·Título: El año del pensamiento mágico
·Autora: Joan Didion
·Traducción: Javier Calvo
·Género: memorias
·Fecha: enero de 2015
·Editorial: Literatura Random House
·Número de páginas: 192


Cuando la pérdida y la enfermedad se suceden a la vez

La vida cambia rápidamente. La vida cambia en un instante. Te sientas a cenar y la vida que conoces termina.


Es inconcebible, duro, casi imposible de creer, pero sucede: La vida cambia de repente y aún después del primer golpe, vuelve a azotarnos con toda su ferocidad. La cita que encabeza esta reseña es la que acompaña a la periodista y narradora Joan Didion a lo largo de ese que para ella ha resultado ser El año del pensamiento mágico (Literatura Random House, 2015), una especie de memorias clínico-emocionales que resultaron ganadoras del National Book Award en 2005, después de cautivar a millones de lectores de todo el mundo.

Y es que esta obra da cuenta de la pérdida y la enfermedad, pero es ante todo una crónica de supervivencia, pues es esta la única salida posible para Didion después de experimentar la muerte repentina de su marido, el también escritor John Gregory Dunne, al tiempo que su única hija yace hospitalizada gravemente enferma y con un pronóstico nada positivo. Es ese “La vida cambia en un instante. Te sientas a cenar y la vida que conoces termina” elevado a la última potencia.

Ante semejante situación, que encierra en su profunda realidad el fin de un mundo, Didion se aferra a la concisión y la objetividad, presa de su propia perplejidad. La única opción con la que contaba era recurrir a ese estilo incisivo y extremadamente realista de los poemas de la norteamericana Sharon Olds. La propia Didion incide en su sorpresa y desgarro en una entrevista en El País:


Los antropólogos y los psiquiatras hablan de “pensamiento mágico” para referirse a una actitud mental que nos hace sentirnos firmemente convencidos de que tenemos poderes para influir en el curso de los acontecimientos. […] Cuando perdí a mi marido me aferré al pensamiento mágico con una intensidad que después me causó asombro. Me negaba a tirar sus zapatos porque estaba convencida de que si los conservaba, John volvería a por ellos.


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Este estilo también sobrecoge y deja sin posibles defensas al lector. En menos de 200 páginas la vida se sucede aquí y ahora y deja de sucederse y hay que continuar batallando, hay que recordarle a la hija enferma varias veces la muerte de su padre para que su cerebro enfermo sea capaz de asumirlo. El predominio del ritmo ágil, las frases cortas y la ausencia de metáforas o alegorías emula cierta desconexión emocional con lo ocurrido o acaso una plena aceptación de la realidad, por mucho dolor que esta desencadene.

El año del pensamiento mágico es un libro difícil, duro e intenso, en el que abundan los tecnicismos médicos porque abarcar conocimiento sobre lo que ocurre es lo único a lo que puede aferrarse Didion, mientras la vida y su atrocidad continúan sucediéndose sin descanso. En este sentido, se trata de una obra “más desnuda” o a simple vista menos melodramática pero tremendamente desgarradora, que otras en las que se asiste a la muerte de un ser querido sin que la vida deje de golpear, como Canción de tumba de Julián Herbert o Lo que no tiene nombre de Piedad Bonnett.


Valoración: Bien, bien
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