·Título: Todos mienten
·Autora: María del Monte Vallés
·Género: narrativa contemporánea
·Fecha: noviembre de 2018
·Editorial: Triskel Ediciones
·Ilustración: Verónica Navarro
·Páginas: 202
·Valoración: Aceptable
·Enlace de compra

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Nadie sabrá nunca qué hubiese ocurrido si de sus labios hubiese aflorado la verdad.


María de Monte Vallés nació en Sevilla. Más allá de su pasión literaria, profesionalmente se desarrolla en la construcción y en el urbanismo. Su primera novela publicada, Perdiendo el pie (2016), también vio la luz bajo el mismo sello con el que publica su segundo trabajo, Todos mienten, que ocupa esa crítica.


Un día como otro cualquiera, la vida de Alfredo Sierra se ve alterada para siempre por una decisión que él mismo toma, un impulso sin meditar impropio de un hombre aburrido y metódico como él, que le permitirá trabajar en una imprenta que ha conocido días mejores. Allí, Sierra se relaciona con sus nuevos compañeros, sobre todo con su jefe, Ernesto Iglesias, terminando de moldear una nueva personalidad y construyendo una vida ficticia que cree controlar por completo.

En Todos mienten, M. M. Vallés lleva al lector a un viaje por la mentira, las apariencias y la superficialidad de la sociedad actual mediante una prosa cuidada y directa. Con la mentira como eje, la autora nos muestra los límites de los comportamientos actuales en público, en privado e incluso en las redes sociales. Al fin y al cabo todos mienten, por lo que Alfredo Sierra podría ser un mal reflejo de un vecino, de un familiar, de un amigo o, por qué no, de uno mismo.


Probablemente, Triskel Ediciones sea una de las primeras editoriales independiente que conocí. Fue gracias a Rebelión 20.06.19de Javier MiróLuego ya se convirtieron en unas habituales de nuestra casa: publicamos críticas de La moderna Atenea de Conchi Regueiro o del ya reconocido Premio Ripley. Disfrutamos, por último, de la nueva publicación de los textos de Concepción Arenal, De la mujer, simpatizando especialmente con esta editorial, dado nuestro fuerte e insistente compromiso con el feminismo literario. También reseñamos su antología Atrasis.

En este caso vemos que es de apreciar que vuelva a apostar por una firma femenina novel y, he de decir, con una novela peculiar que evoca el estilo clásico, aquel que ya no se escribe hoy en día. Encuentro referencias costumbristas varias (Cela, algún que otro toque de Fortún, un pequeño atisbo que me recuerda a Cervantes y a las mentiras/idealizaciones de su Quijote) pero, sobre todo, un importante afán de cuidar el tipo narrativo en cada una de sus frases.


Viajando uno se da cuenta de las maravillas de la tierra que visita, de la gastronomía y de los paisajes, de la oferta cultural y de las virtudes de sus habitantes. Y de sus defectos. Entre ellos puede comprobar cómo el engaño llega a cualquier rincón del plantea, por muy inocente, ilustrado o inculto que sea el país. Las ciudades, las gentes, las tradiciones, las bondades, nada es realmente como se nos presenta sino una pantomima, una representación edulcorada y dramatizada de lo que son.

Aunque tengo que reconocer que no se trata de una lectura entretenida en sí. El ritmo marcado es un tanto lento, tedioso. He salvado el ritmo porque, debido a mi trabajo, conozco el mundo al que se refiere Vallés y el funcionamiento de una empresa de ese tipo. En ese sentido, he podido inmiscuirme de lleno (no sin dejar de sentirme algo trágica, qué gris es este mundo, me siento un peón más de un sistema que aborrezco).

Digamos que, para contarnos la historia de Alfredo Sierra, la autora se vale de personajes prototipo. En su mayor parte, los compañeros de la oficina (entre los cuales tan solo hay una mujer, Mari Tere, lo cual es un poco de lamentar, aunque entendible refiriéndose al gremio al que se refiere). Alfredo, nuestro protagonista, es un hombre gris, extraño, común, cuadriculado. Es contratado en la imprenta de Ernesto Iglesias por una fortuita casualidad del destino: una mentira. Y a raíz de esta empiezan a tejerse muchas otras.


Cuando terminó de hablar, se sentía vivo, renovado, convertido en otro individuo que no le resultó ingrato. Pronto se dio cuenta de que la primera consecuencia de mentir es asumir una tarea ingente, pues se vio obligado a sumar muchas más para mantener la credibilidad.


No tengo muy claro qué pretendía contar aquí M. M. Vallés. Es algo que he estado buscando durante toda la lectura. En un primer momento me pareció que buscaba encontrar un toque de humor cínico, pero esta teoría la deseché de inmediato por el cariz que iba cogiendo la trama. Trama que, por otra parte, no se intuye muy bien hacia dónde va. Me decanto más, tal vez, por el afán de mostrar la frivolidad que podemos labrar de nuestra propia imagen a través de nuestras redes sociales y, sobre todo, en nuestros puestos de trabajo. La hipocresía laboral, el anhelar ser lo que no somos, hasta tal punto de que se nos vaya de las manos.

Aún así, el estilo de la autora sí que ha llegado a convencerme. Así que tengo que darle la enhorabuena por escribir de este modo tan distinto. Y a Triskel Ediciones por editar novelas con aires diferentes.

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