En el Diccionario Akal de Psicología elaborado por Roland Doron y Françoise Parot,
se dice que:

La capacidad de reaccionar con emociones depende de interacciones complejas entre los factores genéticos y los factores del desarrollo, en particular durante la infancia. El nivel emocional en el que se encuentra el organismo constituye un estado del que dependerá la mayor parte de las demás del organismo (dependientes del estado).


Sin necesidad de la definición científica de emoción y como propios sujetos que vivimos miles de emociones al día, bien sean primarias, secundarias o, incluso, si nos han afectado a nosotros mismos o a algún ser querido en el desarrollo de una psicopatología, queda clara la importancia de comenzar a trabajar la inteligencia emocional en niños para evitar una mala regulación de ellas.

La preocupación por el tema es reciente y muchos padres o educadores no saben cómo reaccionar ante ciertas emociones de los niños o lo hacen de forma incorrecta. Un recurso que está resultando infalible y que, por lo general, a la mayoría de los
niños les encanta, son los cuentos. El famoso Monstruo de Colores de Anna Llenas
ha sido traducido a varios idiomas y millones de niños lo han leído. Se trabaja con él en sesiones terapéuticas y en escuelas. Una forma sencilla y divertida para que los niños identifiquen las emociones con los colores, comprendan que tanto las de valencia positiva como las de negativa son normales y, por ello, deben sentirse seguros para expresarlas o hablar sobre ellas.


Foto libro


En niños más mayores (a partir de 6 años), el Emocionario y el Emocionómetro
del inspector Drilo, entran en un análisis más profundo y exhaustivo dando
herramientas, ejemplos y recursos muy útiles también para que los padres lo puedan
leer y aprender más sobre ello.

Sin embargo, a veces encontramos que un niño necesita algo más que una página
de un libro para poder comprender y gestionar una emoción que se le atasca. Así
que me gustaría convertir este texto en una pequeña guía de títulos muy útiles para
emociones más complejas y específicas.


1. La vergüenza y la culpa (cuando estas afectan a la autoestima)

Normalmente son los padres, educadores o terapeutas los que identifican una falta de autoestima en el niño. Bien sea que empiece a notarse incómodo con alguna parte de su físico o inferior a sus compañeros. El cuento Yo voy conmigo, de la editorial Thule, puede trabajarse a partir de los cuatro años y hasta los siete. Es una historia preciosa sobre como una niña aprende a quererse a sí misma a pesar de los comentarios de sus compañeros o algunas experiencias de rechazo. A partir de ahí, podemos incitar al pequeño a que nos hable sobre la protagonista, hacerle preguntas, si entiende lo que hace y cómo piensa e intentar que él pueda aprender a usar esas herramientas para emplearlas en circunstancias parecidas.

Otro cuento imprescindible es Orejas de mariposa, de la editorial Kalandraka, donde la niña protagonista cuenta con un complejo físico sobre sus orejas por ser grandes y su madre le explica que no son de elefante, sino que parece una preciosa mariposa. Es importante que niños con algún complejo sobre su físico aprendan a querer y respetar su cuerpo porque deben ser conscientes de que es suyo y por todo lo que esto aporta.


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Por ejemplo, una niña de unos 10 años a la que di clases particulares tenía mucho complejo porque consideraba que sus brazos eran gordos y no quería enseñarlos ni ponerse camisetas de manga corta. Le expliqué que gracias a esos brazos podía hacer un montón de cosas que le gustaban, como jugar al baloncesto, colorear, jugar a la Wii… le hice entender todos los beneficios que le daban. Cada día que iba a darle clases mencionábamos alguno y, al final, terminó por incluso abrazarse a sí misma dando las gracias por tenerlos.


2. La tristeza

Para niños de tres a cinco años podemos encontrar cuentos como Cuando estoy triste, de la editorial SM, donde trabajaremos con el niño que es normal sentirse triste cuando
nos suceden cosas que nos provocan esas sensación, como le pasa al conejito del cuento. En casos donde la tristeza es intensa, por ejemplo, la muerte de la madre del niño o niña, puede tener mucha dificultad para entender y gestionar lo que siente.

