Hace unas semanas reseñábamos en esta casa Maldito síndrome de Estocolmo, la opera prima de esta autora catalana que ha comenzado su carrera literaria de manera apoteósica y por la puerta grande. Convirtiéndose en pocas horas en número uno en ventas y recibiendo opiniones positivas pero, al mismo tiempo, dispares entre sí, no podíamos dejar pasar la oportunidad de entrevistar a la ganadora del I Premio Chic de la Editorial Principal de Libros.

Escribir es lo único que sé hacer bien.

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Miriam Beizana Vigo: Bienvenida, mi querida Carmen. Es un placer recibirte en nuestro espacio para hablar detenidamente de la historia de Ana Luna y Eric Grau. En la mesa una bandeja con kanelbullar y dos cafés bien espumosos. 

Carmen Sereno: Muchas gracias, Miriam. Si me permites la sugerencia, los kanelbullar están más ricos calientes.

M.B.V.: Me puedo imaginar que estas primeras semanas de lanzamiento han dado un poco de vértigo. Autora novel que lanza su opera prima y, de repente, tiene su historia en manos de un público lector que cada vez crece más y más. ¿Cómo has gestionado las emociones? ¿Cómo se vive en primera persona el cumplimento de un sueño así?

Carmen Sereno: Con mucha ilusión, por una parte, porque como tú bien dices, publicar un libro siempre ha sido mi gran sueño. Pero también con cautela y tratando de mantener los pies en la tierra. El mundo de la literatura es muy volátil, así que no conviene perder demasiado el punto de referencia.

M.B.V.: Maldito síndrome de Estocolmo parece ser una novela de género Chic ideada para romper esquemas, descuadrar a las lectoras e ir más allá. Pero empecemos por la semillita, por el principio. ¿Cómo, dónde y cuándo comienza a germinarse esta historia? ¿Y por qué Estocolmo?

Carmen Sereno: Comenzó a gestarse hará unos tres años, aunque desde entonces ha ido cambiando mucho respecto a la idea original. Llevaba demasiado tiempo queriendo escribir una novela y cuando se me ocurrió esta historia sentí que no podía no contarla. Así que me puse manos a la obra, sin prisa, pero sin pausa. Lo de Estocolmo es una cuestión de filia pura y dura. Me gusta muchísimo esa ciudad y me fascina la cultura sueca (la nórdica, en general); supongo que era de recibo que mi ópera prima tuviera algo que ver.

El mundo de la literatura es muy volátil, así que no conviene perder demasiado el punto de referencia.

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M.B.V.: Si me permites el atrevimiento, desde el título hasta el desenlace y pasando por todo lo que ocurre a lo largo de las casi cuatrocientas páginas de la obra, existen muchos puntos irreverentes, que pueden generar inconformismo e incomodidad. He de decir que el tono millennial está muy presente, consciente o inconscientemente. ¿Has tenido que esforzarte en ser valiente? ¿O no concibes esta creación literaria de otro modo?

Carmen Sereno: No he buscado ser irreverente de forma premeditada, para serte sincera. Simplemente, me ha salido de este modo. Creo que esta novela, que cuenta muchas más cosas además de una historia de amor, necesitaba un tono así. No concibo narrarla de otra manera.  He dejado que fluya de la forma más coherente y realista posible, a pesar de que sabía de antemano que ciertos aspectos resultarían conflictivos. Pero es que la vida es conflictiva en esencia. Si eso significa ser valiente, entonces sí lo he sido.

[Ana Luna] es una mujer fuerte e íntegra que apunta maneras, de eso no hay duda.

M.B.V.: Primera persona del singular. Ana Luna. Un personaje femenino poderoso para llevar la voz y dirigir los entresijos de este romance complejo y ácido. Creo que ya es importante que las mujeres que escribimos lo hagamos desde la voz de la demanda, de marcar nuestro lugar, de imponernos. Ana se impone todo el rato, Ana grita, Ana no entiende de delicadezas. ¿Qué hay de compromiso feminista en este personaje? ¿Y qué hay de ti en esta Ana?

Carmen Sereno: Yo tengo diez años más que Ana y las cosas un pelín más claras, afortunadamente. Pero sí que me recuerda bastante a mí misma a su edad en muchos aspectos. A Ana hay que entenderla. Es muy joven todavía, está buscando su sitio, su identidad. De ahí que resulte tan contradictoria y cueste comprenderla en ocasiones. Pero es una mujer fuerte e íntegra que apunta maneras, de eso no hay duda.

M.B.V.: El perfil que puedo adivinar de esta muchacha es de un carácter introvertido, soltada en un mundo que no parece hecho a su medida. Está enfadada, ¿o tal vez asustada? Su nuevo trabajo es enorme para ella pero, al mismo tiempo, quiere devorarlo. ¿Qué representa Ana Luna en realidad?

Carmen Sereno: Has acertado de pleno. Ana Luna es una milenial en toda regla. Quiere comerse el mundo porque es una chica con inquietudes, pero no sabe ni por dónde empezar. Es introvertida y a menudo siente que no encaja, como tantos jóvenes de su generación. Además, es inconformista y tiene un gran sentido crítico (algo que a mí, personalmente, me encanta de ella). La clave para comprenderla radica en observar el mercado laboral en el que nos movemos hoy en día. Nuestras expectativas profesionales no siempre ajustan a la realidad y eso nos hace sentirnos frustrados con frecuencia. Hay quien lo acepta y hay quien se rebela. Ella oscila entre ambos extremos porque, insisto, está buscando su sitio. No podemos culparla por eso, ¿no?

