·Título: La novia gitana
·Autora: Carmen Mola
·Género: novela negra
·Fecha: mayo de 2018
·Editorial: Alfaguara
·Número de páginas: 408
·Valoración: Bien, bien
·Enlace de compra

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—Soy Elena Blanco, estoy investigado la muerte de Susana Macaya.

—La novia gitana.


¿La Elena Ferrante de la novela negra? ¿O una fiel seguidora del fenómeno Dolores Redondo?

Así se ha definido a Carmen Mola en diferentes artículos, digamos de promoción, que giran en torno a esta novela. Estamos ante el mismo problema de siempre: una editorial poderosa tiene que hacer despegar a una autora nueva y desconocida. ¿Cómo? Creando un mito, ensalzando una figura. Existe una pequeña biografía de Carmen Mola: nacida en Madrid en 1973 (45 años), es profesora de universidad, está casada y tiene tres hijos. La novia gitana es su primera novela.

Al parecer el manuscrito le llegó a Alfaguara mediante una agencia editorial. El sello, que está caracterizado por publicar literatura de calidad y de nombres de literatas asentadas, llamó la atención por el hecho de publicar a una autora novel que no parece novel. Diversas reseñas aseguran que no parece una opera prima. ¿Lo parece?

De momento, os dejo con su sinopsis:

«En Madrid se mata poco», le decía al joven subinspector Ángel Zárate su mentor en la policía; «pero cuando se mata, no tiene nada que envidiarle a ninguna ciudad del mundo», podría añadir la inspectora Elena Blanco, jefa de la Brigada de Análisis de Casos, un departamento creado para resolver los crímenes más complicados y abyectos.

Susana Macaya, de padre gitano pero educada como paya, desaparece tras su fiesta de despedida de soltera. El cadáver es encontrado dos días después en la Quinta de Vista Alegre del madrileño barrio de Carabanchel. Podría tratarse de un asesinato más, si no fuera por el hecho de que la víctima ha sido torturada siguiendo un ritual insólito y atroz, y de que su hermana Lara sufrió idéntica suerte siete años atrás, también en vísperas de su boda. El asesino de Lara cumple condena desde entonces, por lo que solo caben dos posibilidades: o alguien ha imitado sus métodos para matar a la hermana pequeña, o hay un inocente encarcelado.


Desde que terminé la trilogía del Batzán de mi admirada Dolores Redondo no había vuelto a leer novela negra. Tal vez porque a veces me da pereza leer este género, cuanto más porque el que más abunda es el americano. Sea como fuere, las buenas críticas y la buena promoción que ha tenido La Novia Gitana me impulsaron a comprar un ejemplar y a devorarlo en tan solo un día. ¿Se parece Carmen Mola a Elena Ferrante? ¿O a Dolores Redondo?


Yo creo en su inocencia. Creía entonces y creo ahora con más razón, a la luz de lo que está pasando. Es evidente que el asesino está suelto.


Las comparaciones son odiosas pero no, no se parece ni a ninguna ni a la otra. El estilo de Elena Ferrante es complejo, íntimo, inimitable. Se toma su tiempo y sus matices. Nos regala una lectura lenta, atiborrada de información, para leer con calma y destreza. Dolores Redondo tampoco tiene un estilo muy directo, se regodea en las descripciones, la ambientación vasca es su gran baza y esto, indudablemente, le va a faltar a una Carmen Mola que ambienta su historia en el centro de Madrid. Un Madrid al que tampoco otorga un lugar especial, por lo que nos encontramos con una ambientación un tanto impersonal.

Oíd, qué bonito esto de poder comparar a tres autoras distintas en un mismo post, ¿no?

Pero si os vais a mi perfil de Goodreads o a la valoración final que aparece en esta entrada (si sois tan cotillas como yo), veréis que la nota de esta lectura es bastante alta. Así que sí, tiene muchos pros a pesar de tratarse de una novela catalogada como comercial y que pasa un poco de puntillas todo lo demás. Y es que es adictiva, poderosamente adictiva. La lectura te deja de lleno en la historia y la cubre de personajes que atrapan, en la que destaca una inspectora peculiar y femenina (GRACIAS) llamada Elena Blanco.


Ella no es capaz de mirar la vida de frente. La felicidad se ha convertido en una quimera. No hay descanso, no hay tregua, no hay posible disimulo.


Porque sí, el secreto del éxito de esta historia recae en ella. Vale, en ella y en la peculiar manera en la que tiene lugar el asesinato investigado. Si es complicado innovar hoy en día, Carmen Mola ha sabido hacerlo la mar de bien (y qué buen título, muy pero que muy bueno). En fin, que si os estáis planteando si leerla o no, hacedlo porque como mínimo os dará unas cuántas tardes de entretenimiento literario asegurado.

Como tópico de la novela negra, Elena Blanco es una inspectora atípica, divorciada y que arrastra tras de sí un gran trauma del pasado. Bebe grappa a todas horas, canta en un karaoke y graba con una cámara la Playa Mayor las 24 horas del día. Caracterizada por ser metódica y cumplir las reglas a raja tabla, en el caso contará con la colaboración de Zárate (hacía falta un compañero, lo sabíamos) que le gusta más tomarse sus licencias. Entre los dos, poco a poco, intentarán resolver esta encrucijada.


—Mis hijas han muerto porque yo no he sabido cuidarlas.


El estilo es directo y no muy descriptivo. Aunque si se regodea en describir minuciosamente algunas partes, como los cadáveres y la forma tan grotesca en la que murieron. Por lo demás, Carmen Mola prefiere un estilo más sencillo, diálogos concisos y sin demasiadas condecoraciones. El formato de capítulos cortos ayuda, y mucho, a que la lectura no decaiga en ningún momento.

De todas maneras, sigo pensando que el libro podía ser mucho más (promete segunda parte, aunque la historia principal queda cerrada), pero se queda en un casi. Casi porque no explota todos los recursos. Elena Blanco es fascinante pero bastante predecible. El caso se irá resolviendo con pistas y sucesos a posteriori que era muy complicado de adivinar como lectora, lo que siempre deja un sabor agridulce. La reseña editorial prometía un desenlace insólito, pero no lo es tanto.


—¿Alguna pista sobre quién es la novia gitana?


Pero con sus tantos aciertos y algunas de sus flaquezas, me alegra haber leído la opera prima de Carmen Mola. Y, también, su publicación. Creo que este tipo de novelas duras y escabrosas, con firma femenina y gran impacto en la industria editorial, son necesarias y reviven las ganas de leer del público más acomodado. Por mi parte deciros que espero con muchas ganas la continuación.

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