El cuento No es fácil, pequeña ardilla, es una historia conmovedora sobre una ardilla que pierde a su madre y con la ayuda de su padre empieza a realizar el proceso de duelo. Así, el niño o niña se sentirá identificada con la ardilla, y verán esas emociones en sí mismos, reconociéndolas como normales en tal proceso.


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3. El asco

Una de las emociones primarias y tal vez más descuidadas a la hora de trabajar la inteligencia emocional en los niños. El cuento Qué asco de sándwich de la editorial
Jaguar trata esa emoción tan importante para nuestra supervivencia. En él nuestro protagonista muerto de hambre persigue un sándwich que tras pasar ciertos infortunios, no está tan apetitoso.


4. Calma/Ansiedad

Ante niños muy intranquilos e inquietos, incluso con ciertos niveles de ansiedad
desadaptativa, podemos contarles el cuento de Respira, de la editorial Pequeño
Fragmenta para niños a partir de cuatro años. El nerviosismo hace que al niño le
cueste dormir y su madre le enseña a respirar con la técnica del mindfullness, siendo
la práctica de esta técnica tan beneficiosa para los adultos como para los niños.


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5. Amor

Una emoción secundaria preciosa que despierta sensaciones muy agradables en quien las experimenta. Los dos cuentos que recomiendo para trabajarla son de la misma autora: Witek Jo (y de la editorial Cubilete). El primero de ellos es Así es mi corazón, si bien es verdad que no es el órgano único que se encarga de esa sensación, si que la niña siente el amor ahí porque es una de las zonas fisiológicas más afectadas. Habla de las cosas que le gustan, de las cosas que quiere. Un cuento cargado de positividad y ternura. El segundo cuento es En los brazos de mi papá, una preciosa historia sobre la relación de fraternidad entre un padre y su hija.


6. Celos

En los niños pequeños, usualmente un gran foco de celos es hacia un hermano o hermana recién llegado. Existen numerosos cuentos que les pueden ayudar a comprender que hay tiempo para los dos hermanos aunque el bebé requiera ciertos cuidados.


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Uno de estos cuentos es Helio con Hache, de la editorial Takatuka, para niños a partir de cuatro años. En esta historia, nuestra protagonista se siente celosa, desplazada y poco importante. Por suerte, su madre le hace entender lo valiosa que es también para ella y que la llegada de su hermanito es algo positivo para ella.

Otro cuento muy conocido es El cambalache, que también trata el tema de la llegada de un nuevo hermanito a una familia de cocodrilos. Sigue la dinámica del anterior. El lector se identificará con las emociones de los personajes y como en el final del cuento anterior, se llegará a la conclusión de que tener un hermano o hermana es algo positivo también para ellos y que ambos son igual de valiosos para sus padres.


7. La envidia

Emoción secundaria y compleja que a veces se identifica bastante bien. Está bastante relacionada con los celos. Un cuento estrella y divertidísimo es Gato rojo, gato azul, de la editorial Lata de Sal, donde dos gatos se pelean por ser uno igual al otro, dándose cuenta de que esa pelea es agotadora y solo los enfrenta. Así que aprenden a ver lo bueno que tiene cada uno sin envidiar lo del otro. También es una buena herramienta para trabajar la autoestima.


8. Frustración

Una emoción muy desagradable que los pequeños pueden experimentar también con ira, llorando o dando golpes. Para ayudarlos a gestionarla contamos con el cuento Así es la vida, de la editorial Diálogo, que es una herramienta muy interesante. En él se reflexiona sobre sucesos de la vida con los niños y sobre cómo es la forma en que reaccionamos ante ellas emocionalmente. Hay situaciones que nos suceden y nos frustran, pero no podemos hacer nada por controlarlas, así que es mejor aceptarlas.


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Podríamos hacer un listado infinito sobre otras historias, pero debemos tener siempre en cuenta que lo recomendable es leer el cuento con la niña o el niño, hacerle preguntas sobre el protagonista, si entiende lo que siente, si puede empatizar con él, si ha sentido o siente esa emoción en ese momento, explicarle por qué la sienten o qué cosas le hacen sentir ciertas emociones y cómo poder gestionarlas.

A los niños les encantan los cuentos, así que a través de ellos podemos ayudarlos a mejorar su inteligencia emocional y también la nuestra.

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