·Título: La mejor madre del mundo
·Autora: Nuria Labari
·Género: autoficción, novela intimista
·Fecha: febrero de 2019
·Editorial: Literatura Random House
·Páginas: 220
·Valoración: Bien, bien
·Enlace de compra

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Maternidad íntima a pie de entraña

Sorprende que justo en el momento en el que nacen menos bebés (muchos telediarios señalan ya que en algunas ciudades hay censados más perros que niños) en nuestro país sea cuando se ha producido el boom de la publicación de libros sobre la maternidad, libros honestos y reivindicativos que no tienen ninguna vocación didáctica sino que simplemente nos ayudan a abrir los ojos ante una experiencia tan difícil como emocionante. Son todos ellos testimonios íntimos y personales que abren la puerta a todo aquello de lo que no se habla para romper tabús y estereotipos y contribuir a la construcción de una imagen de la maternidad más plural y lejos de los cánones impuestos por la biología y el hetereopatriarcado.

Dentro de ellos destacábamos hace apenas unos meses Nadie me dijo (La señora Dalloway, 2018), de Hollie McNish. En esta línea de la escritura íntima, cercana a los cuentos que cuentan las madres a sus hijos antes de acostarse, pero descarnada y duramente real, sobresale ahora La mejor madre del mundo (Ramdon House, 2018), de Nuria Labari, una narradora que ya conquistó nuestra atención con su debut en Cosas que brillan cuando están rotas.


Las artistas con talento siempre son hijas, siempre hijas de sus madres por mucho que tengan descendencia. Las buenas escritoras escriben sobre la hijidad o sobre cualquier otro asunto donde su punto de vista pueda ser el centro del mundo. […] «Las madres no escriben, están escritas», sentenció la psicoanalista Helene Deutsch allá por los setenta. Y hasta hoy.


Labari nos relata su experiencia desde el yo más íntimo. Desde el punto de vista de una mujer asustada pero feliz, con problemas de fertilidad, cuya vida cambia irremediablemente tras la llegada de sus hijas gracias a la fecundación in vitro. Asistimos página tras página a una narración deliciosa, que atrapa desde el primer momento por su estilo y honestidad, independientemente del posicionamiento sobre la maternidad y la crianza que defendamos. Labari nos muestra cómo la tarea más difícil resulta no ya la conciliación en la vida de una mujer dispuesta a continuar con su carrera profesional, sino el manejo de las expectativas —propias y ajenas— que recaen sobre esta mujer al convertirse en madre. La conciencia de nuestra condición de mamíferas se contrapone a la conciencia individual, cuya existencia también exige un tiempo para sí misma y, en este caso, para escribir, una tarea nada sencilla en una ciudad tan apremiante como Madrid.


Ser madre es imitar a otra mujer. […] Ser madre es dar a luz a mujeres que te habitan sin tu permiso. Imposible predecir quiénes y cuándo te asaltarán.


Ser madre es el entrenamiento contemporáneo de la sumisión en las mujeres.


Tener un hijo es aceptar esa búsqueda impotente y mortal que llevamos dentro y, al mismo tiempo, confiar en el soplo de eternidad que nos cerrará y abrirá los ojos.

De alguna manera, parir es la mejor manera de entender cuánto amor hace falta para llegar hasta aquí. Y coloca en su lugar a todas las mujeres que lo hicieron antes.


No se trata de que Labari nos abra la senda prometida hacia la compatibilización de la faceta laboral y doméstica, sino que estamos ante un humilde testimonio de otra madre que atraviesa un páramo y a lo largo de este se enfrenta a su condición de hijidad (hasta que no fui madre no fui del todo la hija de Mi Madre), de mujer y a cómo todas las convicciones se reformulan ante la llegada de las hijas. Por suerte, su palabra se completa con la de otras mujeres valientes que han alzado la voz para dar cuenta de su experiencia, ya que ninguna incluye ningún manual de instrucciones.

Labari incide una vez más en que esto no va de jugar a las casitas ni de ser esa madre perfecta que todas tenemos en la cabeza. Todas buscamos ser esa madre que ha sido y que no ha sido nuestra madre, redimirnos con esta nueva condición de madre de lo que la hijidad supuso, teniendo que enfrentarnos a la llamativa tentativa de proyectar en las hijas nuestra vida y nuestros sueños.

Después de atravesar toda esa vida esplendorosa de la maternidad y la crianza que bulle como si se tratara de una selva, sin salvavidas, sin atajos, Labari alcanza su verdad: la verdadera condición de madre se alcanza en ese momento en el que dejas ir a las hijas. Entonces, tu corazón se rompe y el mundo gana dos personitas libres. En ese preciso instante desemboca toda esta locura de la maternidad.


Y al final, la maternidad es, igual que el conocimiento, un viaje de la imaginación a vida o muerte.

 

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