·Título: Memento Mori. Versos, canciones y trocitos de carne I
·Autor: César Pérez Gellida
·Género: novela negra
·Editorial: Debolsillo
·Páginas: 617
·Valoración: Excelente
·Enlace de compra

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—Normalmente, lo que parece es simplemente eso: lo que parece que es.


César Pérez Gellida (Valladolid, 1974)  es licenciado en Geografía e Historia y, después de trabajar en el mundo de la dirección comercial, el marketing y la comunicación, decidió dejarlo todo para poder dedicarse a la escritura.

La obra de la que hoy vamos a hablar, Memento Mori (2013), es la primera novela de la trilogía Versos, canciones y trocitos de carne. Entre sus otras obras podemos encontrar Khimera (2015), una distopía; la trilogía Refranes, canciones y rastros de sangre (2016-2017); Konets (2017) y su más reciente obra: Todo lo mejor (2018).


—Que para que cometa algún error, tendrá que matar de nuevo.


Para los que no sepáis de qué trata la novela, aquí va una sinopsis de cosecha propia:


Ramiro Sancho, inspector de homicidios de la ciudad de Valladolid, se enfrenta al que parece que va a ser uno de los casos más importantes de su vida: la búsqueda de un asesino en serie.

El primer cuerpo aparece mutilado y abandonado a la orilla del Pisuerga. Sin un solo hilo del que tirar, el inspector y todo su equipo, ayudados por un extraño psicólogo dedicado a la búsqueda y estudio de estos asesinos, tendrán que ir encajando todas las piezas de este macabro puzle para tratar de encontrar a ese asesino…


Publicada en 2013, esta novela fue un éxito rotundo entre los vallisoletanos. No puedo hablar de si fue éxito a nivel nacional, aunque creo que no me quemaría si dijese que sí, solo puedo hablar de lo que significó para Valladolid, ciudad en la que vivo, la publicación de Memento Mori. La gente enloqueció. Solo se oía el nombre del autor. Incluso gente que hacía años que no tocaba un libro se lo compraba por el simple morbo de ver lo que sucedía en el libro y, sobre todo, por reconocer los escenarios.

Y en ese 2013 estaba yo, una estudiante de primero de filología que no dejaba de oír de manos de compañeros de clase y de conocidos que tenía que leerlo. Pero hice oídos sordos a todas esas recomendaciones, siempre con la excusa de que no tenía tiempo y de que la novela policíaca no me atraía. ¡Ojalá hubiera hecho caso a esas voces!

Ahora, seis años después, hablando con una amiga que también lo quería leer, decidimos regalárnoslo en Navidad y leerlo juntas, dejándonos comentarios entre las páginas y luego intercambiar los libros. Una cursilada que, sin embargo, le ha dado a esta lectura un doble valor.

Cuando empecé el libro no sabía lo que me iba a encontrar, pero os aseguro que es una historia que te atrapa, que hace que no dejes de leer. Quiero decir, mientras escribo esta reseña hace dos días que ha salido publicada La muerte del Comendador II, de Murakami, uno de mis autores favoritos y todavía no he tocado una sola página porque acabar Memento Mori se había convertido en una prioridad.

Nos encontramos con una historia impactante que para mí ha tenido mucho más impacto que otras, porque las calles que recorren los personajes son las mías, porque los bares a los que van, los restaurantes en los que comen, me son conocidos. Pensaba que esto iba a ser una chorrada, pero después de leerlo me he dado cuenta de que no, de que el poder conocer los lugares en los que suceden los acontecimientos le da otro toque a la historia. Las sensaciones son otras.

Yo no soy muy aficionada a las novelas de este estilo, casi todas las que he leído me han aburrido o han sido una decepción. Solo hay un autor que había conseguido engancharme: John Verdon. Pero no lo ha hecho ni la mitad que César. Quizá es porque en las novelas del primer autor todo es muy americano y aunque maneja muy bien los aspectos psicológicos de los personajes, creo que les falta cierta humanidad. Con estos no me ha pasado.

Una de las cosas que me comentaba la amiga con la que he hecho esta lectura es que todo el mundo alababa al personaje malo de la obra por lo odioso que es. No solo te produce rechazo porque su papel sea el de asesino, es que te produce odio. Y puedo decir que es cierto. Había veces en las que tenía que cerrar el libro para intentar paliar mi deseo de estrangularlo. Pero no solo este personaje (del que no diré el nombre para no caer en spoilers) está perfectamente construido, sino que todos y cada uno de ellos, hasta el más secundario, son perfectos.

La narración mantiene un estilo tenso durante toda la novela, quieres leer más y en tu interior vas sintiendo la angustia y el deseo de saber más. Y cuando crees que está todo solucionado, que sabes todo lo que ha pasado, la historia gira en una dirección totalmente inesperada.

Ahora, pensando en todo lo que sucede, me he dado cuenta de que las pistas están ahí, de que este giro no es tan brusco como me pareció en su momento, pero el shock inicial sigue ahí.

Otro elemento que me ha encantado de este libro es que tiene su propia banda sonora. La música es el otro gran tema de Memento Mori. Al final incluso nos encontramos con la lista de las canciones que aparecen y aunque no conocía todas o no todas me gustan, las más importantes, las que nombran los capítulos, son las de Bunbury. Creo que un artista que me apasiona tanto aparezca en cada página del libro, que escucharle a él sea evocar esta lectura, la ha hecho mucho más especial.

Si tenéis la oportunidad de leer esta novela o cualquier otra del autor, seguro que disfrutáis de la lectura.

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