Intimidad azul Índigo: conectar con la intimidad de la otra para crear un «nosotras»

Las descubrimos a través de las redes y del mágico libro La Desconocida Que Soy, una antología de diarios íntimos en dos volúmenes. La poeta argentina Natalia Romero escribe en el prólogo: “Por qué un diario. También para ver lo invisible”. Y así, con esa cadencia y cuidado y el azul del mar de fondo, Carla y Marina han conseguido dar a luz el proyecto “Índigo Editoras” para hacernos más visibles desde nuestra subjetividad y cuestionar el propio concepto de ser mujer. Para ahondar en todo ello, recurren al término mujer cursiva, para referirse a todas las experiencias de ser mujer, tantas como cuerpos y voces.

Al sumergirnos en su proyecto, pronto descubrimos que Carla y Marina se conocieron leyéndose en viaje y que por fin un día se encontraron en Buenos Aires para deslumbrarse mutuamente con esa obsesión compartida: escribir literaturas de la intimidad. A ambas les gustaban los diarios y decían narrarse a través de la experiencia. Por eso, a este primer encuentro le sucedió un segundo en Madrid, en el que apostaron por fundar un proyecto cultural que tuviera que ver con las literaturas de la intimidad, aunque aún no tuvieran muy claro qué forma tomaría.  Después, en medio de esa ida y vuelta continua de emails de una a otra, surgió el nombre: azul Índigo, como el mar. Al fin y al cabo, es ese mar el que las une y a su vez representa ese puente transoceánico que buscan tender en su proyecto entre España y Latinoamérica. Pero tuvo que llegar Olga —de paso— para hacer ver a Carla y Marina que debían centrarse en literaturas escritas por mujeres. Con todo este planteamiento detrás, montaron una web y un día se decidieron a abrir la convocatoria que daría después forma a los dos volúmenes de La Desconocida Que Soy, o ladesco, internamente.

La llegada de más de 100 diarios como respuesta a la convocatoria las desbordó. Jamás hubieran imaginado nada semejante. Tantas voces clamando, compartiendo su intimidad, que merecían ser oídas. Abrumadas, se lanzaron de lleno a la lectura tranquila de todo el material y pronto advirtieron cuán importante eran aquellas páginas, no solo a nivel literario, sino a nivel testimonial. Ser mujer hoy, en el siglo XXI, es lo que quedaba recogido en todos los diarios. Carla y Marina se pusieron manos a la obra para armarlos en dos volúmenes y con todo el amor y el esfuerzo posible y una campaña de crowdfunding de por medio consiguieron que vieran la luz.

Sin embargo, ellas constatan que las relaciones establecidas entre las autoras a raíz de la publicación de LDQS es lo que ostenta mayor valía. Para continuar nutriendo el diálogo y el intercambio de experiencias, han puesto en marcha una nueva línea de actividad en Índigo a través de talleres (presenciales y online) y encuentros. De todas las sinergias generadas y la magia latente en el proyecto da cuenta el perfil de Instagram de la editorial, pero en A Librería hemos querido ahondar aún más en las raíces de esta comunidad azul mar. Marina Hernández nos responde desde este lado del océano:

Hay algo con la intimidad que nos parece muy fundamental en el siglo en que vivimos y es que lo personal es político.


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¿Quiénes se encuentran bajo el azul índigo de esta editorial?

Marina Hernández: Las manos que hacen Índigo somos Carla y yo, con ayuda de nuestra amiga Fernanda, diseñadora gráfica, y de María Pérez Cordero, que nos ayuda con temas de gestión, distribución, etc. Nosotras somos las administradoras de este proyecto, pero nada sería posible si no fuera por todas las autoras que han confiado en nosotras y todas las personas que están viniendo a los talleres, comprando los libros… Diría que Índigo también es de todas esas mujeres que se comprometen con esa idea de explorarse como mujer.


Apostáis firmemente por la literatura de intimidad, que es un paso más allá de la novela intimista. ¿Por qué este posicionamiento y la necesidad de reivindicar esta intimidad? ¿Qué nos aporta la literatura de diarios que no encontramos en otro tipo de géneros?

MH: Las dos hemos estado en contacto con la literatura a nivel académico y nos hemos encontrado que los diarios siempre se han considerado como un género anexo a la literatura con mayúsculas, que siempre ha sido la ficción. En el caso de las mujeres, aún ha sido más denostado cuando se trata de escrituras de la intimidad (cartas, diarios, ensayo…). Siempre se ha considerado que esto era contar su vida. Para nosotras ese contar su vida ha sido la base de todo lo que estamos creando, disfrutando y sosteniendo en este momento.


La literatura que nosotras estamos publicando y que nos interesa no es una literatura del yo para el yo, sino del yo para ella y para nosotras.


Hay algo con la intimidad que nos parece muy fundamental en el siglo en que vivimos y es que lo personal es político. No hay frase que resuma más el espíritu de todos estos géneros que han surgido con internet, con los blogs, etc. Hasta los años 60-70, la literatura de la mujer en primera persona siempre era considerada como cursi o que lo que tenían que contar no era suficientemente importante, porque las mujeres siempre hemos estado en la marginalidad.

A partir de entonces, empezamos a ver otras cosas, mucha literatura del yo, aunque no nos gusta llamarla así. La literatura que nosotras estamos publicando y que nos interesa no es una literatura del yo para el yo, sino del yo para ella y para nosotras: cuando una mujer habla desde el yo, no escribe para sí misma, sino para un ella, que es la figura del espejo, y a partir de ahí también está creando una idea del nosotras como experiencia de ser mujer en el siglo XXI en Latinoamérica y España o dondequiera que estemos. No nos gusta hablar de literaturas del yo porque nos trascienden.


