·Título: Ojos verdes, negra sombra
·Autor: Javier Quevedo Puchal
·Género: fantasía
·Fecha: marzo de 2018
·Editorial: Dilatando Mentes
·Número de páginas: 462

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Con la presente reseña —y con el tiempo pisándome un poco los talones— termina mi participación como jurado de los Premios Guillermo de Baskerville de literatura independiente que organiza la revista online Libros ProhibidosComo comentario general sobre mi participación —por segundo año consecutivo—, me quedo con sensaciones encontradas: he leído tres novelas, una de ellas por segunda vez. Ojos verdes, negra sombra me ha descubierto a un Javier Quevedo que destila musho arte mientras La moderna Atenea y Fafner me han confirmado la maestría de Conchi Regueiro y Daniel Pérez Navarro, respectivamente. Pero al mismo tiempo tengo la sensación de haber vivido esta edición de los premios de un modo más ajeno, menos especial a la anterior, en la que las mariposas sí revolvieron mi estómago al leer todas las colecciones y antologías de relatos que resultaron finalistas. Quizás esto sea porque me he visto envuelto en demasiadas iniciativas durante este 2018 y no he tenido tiempo de disfrutar de ninguna de ellas al máximo.

Pero vayamos al lío, al comentario de la novela, que es lo que interesa.

Ojos verdes, negra sombra nos transporta a la Sevilla de los años 30. De telón de fondo, los conflictos típicos de una España dividida que se encuentra justo en medio de su Segunda República. Aurelia Vargas, la protagonista de la novela, hace cierto pacto con unas hermanas muy extrañas —que puede que no sean hermanas en realidad— y consigue cumplir su sueño de debutar como coplista de primer orden. Porque cantar de vez en cuando en los bares solo sirve pa ir tirando. Pero ese debut se ve interrumpido cuando Aurelia se convierte en la principal sospechosa de un crimen. No tarda, pues, en tomar la decisión de huir a Pobramoura con su hermano Liberto mientras la Guardia Civil le da caza.

Pobramoura es una aldea de ensueño, o de pesadilla quizás, en la que la niebla y las meigas típicas del misticismo gallego encajarían a la perfección. Encajarían, no, de hecho, encajan. Por si esto no fuera suficiente, Aurelia se encontrará allí con un amor del pasado. Así, esta relación y la propia de los hermanos se mezclará con un ambiente místico, extraño, trágico y violento que se encuentra a medio camino entre el realismo mágico y la fantasía.

Una parte de la propia sinopsis del libro nos detalla esto último de un modo magistral, de hecho:


Javier Quevedo Puchal da vida a una maravillosa historia a medio camino entre el realismo mágico, el universo femenino y misterioso de Angela Carter, la elegante prosa de Emilia Pardo Bazán, la tragedia de Federico García Lorca, el costumbrismo de la Segunda República de Torrente Ballester y el folclore gallego de Wenceslao Fernández Flórez, conteniendo entre sus páginas una historia donde se mezclan leyenda, tradición, misterio, historia, secretos, sombras y amor.


Y es que tanto el autor como la editorial Dilatando Mentes, cuyo trabajo tengo al fin el placer de conocer, se muestran extremadamente detallistas en esta obra. La editorial es conocida por sus ediciones de lujo —¡y qué ediciones!—. Sus páginas están llenas de decoraciones interiores, ilustraciones, fotografías, apéndices y citas. ¡Ah, y cuenta con un relato adicional ambientado en el mismo universo! Por no hablar del maravilloso prólogo de Conchi Regueiro —¿qué mejor autora de género que represente la Galicia de la oscuridad y la lluvia, de la magia y el silencio?— y de los códigos QR que nos invitan, antes de empezar esta maravillosa historia, a escuchar la música (instrumental o con letra) que se ha considerado más adecuada para esta lectura.

Ya nos lo avisa Quevedo Puchal desde el propio título de la novela: el devenir típico de la novela se enfoca hacia la dualidad. Los contrastes. Lo paralelo. Lo opuesto. Sevilla y Galicia. El sur y el norte. Los ojos verdes y la negra sombra. La copla y la poesía de Rosalía de Castro. El amor y la muerte. La Segunda República.

Como bien mencionaba antes, este es un libro de detalles. Porque de detalles llena el autor las páginas de la novela, de detalles bien construidos e hilados, que hacen de toda la historia un conjunto mágico y triste al mismo tiempo. Ojo, siempre digo que hay mérito en transmitir un mensaje de manera clara en una extensión limitada de palabras (como es el caso de la novela breve y, sobre todo, del relato), pero con Ojos verdes descubro también el mérito de decir mucho, pero no demasiado, y que ese mucho esté unido a una sucesión de elementos tan importantes que resulten clave para el avance de la historia. O lo que es lo mismo: el mérito de que pase poco en una extensión considerable y que esto no afecte a la calidad de la obra.

Ojos verdes, negra sombra 1

Lo que hace grande a esta novela es todo eso, y más. Siempre me gusta analizar el papel de la mujer en la literatura y en la ficción en general. Pocas veces se construyen personajes femeninos de manera verosímil —aunque esta tónica parece estar desapareciendo poco a poco—, y esta obra sí que sabe manejar esto a la perfección. El ejemplo más claro es el de Aurelia, una mujer que sufre, que es ambiciosa y luchadora, y que se sobrepone a lo que haga falta. Es por ello que las mujeres hacen suya esta obra, relegando incluso a algunos hombres a un segundo plano. Y digo esto de manera positiva.

Ojos verdes, negra sombra entremezcla nuestra tradición con la magia, con esa magia que da vida a los seres sobrenaturales que se esconden más allá. Quevedo Puchal logra esto de manera equilibrada. Y no solo eso, sino que sabe construir una historia trabajada y bella en la que nada flaquea: ni la trama, ni el ritmo, ni los personajes. Todo esto converge en una historia profunda que trata multitud de temas, pero siempre enfocados hacia la dualidad. Una dualidad que asesta su último golpe cuando todo aquello que nos suena está envuelto al mismo tiempo en un halo extraño que no somos capaces de identificar.


Valoración: Excelente
Adquiere Ojos verdes, negra sombra aquí.

Un comentario sobre “#PGB18|Ojos verdes, negra sombra (de Javier Quevedo Puchal)

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