·Título: Un nido en las clavículas
·Autora: Pilar Cámara
·Género: poesía
·Fecha de publicación: septiembre 2018
·Editorial: Inventa Editores
·Número de páginas: 80


Viaje al centro del nido de Pilar Cámara

 Pongamos que nos situamos en el centro del universo. Sí, justo ahí, en el centro: en el pecho de una mujer. Está cubierto de plumas y raíces. Alguien ha construido un nido. Una hija pía dentro. La poeta Pilar Cámara ha construido un nido y lo ha pintado de verde en su último poemario, publicado delicadamente por Inventa Editores con el nombre Un nido en las clavículas.

SALVAJE

 El mundo se acaba en el llanto

de tu suavidad enajenada.

 

Soy madre. Soy líquida. Inhalo  y me quemo.

 Soy madre. Soy un animal salvaje.

 

 Soy mujer. Y mis pechos están en el centro del universo. 

En este libro de tono autobiográfico, la poesía pasa por la tarea de filtrado del cuerpo y se desvela en su plenitud: heridas, sexo rosa y rojo, pérdidas, cicatrices,  recuerdos, tristezas…  El cuerpo estrena la maternidad al tiempo que siente un amor animal, casi salvaje, hacia la hija. Y es que no es solo la condición de madre la que marca la identidad de Cámara, que creció siendo hija y a la que también sorprendió la muerte.

Así, los poemas más dolorosos y oscuros de la primera parte, una especie de grito ahogado, casi sin voz, dejan paso al después de la cicatriz y a la siguiente etapa poética en la trayectoria de Cámara, que ya no es aquella chica de Rouge que está empezando casi a todo. Su voz ha crecido y trasciende los límites de su caja torácica. Su poesía es ahora concreta, madura y sugerente. Su voz, delicada, íntima y certera y estas páginas probablemente una de las mayores conquistas a la honestidad y la valentía.

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De esta forma, la poeta Pilar Cámara conecta con sus coetáneas sin dejar de asirse a su genealogía poética femenina, a las enseñanzas de sus Maestras (Jane Lazare, Sylvia Plath, Piedad Bonnett…). Las mira a los ojos y toma con entereza el testigo y deliberadamente escribe como una mujer que se sitúa en el presente.

Su trayectoria y obra poética en conjunto dejan ver el retrato de una generación: desde la primera juventud, el sexo desaforado y el amor salvaje, a la quietud de la leche cruda de dolor antiguo que inaugura en su cuerpo la llegada de la hija. Y allí Cámara se afianza como mujer plena, una mujer cuerpo y labios que da un paso al frente, tiembla ante los retos de una nueva etapa y nos regala una voz prometedora, con sello propio, en este nuevo libro.

Necesitamos más poesía como la que se ha atrevido a dar a luz Cámara: una poesía desde el cuerpo para nombrarnos y sentirnos, que no olvide el lugar que ocupa: el centro del universo. Allí, justo allí, resplandece la voz de Cámara mientras esparce ramitas secas y semillas. Esto no es otra cosa que un viaje al centro de su nido, del que ha brotado una madre. Y en el seguirá habiendo sexo, dolor y poesía.

CANCIÓN

No siempre fue incondicional.

 

Todavía, a veces, el por qué,

qué sentido tiene,

si yo no te pedí nacer.

 

Y aquí me tienes,

cometiendo el mismo maldito error,

pariéndola sin haber preguntado.

 

Busco tus rizos en sus rizos.

La terquedad de tus manos en sus manos.

Lleno tus vacíos en sus besos.

Te cuelas, cortante, en una canción sencilla.

 

Sé perfecta.

No me superes.

 

Ahora soy madre. Pero crecí siendo hija.

 

Valoración: Bien, bien
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