·Título: De pronto, mi cuerpo. Una memoria [Título original: In the Body of the World: A Memoir]
·Autora: Eve Ensler
·Traducción: Ethel Odriozola
·Género: memorias
·Fecha: marzo de 2015
·Editorial: Capitán Swing
·Número de páginas: 195


Memoria de la guerra corporal total en el cuerpo del mundo

Todas tenemos un cuerpo. Empezamos y acabamos en él, mientras todo cambia alrededor y nuestro cuerpo lucha por adaptarse y encajar. Ese cuerpo herido, mutilado, castigado, reprendido, olvidado… es el que nos define. Vivimos a partir de él. Aprender a ser nosotras en él no es sencillo, más aun cuando la enfermedad sobreviene y se suceden pruebas, operaciones y tubos y bolsas que salen de él. Entonces, dejamos de reconocernos en nuestro propio cuerpo y este toma una independencia que nos hiere.

Sin embargo, el mundo sigue girando. El mundo sigue su curso mientras el cuerpo de las mujeres es sometido a una violencia atroz en la mayor parte de los continentes. Cuando Eve Ensler, la conocida activista y escritora estadounidense, conocida por su libro Monólogos de la vagina, se topó de frente con el cáncer, tuvo que luchar y redefinirse y ello le llevó a conectar con todos los cuerpos de las mujeres del mundo.


De repente, el cáncer en mi interior era el cáncer que está en toda partes. El cáncer de la crueldad, el cáncer de la codicia […]. Mi cuerpo dejó de ser una abstracción. Había hombres cortándolo y haciéndolo sangrar. Era sangre y caca y pis y pus. Ardía y tenía náuseas y tenía fiebre y estaba débil. Yo era del cuerpo, estaba en el cuerpo. Era cuerpo. Cuerpo. Cuerpo. Cuerpo. El cáncer, una enfermedad de células que se dividen de forma patológica, hizo caer los muros de mi separación y me depositó en mi cuerpo, igual que el Congo me situó en el cuerpo del mundo.


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Eve Ensler, para quien su cuerpo era “una carga, algo de lo que, desgraciadamente había que ocuparse, tenía poca paciencia con sus necesidades”, cuando llevaba años y años desconectada de él ante el abuso sexual que sufrió por parte de su padre, se vio sobrecogida por lo que ella denomina muy inteligentemente “la guerra corporal total”. Así, de manera valiente y abrupta, con sequedad incisiva, relata la inacabable lucha de su cuerpo contra el cáncer y la infección a la que dio paso extraer de su cuerpo diversos órganos. Después, la radiación y la quimioterapia. Ensler lo narra desde una primera persona que es capaz de observar todo en la distancia y darle la importancia justa, desde la seguridad de haber tocado fondo y haber deseado la muerte.

La brutalidad del cuerpo y la violencia del entorno médico contrasta con la numerosa red de apoyo con la que cuenta Ensler para continuar su lucha (amigos, familiares que regresan, compañeras de causas…), que protagonizan los momentos más tiernos del libro, en los que la luz brota al fin y se atisba cierta fe en el ser humano.

Asimismo, se establece un importante paralelismo entre el cáncer que sobrecoge y devora el cuerpo de Ensler y toda la violencia que azota ferozmente los cuerpos de las mujeres en varias partes del mundo, pero especialmente en el Congo, donde Ensler realiza una importante labor humanitaria para empoderar a las mujeres. La devastación y violencia que ha experimentado el cuerpo de Ensler toma la forma de todos los cuerpos de las mujeres del Congo. Por ellos lucha esta aclamada escritora y activista, al igual que se aferra a lo que queda del suyo para continuar.


Cuando era pequeña decidí cambiar el mundo. Pero el día que Angelique se arrastró contra el suelo, mi voluntad y mi imaginación se derrumbaron. Si los seres humanos eran capaces de esto, si las superpotencias eran capaces de enviar representantes militares para hacer sus ofertas y robar los minerales del Congo, si la comunidad internacional era capaz de cerrar los ojos durante trece años para no ver ocho millones de personas muertas, cientos de miles de mujeres violadas y torturadas, bebés cocidos en ollas; entonces todos nosotros, cada uno de nosotros, éramos cómplices y estábamos en quiebra y sin esperanza. Caí por ese agujero, esa grieta del mundo.


Sin duda De pronto, mi cuerpo es un libro duro y valiente, como su autora, que hace que nos enfrentemos con la brutalidad de la finitud y degradación de la carne en las mujeres, sujetos fuertemente violentados por el sistema patriarcal en distintas partes del mundo. A Ensler la conectó con los cuerpos de sus hermanas el conflicto del Congo; a nosotras puede que lo haya hecho la Guerra de Bosnia. Esta historia de superación y lucha infranqueable solo se entiende desde el cuerpo: el cuerpo de una mujer.


Valoración: Bien, bien
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