·Título: No sabes lo que me cuesta escribir esto
·Autora: Olivia Rueda
·Género: memorias
·Fecha: marzo de 2018
·Editorial: Blackie Books
·Páginas: 216
·Valoración: Bien, bien
·Enlace a la compra

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 Solo Olivia puede saber cuánto le ha costado todo esto

No, no puedo saberlo, Olivia. Nadie sabe cuánto te ha costado escribir esto. Los demás solo podemos empatizar y ponernos en situación, pero solo tú lo sabes. Y es que Olivia Rueda es la única que ha estado a solas con su cuerpo (y que aún lo está). Aun siendo capaz de escribir este libro tan precioso editado por Blackie Books y de haberlo hecho de manera tan valiente y brillante, sin tratar de dar ejemplo a nadie, simplemente porque tenía que hacerlo. Porque no hay otra opción, porque tenía que seguir.

Y eso solo lo sabe ella.


A veces me preguntan: ¿pero cómo puedes seguir adelante con todo lo que te ha pasado? Bien, no es una elección. Si a ti te encerraran en un lugar y te tiraran encima un montón de prendas de ropa o de trastos o de tierra, ¿qué harías? Intentarías salir de ahí, ¿no? Pues yo hago lo mismo. […] No soy una heroína, eso lo tengo claro. Solo hago lo que puedo.


Yo, que también tengo que batallar con mi cuerpo y mi dolor, a mí, que se me escapa el lenguaje entre los dedos por resultar insuficiente, que sé cuán duro es ese silencio y esa soledad por dentro que los demás no alcanzan a comprender… empatizo con la historia de Olivia y venero su atrevimiento. Sé que nadie sabe lo que es. Pueden imaginarlo. Las personas que nos quieren sufren vernos, pero solo una sabe lo que es y lo que cuesta continuar cada día. Respeto tantísimo a Olivia…


Cuando no tienes lenguaje sientes aún más fuertes los sentimientos. Vaya frase más hortera me ha salido. Pero es verdad: te das cuenta de qué te gusta, pero no puedes explicarlo. Lo que intento decir es que quizás por mis problemas con el lenguaje a veces las cosas que me hacen seguir adelante, amar la vida, son los olores, los sonidos o sensaciones poco concretas que me reconfortan.


Siento que si Olivia y yo coincidiéramos fortuitamente en una sala de espera en una de tantas de nuestras revisiones, nos miraríamos y sabríamos reconocer el dolor de la otra (“Me admiro de cómo el mundo se moviliza para ayudarme y me doy cuenta de lo importante que son las palabras y las relaciones que las mujeres establecemos a través de ellas”). Es así: la gente que no ha pasado por experiencias parecidas no cuenta con esa habilidad especial de ahondar en el sufrimiento de la otra solo mirarla. Puede que nos animáramos a vernos después en una cafetería o intercambiar emails y escribirnos o puede que estuviéramos tan cansadas que resultaría imposible hacer semejante esfuerzo, con lo que cuesta seguir existiendo algunas veces.


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Pero lo cierto es que estoy yo aquí sola con el libro de Olivia en mi cama, en el sofá, en las salas de espera, en los metros, en los taxis, en el trabajo y… a ratos puedo leerla y a ratos no, porque me duele demasiado todo esto. Incluso, he llegado a tener pesadillas en las que mis síntomas clínicos se juntaban con los suyos y dejaba de ver y las distintas secciones del cerebro se me ponían de colorines. Es igual, son pesadillas. Pero no sabéis lo que duele que otra narre cosas parecidas a las que te han pasado a ti (salvando todas las distancias).

Y por todo eso he tardado mucho tiempo en terminar la lectura del libro de Olivia. No puedo hablar de si me ha gustado o no. No es cuestión de gustos. Es un libro que me ha dolido y punto. Eso solo pasa con los libros valientes y honestos. Su lectura me absorbía y me sentía menos sola mientras tumbada en mi cama el dolor abrasaba. De repente mi cuerpo quedaba en suspenso y mi cabeza estaba repleta de las mierdas de Olivia y, con todo lo horrible que es confesarlo, podía tomarme un descanso de mí misma.

Hay que felicitar a los editores por dar cabida a semejante proyecto vital en su catálogo porque verdaderamente necesitamos historias como esta. Cuando nos perdemos de una forma u otra, necesitamos que haya libros luminosos y valientes que nos devuelvan a nosotros y este lo es. Gracias, os debemos una. No sabes lo que me cuesta escribir esto es una especie de reconstrucción de memorias desde el lenguaje nuevo, salpicado de retazos de los diarios de entonces y culminado con un delicioso prólogo ilustrado de Miguel Gallardo. Si estáis perdidos, leed a Olivia; leedla y después salid a la calle. Es lo que ella querría.


Y cuando hayas leído este libro, tíralo y sal. Me gustaría que te dé el deseo de salir, de la ciudad, de la familia, de tu habitación, de tu pensamiento.

André Gide


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