·Título: Aquello que fuimos
·Autora: Pilar Muñoz Álamo
·Género: narrativa contemporánea, intimista
·Fecha: julio de 2018
·Obra autopublicada
·Número de páginas: 398

¿Hasta cuándo sentirla? ¿En qué punto debe romperse ese hilo que enlaza a una madre con su hijo obligándola moralmente a velar por él? ¿En qué momento hacerlo partícipe exclusivo de las consecuencias de sus actos sin que el pasado, su infancia o su educación puedan hacer de eximente? Y la pregunta más penosa: ¿cómo hacer oídos sordos a la sangre que circula por las venas, que clama tu protección invocando al amor?

Mi relación con Pilar Muñoz comenzó muchos años atrás, cuando tuve el gusto de leerla por primera vez (y disfrutarla). Y tengo la impresión de que de ese flechazo literario salí tremendamente enriquecida. La echaba de menos, echaba de menos tomar una novela autopublicada y disfrutarla de verdad. Echaba de menos una pluma tan intimista y tan comprometida como la de Pilar. ¿Qué os puedo decir? Creo que necesitaba esta historia.

Esta escritora nació en Pozoblanco (Córdoba) en 1967. Es licenciada en Psicología y funcionaria de la Administración General del Estado. No fue hasta 2011 cuando inició sus pasos en el mundo literario (aunque es apasionada de la escritura desde una muy corta edad) con la recopilación de relatos Ellas También Viven. Relatos de Mujer (Ed. Círculo Rojo), con un importante enfoque feminista cuando todavía no era algo tan popular como lo es en la actualidad. Unos años más tarde, autopublicó su primera novela, Los colores de una vida gris (2014) y, con la editorial Palabras de Agua, el mismo año vio la luz ¿A qué le llamas amor?. El primer título es una obra de ficción contemporánea que ahonda en la superación personal y en la maternidad; el segundo, una obra de corte erótico pero espíritu intimista.

En su blog literario podéis descubrir, además, diversos premios y relatos que ha obtenido a lo largo de su carrera. Sin duda, es una gran #MujerEnLaLiteratura. Pilar no podía faltar en nuestro #LeoAutorasOct.

En cuanto a la obra que ocupa esta crítica, Aquella que fuimos, publicada recientemente para el Concurso de Amazon de este año, ha conseguido alzarse entre las cinco novelas finalistas. Nos acerca una autora fiel a su estilo pero diferente al mismo tiempo. Sin más dilación, os presento la sinopsis.

En plena juventud y tras cuatro años de ausencia, Blanca regresa a su Málaga natal arrastrando una maleta y un pasado que no sabe si podrá afrontar.

En otro punto de la ciudad, un año más tarde, Víctor recibe una llamada de teléfono en relación con Fuensanta, su madre, que pondrá su vida en jaque dejando al descubierto una estela de engaños en la que todos se verán implicados, hasta descubrir una oscura verdad.

Vidas con diferente origen, fuertemente marcadas por decisiones propias o ajenas de aparente insignificancia. Futuros rotos que requerirán un máximo de valor, fuerza y coraje para poderlos superar.

Como podéis adivinar al leerla, la novela tiene dos focos principales muy complejos al mismo tiempo. La historia de Blanca y la historia de Víctor o, mejor dicho, la historia de su madre, Fuensanta. No puedo negar llegada a este punto de que se trata de una narrativa compleja, muy profunda y que ahonda a un ritmo lento. Está justificado, pues la envergadura de todo lo que se cuenta no es pequeña precisamente. Me puedo suponer todo el esfuerzo que hay detrás de cada página.

El aroma a flores blancas, típico de casa, me recibió con un beso y sonreí nostálgica. Todo lucía igual excepto yo, que debía encajar de nuevo, desplazar lo que mi ausencia había llevado condicionando nuestras vidas y la de mi hijo.

Narrada a medias entre una primera persona (Blanca) y la tercera persona protagonista, desde diferentes puntos de vista, los hechos y el tiempo van dando saltos, en una estructura rota en lugar y tiempo. A pesar de esto, existen aclaraciones al inicio de cada capítulo para situarnos. No os preocupéis, podéis sentaros a leer cómodamente y, sencillamente, saborear (aunque duele un poquito). Y aunque la trama principal se desarrolla en el presente, los hechos pasados tendrán gran repercusión en la misma.

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Blanca, tras haber huido de un hecho traumático de su pasado, regresa a su Málaga natal (me encanta que las historias se ambienten en escenarios que conozco) para enfrentarse a una realidad que no fue capaz de asumir en su momento. La crudeza de esos hechos nos es transmitida sin pudor por Pilar, con un gran afán de discurso de denuncia ante algo que es tristemente común. Tendrá que recuperar el respeto de sus padres, de sus amigas y de alguien muy especial a quien no ha podido ver crecer.

En cuanto a Fuensanta, la madre de Víctor, está ingresada en el hospital. Agredida por su marido, es denunciada por él por malos tratos. Otra historia comprometida con un tema social que está a la orden del día y que invita, sin lugar a dudas, a la reflexión. Cabe destacar, llegadas a este  punto, el importante reflejo de la sororidad.

Llega un momento en que hay que hacer frente a las verdades, una no puede estar escondiéndose de ellas o evitándolas, aunque duela aceptarlas. Sobre todo las de una misma. Las verdades de una misma, que son las que más te hieren.

Otros temas con los que nos encontraremos serán las reflexiones sobre la maternidad, la precariedad laboral, la familia, las amistades y, por supuesto, el amor. La vida, en definitiva, algo de lo que Pilar Muñoz parece saber mucho, por lo que resulta poderosamente enternecedor. Por cierto, la manera de tratar las relaciones interpersonales vía online me ha parecido muy acertada y entretenida. Y me gustaría poner principal énfasis en la figura de Patricia y lo que ella supone para Blanca.

Y si habéis leído a Pilar Muñoz ya sabréis que sus diálogos se componen de conversaciones largas, honestas y muy personales. Pero que lo que más luce son los largos párrafos de monólogos interiores, dónde ahonda con mucha delicadeza en los pensamientos de todos los personajes. Esta técnica narrativa, como sabéis si leéis este espacio a menudo, es una de mis favoritas.

Los tenía vacíos. El color se había diluido y sus pupilas dilatadas parecían abrirse al máximo para engullirme en su oscuridad, para dejarme atrapada en un pozo de desolación.

En conclusión, la última obra de esta autora cordobesa supone un paso gigantesco en su carrera literaria. Otorga una madurez y una belleza narrativa que hoy día se aprecian en muy pocas composiciones. Además, se mantiene fiel a los valores de la literatura de siempre, pero adaptados a la época actual. Es elegantemente reivindicativa, es honesta y es cercana. Y todo esto lo hace con una sencilla complejidad. Al terminarla, tan solo podía preguntarme por qué esta novela no está disponible en todas las librerías.

Valoración: Excelente
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