·Título: Antártica
·Autor: Fran P. Holland
·Género: ciencia ficción
·Obra autopublicada
·Fecha: 2018
·Páginas: 64
·Valoración: Bien, bien
·Pago social (Lektu)

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 Es entonces cuando nos damos cuenta de que la oscuridad de la noche nos envuelve con una negrura inusual.


Descubrí a Fran P. Holland por su relato en la antología de relatos Iridiscencia (2018), titulado El vacío perpetuo. El autor es psicólogo e interventor criminológico, además de artista digital y escritor. Antártica es su primera novela corta, aunque por su extensión y otras características, está en el límite entre la novelette y el relato largo. De hecho, a mí me encajaría más en esta última categoría, sobre todo por la estructura interna de la narración y cierta falta de detalle y de descripción (más típica del relato que de la novela).

Como os he adelantado, la historia tiene ciertas características típicas del relato largo. La que más salta a la vista al leer es el predominio de la acción y el diálogo, aunque el narrador es el protagonista y, por tanto, sus sentimientos y reflexiones tienen también un peso fundamental.


Con dolor de cabeza, no puedo dejar de darle vueltas al tema en sus diferentes perspectivas, la mía y la de Ariel, como dos caras de una misma moneda que giran incontrolablemente sabiendo que solo una guarda la victoria.


El autor nos mete de lleno en la mente de Unai, un joven ayudante de investigación que se quedará en una base en la Antártida durante el largo, frío y oscuro invierno. Con él estará un compañero, Ariel, que también es auxiliar. Se presenta además la complicación de que Unai y Ariel son pareja desde hace poco tiempo. Este trabajo, en el que estarán casi aislados durante meses, pondrá a prueba su resistencia mental y el futuro de su relación amorosa.

Todo parece ir bien, hasta que una noche suena la alarma. Nuestros chicos se verán envueltos en un extraño experimento con paradojas temporales y con la estabilidad espacio-temporal de todo el universo en juego. Y están solos, pues las comunicaciones con el exterior son vía satélite y están restringidas debido a fenómenos atmosféricos.

El argumento es poco verosímil por varias razones. La principal para mí es el hecho de que dejen a dos personas en una base de investigación enorme. En la actualidad, en este tipo de investigación los científicos trabajan estrechamente con personal militar, pues presentan un alto riesgo. Es algo que todos hemos visto en las noticias; los científicos no están solos en este tipo de misiones. Si bien, aunque no sé en qué mundo sucede la acción y este puede no corresponder a nuestro presente, la tecnología que emplean Unai y Ariel es bastante similar a la que existe en nuestra sociedad. Tienen tarjetas para abrir determinadas secciones de la base, ordenadores, comunicaciones vía satélite… Aunque esta sea una obra de ciencia ficción y no una realista, la situación se me antoja poco verosímil.

Un aspecto que creo está mejor planteado son las paradojas temporales. Se juega con ellas de un modo habilidoso, confundiendo al lector y haciendo en ocasiones que te estalle la cabeza cuando tratas de atar todos los cabos. Al final, todas las piezas encajan.
El romance entre los dos muchachos tiene cierto peso, es una parte interesante pero sin acaparar el protagonismo de la narración. Tampoco es excesivamente almibarado, la relación se presenta de un modo muy realista, con ciertos altibajos que serían muy lógicos en cualquier pareja. Rompe con el ideal romántico de la perfección del amor.


Durante unos segundos que se me hacen eternos, dejo de verlo como mi pareja.


El estilo es bastante directo, correcto y adecuado a lo que se narra. Los diálogos son muy naturales y expresivos. El dominio del lenguaje es notable y el autor ya tiene una voz propia reconocible, aunque como en casi toda obra hay aspectos mejorables.
Me ha recordado, salvando las distancias, a Solaris (1961), de Stanislaw Lem, cuya reseña podéis leer aquí. Como en Antártica, en la obra de Lem tenemos a personas aisladas, un componente científico importante en la trama y mucho misterio y terror psicológico. También se ahonda en ambas obras en los grandes misterios que llevan obsesionando al ser humano desde sus inicios, si bien de modos muy diferentes.

En conclusión, estamos ante una historia que se podría clasificar de ciencia ficción dura, con un hilo argumental que engancha y mantiene la tensión de tal forma que es imposible soltarla. Ello unido a su corta extensión hace que se lea de un tirón sin problemas. Os gustará si os gustan los relatos de ciencia ficción clásicos con mucho misterio y acción. Y también la inclusión de los personajes LGBT normalizándolos, sin que esta parte de su personalidad sea determinante en la historia. Un buen comienzo para Fran P. Holland como escritor. Deseo sinceramente leer más obras suyas.


 Esto es muy bizarro.

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