·Título: Florescencia
·Autora: Kopano Matlwa
·Traductora: Magdalena Palmer
·Género: intimista
·Editorial: Alpha Decay
·Fecha: 2018
·Páginas: 128
·Valoración: Imprescindible
·Enlace de compra

235.jpg


Los moribundos son egoístas.


Conocí la editorial Alpha Decay gracias a Sita. Ahí empezó mi pasión por este sello editorial y esta bonita colaboración que mantengo con ellas en A Librería. Y no puedo sentirme más feliz; cuando creamos esta casa fue, precisamente, para poder leer y divulgar obras así (como Crudo, obra que se encargó de reseñar mi compañera Ana Castro).

Florescencia me la recomendó mi querida amiga Tensi, de Lecturafilia, y las muchachas de Alpha Decay no dudaron en hacernos llegar un ejemplar. Y esto es especialmente bonito para mí, dado que las similitudes del título con mi última novela, Inflorescencia (2018), son evidentes. En fin, flores, mujeres, feminismo. De eso he venido a hablaros hoy.

Kopano Matlwa (Pretoria, 1985) es licenciada en Medicina y forma parte de la nueva generación de jóvenes escritoras sudafricanas. Ha sido galardonada con el Premio Literario de la UE (2017). Además de la novela que ocupa esta crítica, publicó Coconut Spilt Milk (galardonada con el premio Wole Soyinka en 2010). En la actualidad reside en Sudáfrica, aunque viaja a Inglaterra habitualmente para dar conferencias en un curso de doctorado sobre Salud General.


Desde que era niña, Masechaba sueña con hacerse médico y salvar vidas. En una joven Sudáfrica que no ha cerrado en absoluto las heridas de su pasado, la medicina le parece una vía ideal para contribuir a apaciguar el sufrimiento de una sociedad todavía xenófoba, machista y supersticiosa. Pero a la vez que trata de aliviar el dolor ajeno —trabajando en un hospital con pocos recursos y enfrentándose a diario con las penurias del sistema público de salud, que muchas veces pondrá a prueba su vocación— Masechaba tiene que lidiar con sus propios demonios: los fuertes dolores de menstruación y la vergüenza asociada a la misma, el duelo por el suicidio de su hermano y las presiones de una madre profundamente religiosa y reaccionaria que trata de alejarla de su única amiga, Nyasha, una combativa chica de Zimbabue que hará abrir los ojos a Masechaba sobre la creciente tensión xenófoba que acarrean los ecos del apartheid.


Este es un libro tan especial y tan honesto por su contenido en sí, que todo lo que lo acompaña parece un elenco acertado, a la altura, pero, al mismo tiempo, sin importancia. Digamos que Florescencia y su protagonista, Masechaba, ya de por sí son arte. Son la historia de este libro. Pero todavía hay más: su importancia y sus motivos, el significado real que tiene este nombre, su profesión y su experiencia.


La ansiedad de mi corazón es tan grande que se desborda, me empapa la sangre y envenena hasta el vello de mi piel.


En la contraportada se nos indica que esta doctora recién licenciada es el alter ego de la novelista Kopano Matlwa, con un claro indicativo de las páginas de esta novela son, en gran parte, autobiográficas. Las memorias, aunque escritas en forma de novela, tienen un tono hiperrealista y cercano por el uso de una tibia (y honesta) primera persona. Las reflexiones de Masechaba sobre la sociedad que la rodea no se van por las ramas, sino que se caracterizan por su concreción, aunque eso a veces obligue a la autora a caer en lo políticamente incorrecto.


A altas horas de la noche aprendes muchas cosas: que si lloras mientras orinas con la cabeza entre las piernas las lágrimas se acumulan en las pestañas, de modo que cuando vuelves a urgencias no tienes surcos en las mejillas, sino estrellas ante los ojos.


Reconozco que Sudáfrica es un universo desconocido para mí. Lo lamento. Pero esta lectura, a pesar de su brevedad, me ha atiborrado de esos conocimientos que tanto necesitaba. Veo a una joven médica, que se refugia en su profesión y, al mismo tiempo, se ve poseída por el desencanto, el cansancio de unas jornadas laborales maratonianas y la falta de medios. Como si fuera una pequeña palanca que sostiene el peso del mundo entero.

La amistad entre mujeres y el compañerismo tienen un componente importante para definir la identidad personal de Masechaba, que es muy consciente de su situación de mujer racializada. Pero ella está obcecada en cambiar el mundo, a pesar de la sangre que parece brotar incansable de su interior, creándole un tercer estigma con el que aprende a vivir pero, en cierto modo, la aísla.

La xenofobia es el plato fuerte de la obra. Y, diría más, la xenofobia machista más dura y cruel. Llegada a nosotras por frases cortas, duras, concisas. A veces poéticas. A veces muy urbanas, otras veces pertenecientes al mundo de los sueños. Este elenco que la rodea irá germinando en ella una debilidad llena de fortaleza, apoyándose en una curiosa fe en Dios y en oraciones recurrentes en las que pretende encontrar calma, alivio y sosiego.


¿Me permites que envíe caras sonrientes y fotografías a mi difunto hermano, a quien añoro más que a nada en el universo y cuya muerte me ha dejado un hueco tan grande que me da miedo resbalar y caerme dentro?


El giro argumental que quiebra las páginas de Florescencia llega cuando nuestra soñadora, Masechaba, que aún sufre en sus carnes la muerte de su hermano, es víctima de la cultura de la violación que supone una pausa brutal en su evolución y en su vida. Su futuro se silencia, su identidad se difumina. Acaba derrumbada. Su condición social se ve perjudicada, está a punto de perder su trabajo, no encuentra apoyo psicológico eficiente y su entorno la abandona.

Su madre será un núcleo fundamental en esta historia. Este vínculo la mantendrá atada a la vida, a la cordura. La empujará a continuar.


—¿Rendirme a qué, mamá?

—A la locura, Masechaba.

—¿Qué locura, mamá?

—La locura, Masechaba. La locura que te ha hecho todo esto. La locura que me ha robado a mi hija.


La lectura de Florescencia, de Masechaba, de Kopano, es para mí imprescindible. Por su inteligencia emocional, por la franqueza de su dolor, por la hermosura de su oscuridad. Esta historia ha sido para mí como un diario personal que quiero llevar siempre conmigo. Entre estas flores me he encontrado, me he conocido y me he superado. No se le puede pedir nada más a un libro.

Si esto es temporal, ¿por qué no puedo adelantarme a lo inevitable y suicidarme?

Me mataré, ¿Acaso crees que me asusta? Pues no. Ahora me siento demasiado débil, pero en cuanto haya recuperado las fuerzas pienso hacerlo, me mataré. Espera y verás.

2 comentarios sobre “Florescencia, de Kopano Matlwa

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s