·Título: Sita

·Autora: Kate Millett

·Traductora: Núria Molines

·Género: biografía de ficción

·Fecha: octubre 2018 (original, 1976)

·Editorial: Alpha Decay

·Número de páginas: 384


Todo lo que nos unió ahora nos separa. Estamos al final de un ciclo, en lo más hondo de la mentira. El proceso llega a su fin cuando su mano me encuentra en mitad de la oscuridad desesperada. Aún hay fuego, aún hay deseo. ¿Quedarme o marcharme?


Fue una alegría que la primera novela con la que iniciamos nuestra colaboración con la editorial Alpha Decay (gracias, compañeras) fuera esta. Y mal que me pese, tengo que reconocer que no la conocía, lo cuál es un craso error por mi parte y por mi compromiso con el pensamiento de #MujeresEnLaLiteratura, siendo Kate Millet una figura central del movimiento feminista americano. Nacida en 1934 en Minnesota, es conocida por su militancia política.

En 1970 publicó la tesis Política sexual, escrita para su doctorado en la Universidad de Columbia. Un año más tarde, fundó una comuna de mujeres artistas conocida como Women’s Art Colony Farm y publicó sus primeras obras: Flying y Sita.

En 1990 escribió The Loony-Bin Trip, donde ahonda en su trastorno bipolar y cuenta su experiencia en hospitales psiquiátricos. Falleció en septiembre de 2017, de un paro cardíaco, a los ochenta y dos años de edad.


Sita es la historia real de un amor prohibido y apasionado que concluyó en tragedia, y posiblemente uno de los textos más viscerales que se han escrito nunca sobre el desengaño y la progresiva destrucción de una relación amorosa imposible entre dos mundos en constante colisión. Kate Millett se enamoró de Sita a principios de los años setenta, cuando la autora estaba en uno de los momentos álgidos de su carrera, afianzada como una de las pensadoras más lúcidas del movimiento feminista y volcada en el activismo bisexual. Diez años mayor que ella, curtida en varios matrimonios fracasados y con hijos a su cargo, Sita es descrita por Kate Millett como una mujer feroz, seductora, elegante y exótica que irrumpió en su vida como una tormenta de fuerza incontenible y le cautivó perdidamente. Al principio Sita era para la autora un puerto afectivo seguro: una fuente de placer, de sabiduría y estabilidad emocional. Hasta que las cosas dejaron de ir bien y la relación, al principio fascinante y obsesiva, se convirtió en una pesadilla en la que el amor se fue evaporando poco a poco.

Sita es la crónica de ese proceso inexorable y doloroso que es el desafecto y la distancia entre dos personas que se han amado todo lo que podían, jalonado por algunas etapas luminosas en las que parece que la relación se puede salvar, y que no son más que espejismos en una agonía imparable. Durante los meses que duró la relación, Millett pasó de la entrega absoluta –abandonó su residencia en Berkeley para mudarse a Nueva York con Sita, tal y como habían pactado– a la más desgarradora sensación de desencanto. Un proceso que la autora desmenuza hilo a hilo, suceso a suceso, gesto a gesto, con pinchazos de dolor y una prosa sin censuras.


Estuve más de tres semanas con Sita, lo cual es atípico porque suelo concluir cada lectura en dos o tres días. Pero Sita no. Sita estaba en todas partes. Sita en la mesita, en la mochila, en el alma, en la cabeza. Esta historia no me abandonaba. A veces, cuándo me ponía a leerla por las noches me desvelaba. No era capaz de dormir, porque me arrebataba la calma con su terrible honestidad. Pero tampoco era capaz de seguir leyendo. Sus páginas tan solo pude digerirlas a sorbitos. Me preguntaba qué estoy leyendo aquí, por qué me llega tanto, por qué me da tanto miedo continuar.


—Dama mía, estoy descolocada.

—Pues está todo como ayer, cuando me fui.

La miro, me sangra el asombro, su despreocupación.