¿Creéis que esta apuesta guarda relación con la preponderancia en la actualidad de la autobiografía como opción preferida por las autoras jóvenes?

MH: Nunca nos lo hemos planteado como tal. Nosotras trabajamos muchísimo por intuición, creemos que es una de esas capacidades del ser humano a las que no prestamos suficiente atención. Nos interesa hacer algo en lo que creemos y que amamos. Es innegable que hay un interés por las historias propias, especialmente entre los jóvenes, por esta eclosión de las redes sociales y de internet. Internet ha facilitado muchísimo la primera persona. Esta es una de las razones por las que la autoficción, la escritura del yo y las escrituras narcisistas, que no hay que dejarlas fuera porque están ahí, han tenido tantísima vigencia en estos últimos años. Nosotras no apostamos por esto porque viéramos que era el momento, sino por un deseo de conectar con la intimidad de la otra, que era lo que ya veníamos haciendo desde el principio.


Todas las que trabajamos somos mujeres, publicamos literaturas escritas por mujeres y eso ya es una posición política. Queremos romper con la infrarrepresentación de la mujer en el arte.


Decís publicar literaturas de la intimidad escritas por mujeres. ¿Os declaráis una editorial feminista?

MH: Sí, sí, sí, ¡sin duda!. Para nosotras es una de las bases de nuestra posición política en el mundo. Sin duda, Índigo es un proyecto feminista y queremos defenderlo como tal. Todas las que trabajamos somos mujeres, publicamos literaturas escritas por mujeres y eso ya es una posición política. Queremos romper con la infrarrepresentación de la mujer en el arte.


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¿Qué significa exactamente el concepto de mujeres cursiva al que hacéis referencia en relación a vuestro proyecto?

MH: Este proyecto nos ha abierto muchísimo la mente a todas las que estamos envueltas en él. Nos ha hecho repensarnos. Todo esto de las mujeres cursiva surge a raíz de una conversación sobre qué significa ser mujer, si tiene que ver con lo de siempre, con el sexo o los genitales, o si tiene que ver con la experiencia, con los colores que hay en mi habitación… Entonces, empezamos a darnos cuenta de las críticas que le hacen al feminismo blanco burgués y nos preguntamos qué había más allá. Nos dimos cuenta de que había muchas otras formas de ser mujer y que con nuestro discurso estábamos cerrando las puertas a experiencias de otro tipo, como las trans.

Cuando hablamos de cursiva nos referimos a abrir los términos, a trascender las categorías y los estereotipos en la experiencia de lo que comprende ser mujer. Va de abrir nuestra forma de vernos a nosotras mismas.


En Índigo, abrís la puerta a que las autoras publiquen un libro con vosotras. ¿Cómo realizáis esta labor de respaldo?

MH: En primer lugar, Índigo no es un proyecto sostenible económicamente. Es uno de nuestros grandes problemas a solventar y una de las ideas que siempre habíamos estado manejando era prestar un servicio editorial a otras mujeres que estén haciendo cosas, acompañándolas y haciendo una labor de faro, de guía, para ayudarlas a llegar a la mejor versión textual de esa idea. Nosotras estamos ahí ofreciendo lecturas, estructuras, ideas, inspiración… Por un lado, está esa parte más creativa y por otro lado, la puramente editorial (diseño, impresión, flyers…). Trabajamos con imprentas pequeñitas en Buenos Aires y aquí en España. El otro azul es poder ofrecer servicios editoriales que no sean excesivamente costosos para que nos acerque a más mujeres. Queremos ayudar a más mujeres a que tengan voz. Necesitamos que haya más voces distintas que nos representen, que no solo estén las hegemónicas.


Vuestro proyecto es mucho más que una editorial. Índigo recupera genealogía a través de encuentros, talleres… ¿Qué propósito os ponéis tras estas iniciativas paralelas? ¿A qué buscan contribuir?

MH: Estamos súper carentes de madres desde el punto de vista literario. En el momento en el que te das cuenta, tienes que hacerte cargo de esa responsabilidad. En este sentido, ha sido muy importante la labor que realizó Laura Freixas con nosotras con nuestro primer libro, escribiendo el prólogo. Le estamos muy muy agradecidas a Laura. Nos dimos cuenta de que tenemos que explorar todas esas experiencias de ser mujer y estamos intentando hacernos cargo buscando nuevas experiencias que nos revelen una mayor verdad a través de talleres, encuentros… Cuando la gente viene a nuestros encuentros, al marcharse ya ha arraigado algo suyo en nosotras. Los talleres nos hacen confiar, tener esperanza y descubrir nuevas formas de escribirnos a nosotras mismas.


¿Qué proyecto seguirá a LDQS? ¿Será también un proyecto colaborativo a través de convocatoria y puesto en marcha a través de crowdfunding?

MH: No. Definitivamente no, aunque queremos seguir publicando antologías. A través de esos libros estamos creando unos sistemas de espejos y aún hay muchos temas de los que hablar. Las antologías nos sirven para crear comunidad, crear diálogo, crear sinergias… Aparte de esos, queremos hacer libros pequeñitos, como pequeñas píldoras. Aproximarnos al libro desde el punto de vista del artefacto, hacer que condensen como una cápsula la vivencia concreta en ese momento del yo. Estamos trabajando ya con dos autoras. Pronto tendremos nuevos libros que mostraros.


Y, mientras tanto, Carla y Marina siguen trabajando en esa frontera tan fina que existe entre lo personal y lo político y lo íntimo y lo comunitario. En medio de este mundo tan hiperconectado, la soledad se abre paso irremediablemente. Quizás solo las literaturas de la intimidad que exploran en Índigo Editoras sean las que rompen esa soledad con píldoras de cotidianidad.


Nos interesa hacer algo en lo que creemos y que amamos.

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