·Título: Cosas que los nietos deberían saber [Título original: Things the Grandchildren should know]

·Autora: Mark Oliver Everett

·Traducción: Pablo Álvarez Ellacuria

·Género: autobiografía

·Fecha: junio 2018

·Editorial: Blackie Books

·Número de páginas: 265


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Una autobiografía tan nostálgica y realista como las canciones de Eels

Llueve, hace frío y a este lado de la ventana alguien tiembla y se siente solo. Las pérdidas pesan demasiado; la nostalgia, más aún. Y aun así Mark Oliver Everett (o E.) continúa trabajando en el sótano de su casa día tras día en las canciones de Eels. Ya lo afirma Rodrigo Fresán en el prólogo:


Y, sí, todas y cada una de las canciones de Eels piensan en una sola cosa: estamos aquí, no fue fácil, no es fácil, nunca va a ser fácil, y falta menos para el final. Vitales canciones desde este lado del túnel que, se supone, tiene una luz de muerte al final, pero vaya uno a saber.


Esta autobiografía —tan realista que duele y tan triste que alivia— del líder de Eels no es solo para fans de E. (como se hace llamar Everett), sino que es un retrato carveriano de la pérdida constante. E. relata con un tono pesimista (no exento de humor ácido) las circunstancias vitales que han acompañado a la escritura de sus canciones, la única constante que ha resistido al paso del tiempo en su vida. Los entresijos de una industria musical en ciernes se entremezclan con el drama familiar más oscuro: E. termina perdiendo a toda su familia (encuentra a su padre muerto, su hermana Liz se suicida y su madre es víctima de un cáncer atroz). Ante este desgarrador dolor, E. solo puede continuar escribiendo canciones y experimentando con nuevos sonidos.

Lo relevante de esta singular apuesta de la editorial Blackie Books no es el hecho de que en ella se recoja la cara B de una de las figuras más relevantes del rock estadounidense de las últimas décadas, sino el trasfondo de su crónica, que deja ver la desolación del ser humano ante la pérdida y, a su vez, su increíble fortaleza para continuar adelante.

E. no es un músico más que escribe con un séquito de fans que acudirán indudablemente a devorar su autobiografía (principalmente porque se nota que Oliver lo ha escrito en primer lugar para sí mismo), sino que ha conseguido componer un relato autobiográfico auténtico y honesto, muy intimista y con una constante agudeza sentimental que desgarra (la misma que plasma en las letras de Eels). Así, nos regala fragmentos como estos:


Me siento como me sentí el día que escribí la canción, cuando bajé al sótano, enchufé la guitarra eléctrica y me senté a escribir una canción para explicar que todas las malas rachas habían valido la pena porque ese día estaba verdaderamente feliz. Sentía que podía aceptarme a mí mismo. Vale que según para qué cosas soy bastante rarito: no me gusta ir a fiestas ni espectáculos, me escondo mucho en casa… Pero, visto lo visto, podría ser mucho peor. Y por lo menos soy capaz de asistir a este espectáculo. Soy consciente de una sensación que se ha estado apoderando de mí lentamente durante los últimos años y que ahora es casi tangible. Las he pasado de todos los colores… pero estoy bien. Y si quiero, puedo estar mejor que bien. No soy la persona más equilibrada de este mundo, desde luego, pero teniendo todo en cuenta… A ver, he sobrevivido. Y he sobrevivido siendo yo mismo. ¿Es o no es una suerte? ¿Es o no es asombroso?


Después de leer este libro, una especie de oda a la nostalgia y a la vida que duele, porque irremediablemente es así (estamos solos y el final se acerca), uno advierte que, en efecto, las tardes lluviosas con frío desde este lado de la ventana siempre han tenido la banda sonora de Eels. No podría ser de otra manera. Al fin y al cabo, E. ya sabe que su única necrológica posible es esta:


No deja de ser irónico que Everett, que no había tenido hijos (y menos nietos) en el momento de su muerte, titulase su autobiografía Cosas que los nietos deberían saber.


Pero, de repente, pasa un vendaval y se sucede un final al estilo de la película Cosas que nunca te dije, de Isabel Coixet. Y es que, después de todas las batallas y de sobrevivir y seguir pese a todo, un Everett firme confirma aquello que aprendemos cuando nos encontramos a nosotros mismos:


Pero las circunstancias me han llevado hasta donde estoy, y ahora soy mucho más sabio, y la vida está llena de sorpresas. Todo puede cambiar en cualquier momento. Apenas hace falta un segundo para que tu vida cambie por completo.


Ese segundo o la posibilidad de seguir escribiendo (y escuchando canciones) es lo que nos mantiene en pie.

Valoración: Bien, bien

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