·Título: Haz memoria
·Autora: Gema Nieto
·Género: novela intimista
·Fecha: septiembre de 2018
·Editorial: Dos Bigotes
·Número de páginas: 188


Haz memoria, la historia de todas

A todas nos ha pasado. Es siempre igual. La historia es la misma pero con distintos nombres propios. Los bandos, la familia, el hambre, la guerra… Sobrevivir y que las hijas salgan adelante a toda costa, la ciudad del después, sentirse perdida y sola, la memoria que falla… Y la casa, una casa cerrada que las mujeres de después, de la misma sangre, han de abrir en algún momento para poner en orden los papeles y a sí mismas.

Da igual si la Rusa fue nuestra Blanca Doble, si Clara, Magdalena o si mamá procuraron que nosotras esto o aquello, si fue al abuelo o al tío al que llevaron preso y después fusilaron, que el alzheimer de la tía, la abuela, la madrina… terminó casi por devorarnos a todas. Y cómo reconocerse, definirse, sin la memoria familiar. Gema Nieto ha dado forma de novela (¡su segunda novela!) en Haz memoria (Dos Bigotes, 2018) a lo que todas llevamos dentro y a menudo es acallado.

Su libro es la intrahistoria de nuestro país, de la que no se ha llegado a hablar suficiente: la de las madres y abuelas que hicieron que la vida siguiera adelante (y que aún lo siguen haciendo). Por eso, es una novela que remueve y agita y nos sumerge en nuestra propia historia y en una profunda tristeza.

Con un estilo delicado que presta a los detalles la atención que merecen, Nieto toma el testigo de las grandes novelistas de posguerra Carmen Martín Gaite y Mercè Rodoreda para sumergirse en ese ambiente intimista de la geografía emocional de las familias. Va más allá de la cruzada emprendida por Almudena Grandes en su serie de “episodios nacionales”. Además, demuestra que es posible hablar de la Guerra Civil desde la cotidianidad, desde lo pequeño, la candidez y la valentía femenina. Porque, sí, aquí las protagonistas son ellas y sus relaciones y los bandos solo el trasfondo de todas las historias de los pueblos de este país y todo gira en torno a la herencia.

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Ser nieta de la Rusa conllevaba la posesión de ciertos privilegios, que eran en parte innatos, en parte adquiridos. El sigilo podía considerarse uno de los primeros. No tener miedo, de los segundos. Muchos eran una mezcla de ambas clases y fueron tempranamente aprendidos, favorecida su práctica por una natural predisposición. Estar adiestrada en la escucha del silencio o aprender a hacer memoria junto al reloj formaban parte de estos últimos. Muchos otros se unirían más tarde, con los años, cuando se revelaran a imagen y pulida semejanza de los rasgos de su abuela, como el tesón, la seriedad o la fe inquebrantable en la fuerza de voluntad que sustituía a cualquier dios.


El propio planteamiento de la novela es toda una declaración de intenciones: la reivindicación de la historia que no se cuenta desde un delicado enfoque feminista. En él es crucial la personalización de la casa, similar a la de La buena terrorista de Doris Lessing, como si se tratara de un personaje crucial en torno al cual giran los demás. La casa es la que teje hilos y delimita la memoria. La casa es la memoria.

De hecho, la propia Nieto explica en su artículo Seguir escribiendo, en el que revela el proceso de making off de este libro:


Las historias, para mí, comienzan en las casas. Comparten estructura, edificación, cimientos, habitaciones. El proceso se inicia siempre con la proyección de una casa firmemente asentada en mitad de un paisaje desierto. Escribir no solo consiste en abrir la puerta de entrada, también es avanzar por un largo pasillo, encender interruptores para esquivar penumbras, entrar en salas vacías, tropezar con muebles, descubrir armarios y cajones cerrados.


Gema Nieto nos tiende la mano, desde su condición de hija, sobrina y nieta, para que emprendamos un viaje al interior de nosotras mismas, nuestra familia y nuestra memoria, de esa gran maraña que guía toda posibilidad de futuro, junto a la Rusa. Exige valentía y compromiso, puede que de su lectura se desprenda tristeza o melancolía (“echar de menos” es algo inevitable con este libro entre las manos) pero es, sin duda alguna, un libro necesario, un libro que hace justicia y pone en orden la memoria sin dejar de abrazar nunca la delicadeza.

Valoración: Imprescindible
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