hombres». La categoría «mujer» es ya en sí misma un constructo sociopolítico generado a través de políticas disciplinarias de poder, que limita y circunscribe su propia capacidad de acción.

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Ahora bien, cabe preguntarse qué sería del feminismo sin «mujeres», y en general que capacidad de acción política podría tener una política sin sujetos. A esta pregunta, Butler tratará de dar respuesta proponiendo una suerte de actos paródicos que repiten y desplazan los patrones jerárquicos de la cultura hegemónica, entendiendo el cuerpo como una superficie disciplinada y sometida a dinámicas de poder, pero con cierto margen de acción, de nuevo en la línea foucaultiana.

Si la categoría «mujer» es construida con unos fines determinados que se orientan a perpetuar sus condiciones de opresión, la genealogía crítica deberá estar orientada a analizar de que manera se instituye socialmente esa categoría. Butler dedica gran parte de El género en disputa a explicar no solo como el género es un constructo social, sino a vincularlo con el diseño performativo de un «sexo biológico» naturalizado. Así, sostiene que la continuidad entre sexo, género y deseo, según la cual un «sujeto» dispone de un «sexo» tomado como un dato fáctico e incuestionable, expresado en diversas actuaciones de género y entre las cuales se contaría el deseo del sexo opuesto, es un postulado ficticio que opera como base para una política de los cuerpos (con género) orientada a producir la heterosexualidad reproductiva y la jerarquía entre géneros como lo culturalmente inteligible, y también a producir la homosexualidad u otras opciones «marginales» (en los márgenes de la cultura) como el límite de la inteligibilidad o la norma prohibitiva.

El género puede designar una unidad de experiencia, de sexo, género y deseo, sólo cuando sea posible interpretar que el sexo de alguna forma necesita el género —cuando el género es una designación psíquica o cultural del yo— y el deseo —cuando el deseo es heterosexual, y por lo tanto, se distingue mediante una relación de oposición respecto del otro género al que desea—. Por tanto, la coherencia o unidad interna de cualquier género, ya sea hombre o mujer, necesita una heterosexualidad estable y de oposición.

Prácticas subversivas

Es importante destacar la manera en que Butler deconstruye el «sexo biológico» a través del análisis de sus supuestos elementos identitarios, ya que es una de las ideas más antiintuitivas de toda la obra. Para ello se apoya en Monique Witting, en distintas corrientes psicoanalíticas —sobre todo en Lacan y en Kristeva— y en el propio Foucault. Frente al carácter «expresivo» del género (que se sustentaría en la tradición filosófica esencialista, según la cual las «categorías» expresan «modalidades de ser»), Butler propone un análisis performativo del sexo y del género. El par sexo/género se construiría a través de la enunciación lingüística de su «ser» y la reafirmación corpórea a través de actos «coherentes» y repetidos. Uno o una actuaría de acuerdo con el género que «es» y aspiraría a realizarlo a través de la repetición, procurando acercarse a un ideal normativo —la heterosexualidad obligatoria— que nunca llegaría a alcanzar por completo. Es precisamente ese carácter fallido o incompleto —fantasmático— del sistema de producción heterosexual el que posibilita su desplazamiento y la realización de actos repetidos que lo subviertan.

La acción política entonces es también un proyecto de deconstrucción ontológica. El «sujeto con género», también el que contradice las instancias de producción hegemónica masculinista, surge en un contexto ya siempre delimitado por dinámicas de poder. La producción de actos subversivos (o paródicos) que se alejan de lo normativo son los que muestran la parodia constitutiva de la matriz heterosexual: el «ser» masculino o femenino y el actuar como tal, el desear al «sujeto» del sexo establecido como opuesto.

Introducirse en las prácticas repetitivas de este terreno de significación [el de la matriz heterosexual] no es una elección, pues el «yo» que podría entrar ya está siempre dentro: no hay posibilidad de que el agente actúe ni tampoco hay posibilidad de realidad fuera de las prácticas discursivas que otorgan a esos términos la inteligibilidad que poseen. La tarea no es saber si hay que repetir, sino cómo repetir o, de hecho, repetir y, mediante una multiplicación radical de género, desplazar las mismas reglas de género que permiten la propia repetición.

Sin embargo, de lo que no se trata (o no solamente) es de elaborar un listado, categorizar, circunscribir y delimitar «nuevas» identidades de género o identificarse con tal o cual «opción sexual». De esa manera también se establecería una distinción entre lo permitido y lo prohibido, entre lo culturalmente inteligible y lo marginal. Se asumiría como un precepto incuestionable la «identidad del yo», sean cuales fueren los términos de esa identidad, que es precisamente la institución que asegura la discriminación heterosexista a través de una construcción esencialista de lo real. La apuesta de Butler es mucho más radical. Exige romper con el par biología/cultura, con los pares sujeto/objeto, hombre/mujer, modelo/copia, verdadero/falso o interno/externo. En el límite, la propuesta es desplazar indefinidamente el campo de lo real y hacer proliferar hasta el infinito las configuraciones de género, posibilitando que, como portadores creíbles, «los géneros puedan volverse total y radicalmente increíbles».

Valoración: Imprescindible
Adquiere El género en disputa aquí.

* Por mi parte, quiero agradecer enormemente a Miriam y a todo el equipo de A Libreria la posibilidad de haber redactado estas líneas. Señalar también que El género en disputa encierra muchísimos más matices e ideas de las que he podido sugerir aquí. Así por ejemplo, su exhaustivo análisis de Lacan, el estudio que realiza acerca de Los diarios de Herculine o la confrontación crítica con Simone de Beauvoir y la reapropiación feminista de corrientes posmodernas.

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