·Título: Estudio sobre noviembre
·Autora: Tulia Guisado
·Género: prosa poética
·Fecha: 2018
·Editorial: Huerga & Fierro editores
·Número de páginas: 278

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Exaltación de un noviembre eterno


El silencio se construye y se lesiona. Es fácil. Nadie lo respeta.

Yo solo sé estar aquí. Donde se me espera, no.

No quiero estar. No sé estar. Quizá no importa.

Vienen, los demás vienen, y yo estoy, pero aquí. No siempre protegida. No siempre cubierta.

Esperad. Aguantad.

No es desinterés.

Es esto. Es silencio.


Noviembre es otoño y silencio. La niebla es lo normal. Ya hace frío. Hay recogimiento. La poeta Tulia Guisado (Barcelona, 1979) perfila su paisaje particular del décimo primer mes del año en Estudio sobre Noviembre (Huerga y Fierro, 2018), una obra de inmensa delicadeza y sensibilidad construida a partir de silencios (que se construyen, devoran y lesionan) durante todo un año.


Noviembre pasa siempre inadvertido. No tenéis idea. Tan sigiloso. Tan suave. No os fiéis de este mes. Nunca es inofensivo.

Abril no es más cruel. Abril, al menos, se pronuncia antes. Acaba antes. Noviembre es largo como una espera sin nada. Como un anciano en la puerta de su casa. Anclado.


La sugerente prosa poética que despliega este singular Estudio recorre un mundo interior y cotidiano, nebuloso, y también los paisajes barceloneses que se suceden de manera impresionante en la mirada de la autora (con tonos blancos salpicados de oscuridades y lluvia). Entre silencio y silencio, bosquejos de una vida en tránsito: echar de menos a F., el gato Bruno, la llegada de Lili, Lilita, Surigata, Liluchi (“Los gatos son una forma de sobrevivir”), el cementerio, la herida, la palabra enfermedad (que en “catalán duele menos. Parece inofensiva. Blanda. Tierna. Acogedora”)…

La suavidad del lenguaje nos envuelve hasta quedar atrapados por la palabra de Guisado que es, a su vez, una sucesión de silencios y nieblas. Ella nos propone un viaje introspectivo para saborear noviembre y su latido en los meses posteriores, pese a saber que “también puede suceder que los días de este mes no signifiquen nada”. La delicadeza de este Estudio tan particular embriaga al lector, que va asomándose a medida que avanza en la lectura a su propio silencio, que siempre esconde una herida (la niebla compone la atmósfera final).


¿Y qué ocurre?

El miedo.

El miedo. Una herida. Y de repente el silencio.

Y el miedo sigue.


Resulta delicioso dejarse atrapar por la sensibilidad de la mirada de la autora y la profundidad de los silencios escondidos para, al final, aceptar los propios. Este Estudio sobre noviembre parece haber nacido para habitar las mesillas de noche de todos aquellos que sentimos predilección por este mes,  para que, a pesar de la lluvia, el frío del día o la temeridad de enero o agosto, sus páginas nos devuelvan a nuestro lugar: esa calma rota de la herida. Ya se sabe: “Bajo la niebla, el silencio.”


Valoración: Bien, bien
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