—Te quiero y te querré siempre. Tienes un lugar muy especial en mi vida, como ya debes saber a estas alturas.


Supongo que la sinopsis de la editorial, que tenéis justo arriba, puede desvelaros algo. Y al tratarse de una novela biográfica, casi como un diario personal, todavía más. Recordemos que Kate Millett sufría de trastorno bipolar y esto, ineludiblemente, como ocurre cuando leemos a Virginia Woolf, aparece en sus páginas. Pero da un poco de miedo comprenderla, ¿a qué sí? Da un poco de miedo ver en qué se transformó el amor y la felicidad para ella. Y da un poco de miedo darse cuenta de que esto puede suceder tan, tan a menudo.


Escribir, ese solitario arte, se vuelve cada vez más imposible. Sita no se da cuenta de nada.


La verdad, siendo honesta, me parece muy difícil abordar una crítica a esta obra. Creo que saldría a la calle con ella y empezaría a pedirle a los viandantes que la leyeran, que la escucharan. Que Kate (Kate, como si fuéramos amigas, tal vez lo somos) merecía que conociéramos su historia, que la comprendiéramos, que nos uniéramos a sus flaquezas y a su manera de comprender el mundo, el amor. Y no un amor cualquiera, el amor por una mujer. Una mujer que ha resultado ser tan fascinante, importante y dolorosa como para coronar el título de un libro.


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Nueva York, a dónde se mudará Kate para vivir con Sita, se convertirá en la meta de un sueño que se convierte en realidad. Y esta frase la escribo con miras a romper su metafórica verdad: porque ya sabéis, en lo real, en lo tangible, en lo costumbrista, a duras penas quedan atisbos de la delicia de nuestra idealización.


Sita, mi persona a la que escojo entre las demás personas. Mi persona, extraña en un primer momento, poco receptiva. No estoy orgullosa de ella, apenas puedo recordarla. Y luego está frente a mí. Hermosa al cabo de un instante, el centro de mi mundo, y yo soy un satélite o una niña que acompaña como si fuera una maleta. Devorada por su cara, se me salen los ojos, hambrienta, completamente convencida.


Con esto se encuentra la protagonista de esta historia. Está lejos de su casa en San Francisco, de sus amigas, de sus amantes, de su vida. Lo ha dejado todo por ella, por Sita. Que al mismo tiempo lo es todo. Y ese todo comienza a convertirse en un poco difícil, lleno de capas, lleno de momentos dichosos y momentos amargos. De repente, estas mujeres adultas se convierten en algo infantil, caprichoso, dolorido. De repente Nueva York se les ha quedado grande, sufren ataques propios. Están juntas, pero la distancia pesa más que nunca.

El estilo de Millett es tan personal que tampoco puedo decir mucho más. Supongo que tiene el don de contar y tocar mientras cuenta. De vestirte con su piel y hacerte partícipe de su vida, colmar las venas de tu propia sangre y darte parte de su dolor (pero también de su experiencia) como un flamante regalo. Tengo el ejemplar físico lleno de notas, de trazos, de pegatinas. Me he vuelto una adicta a leerla y a querer memorizar sus frases.


Ser dos mujeres viviendo en esta casa. Desvío la mirada hacia el mar y luego hacia la ciudad. Ser dos mujeres viviendo en esta casa, ¿para qué, con qué propósito? Cuánto se estrechan los márgenes, cuánto las limitaciones. Anoche me hizo el amor.


Sita es la historia de dos mujeres pequeñas en un mundo enorme. Dos mujeres que han sentido el amor muy cerca, poseídas por la melancolía de una vida que las ha traspasado. Perdidas y unidas al mismo tiempo, su historia está compuesta de pedacitos de la nuestra. Es una obra real, desgarradora, hermosa e impactante. Una historia de Kate, de Sita y nuestra. Y, por supuesto, imprescindible.


Valoración: Imprescindible

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2 comentarios sobre “Sita, de Kate Millett

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