M.B.V.: En el otro lado de la balanza tenemos a Eric Grau. Su jefe jefísimo al cargo de los Laboratorios Grau. Se le define como el Iceman por su frialdad, su carácter más bien arisco y su fama de depredador. ¿Qué pretendías decirnos con esta imagen masculina? Sabemos que tiene un trasfondo complejo y un cuadro psicológico dual y opaco en un primer momento. 

Carmen Sereno: A él también hay que entenderlo porque es bastante complejo. Eric y Iceman son dos personas distintas que habitan un mismo cuerpo. Sí que es cierto que, a simple vista, Eric Grau puede resultar un hombre demasiado autoritario que abusa de su poder, controlador, soberbio, frío e incapaz de empatizar. Un dictador en toda regla al que dan ganas de decirle cuatro cosas bien dichas. Por desgracia, jefes así los hay a patadas. Quizás, el modo de proceder de Iceman es extremo en algunos aspectos, pero todo tiene su explicación. No es tan malo como aparenta, te lo garantizo. En realidad, Eric es un hombre frágil que sufre muchísimo, solo que aún no hemos visto ese sufrimiento en toda su extensión. Habrá que esperar. A ver qué pasa…

M.B.V.: Tu faceta periodística destaca sobre todo en una de las subtramas: la corrupción farmacéutica. ¿Has llevado a cabo un proceso de investigación o todo es fruto de la ficción?

Carmen Sereno: Me he documentado para dotar a la narración de la máxima veracidad posible y para ello he tirado de formación profesional, sí. Pero también es cierto que me he concedido alguna que otra licencia.

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M.B.V.: La familia Grau muestra un cuadro disfuncional y opresor. En la novela, se muestra como una especie de maldición el hecho del poder social y económico que su apellido y la empresa le otorgan a Eric. ¿Qué nos puedes comentar sobre este aspecto?

Carmen Sereno: Así es. Aunque pueda parecer que Eric está muy cómodo en su papel de empresario hijo de empresario, lo cierto es que no es así en absoluto. Lo que sabemos es que en realidad es un hombre sencillo cuya vocación es la medicina, pero ha tenido que dejarla aparcada en contra de su voluntad por imposición paterna. Me pongo en su piel y comprendo ese mal carácter que tiene. Eric también se siente frustrado. Aunque su posición y su poder adquisitivo tienen un aura de glamur que no podemos ignorar, no debe de ser fácil renunciar a ser quien quieres ser para dedicarte por obligación a algo que te hace infeliz. Eso tiene que estresar muchísimo. No sé si yo aguantaría estar sometida a tanta presión.

En la escritura, soy implacable conmigo misma y muy perfeccionista.

M.B.V.: Si quieres, podemos hablar ahora del proceso creativo. ¿Has sufrido bloqueos de escritora o largos períodos anclada en una escena sin final? ¿Cómo has compaginado tu vida real con tu ambiciosa faceta de escritora?

Carmen Sereno: Más que bloqueos, he dudado mucho en diversas ocasiones del desarrollo de algunas escenas. Y yo cuando dudo, no me lo pienso: suprimo y vuelvo a empezar. Tengo que estar convencida al cien por cien o no puedo seguir. En la escritura, soy implacable conmigo misma y muy perfeccionista. No me canso de corregir y de releer, aunque ello suponga dedicarle más horas de las previstas y renunciar a pasar tiempo con mi familia o a hacer otras cosas que me gustan.

M.B.V.: Los meses que Maldito Síndrome de Estocolmo te ha acompañado y pertenecido solo a ti habrás convivido con multitud de títulos literarios que te han servido de inspiración y apoyo en la evolución de tus propias letras. ¿Quieres contarnos alguno de ellos que, a la vez, podamos recomendar a nuestras lectoras?

Carmen Sereno: Leo muchísimo y todo tipo de libros. Diversificar me ayuda a evolucionar como autora. Sí recuerdo que una novela que no pude soltar mientras escribía Maldito síndrome de Estocolmo fue Patria, de Fernando Aramburu.

Lo importante, en mi opinión, es que la historia te atrape; lo demás es bastante accesorio.

M.B.V.: Te pongo en un aprieto. ¿Qué tiene de bueno escribir género chic pero, sobre todo, qué tiene de malo? Hablamos aquí de las etiquetas, del encasillamiento, del público objetivo o de la hibridación de géneros. 

Carmen Sereno: Partamos de la base de que yo no creo que haya géneros que sean mejores que otros. Es cuestión de gustos, simplemente. Hay quien siente fascinación por el género fantástico y hay quien se decanta por la novela negra, por ejemplo. Yo me he sentido muy cómoda en el género romántico, aunque no descarto atreverme con otra cosa en el futuro. Lo importante, en mi opinión, es que la historia te atrape; lo demás es bastante accesorio. Sí que es cierto que hay ciertas reservas en cuanto a la novela romántica. A menudo se la tilda de superficial o de que solo va dirigida a mujeres; quizá vaya siendo hora de demostrar que no tiene por qué ser así.

M.B.V.: Ahora, sé honesta. ¿Quién es Carmen Sereno y qué ha venido a hacer aquí? (además de venir a hablar de su libro). Y, sobre todo, ¿qué seguirá haciendo en los próximos meses?

Carmen Sereno: Soy una chica sencilla, con mucho sentido del humor y que disfruta de las pequeñas cosas de la vida. Escribir es lo único que sé hacer bien, así que me gustaría pensar que he venido para quedarme, porque esa es la intención.

¡Muchas gracias por venir a nuestra casa! Entre pregunta y pregunta nos hemos acabado el desayuno pero no las ganas de seguir leyéndote… ¡Mucha suerte!

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