·Título: Encontraste un alma
·Autora: Edith Södergran
·Traducción: Neila García
·Género: Poesía
·Fecha: Febrero de 2019
·Editorial: Nórdica Editorial
·Páginas: 527
·Valoración: Imprescindible
·Enlace a la compra

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Edith Södergran, una estrella sin vértigo


Buscabas una flor

y encontraste un fruto.

Buscabas una fuente

y encontraste un mar.

Buscabas una mujer

y encontraste un alma —

estás decepcionado.


Edith Södergran es una de esas poetas que florecen, emiten una luz brillante y llegan para quedarse. Si su poesía cae en tus manos, prepárate; estás perdida. La adorarás para siempre y llenarás tu cabeza con sus versos. Una de repente la encuentra. Y es que la poesía de Södergran acontece como los grandes momentos en la vida. Como un fogonazo, todo luz y verdad, y calor en el pecho. Sus versos nos invitan una y otra vez a celebrar eso que olvidamos tan a menudo: que a nuestro alrededor la vida bulle y es brillante aunque sea tan sencilla como un gato o un árbol.

La brillante edición de Nórdica libros de su poesía completa vuelve a poner en valor la obra de Södergran, tan menoscabada en su momento y condicionada por su origen. La traductora, Neila García, contextualiza en su Nota de la traductora, situada al final del volumen, las circunstancias en las que se enmarca la creación de Södergran: su aislamiento por motivos de salud y geográficos otorgan un plus de valentía a su obra, así como la elección del sueco como lengua para la escritura, que supone un fuerte compromiso político. Así, su condición sobrevuela sus poemas sin apelar en ningún momento a datos concretos.

En su poesía encontramos un simbolismo imperante (árbol, gato, estrella) y una sensibilidad que busca la exaltación y celebración de la existencia, junto a una mirada atenta que escruta su realidad para captar los destellos de luz. Södergran se convierte en una poeta de lo universal desde lo pequeño.


 De todo nuestro mundo bañado al sol

no deseo más que un banco de jardín

con un gato tomando el sol.


“La seguridad que tengo en mí misma se debe a que (he) descubierto mis dimensiones. No me conviene hacerme menos de lo que soy”, escribe en la Nota introductoria de su poemario La lira de septiembre. Semejante seguridad y empoderamiento son asombrosos en una mujer de principios del siglo XX pero su carácter casi visionario (estaba convencida de que solo las personas al servicio del futuro comprenderían su obra y su grandeza), la llevaron más allá. Södergran hace gala de un feminismo primitivo (y primigenio) y nos nombra:

 ATARDECERES VIOLETA

Llevo en mí atardeceres violeta desde mis orígenes,

[…]

 

El hombre no ha venido, jamás ha sido, jamás será…

El hombre es un espejo embustero que la hija del sol

iracunda contra el barranco,

el hombre es una mentira que los blancos niños no entienden,

el hombre es una fruta podrida que los labios orgullosos repudian.

 

Bellas hermanas, venid hasta las rocas más abruptas,

somos todas guerreras, heroínas, amazonas,

ojos inocentes, frentes celestiales, larvas de rosas,

fuertes marejadas y pájaros revoloteantes,

somos el rojo más inesperado y más profundo,

rayas de tigre, tensas sogas, estrellas sin vértigo.


De esta forma, Södergran se perfila “forastera en esta tierra que yace/ bajo las profundidades del mar apremiante”, una gran poeta, brillante y poderosa que, sin artificios, nos ilumina desde allí para que la luz nos deslumbre aquí. Una adelantada a su tiempo, una extranjera. Una de tantas mujeres olvidadas cuya obra dio un paso al frente, con ese rojo inesperado y profundo, cargada de verdad y futuro.

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