·Título: Formas de estar lejos
·Autora: Edurne Portela
·Género: intimista
·Fecha: marzo de 2019
·Editorial: Galaxia Gutemberg
·Páginas: 239 páginas
·Valoración: Bien, bien
·Enlace a la compra

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Cuando la violenta cotidianidad estalla en casa sin que nos demos cuenta


No podría decir cuándo empezó todo. Cuándo mi vida comenzó a torcerse y esa que fui dejó de existir y se convirtió en una mujer que se encerraba a llorar en un armario. Y todo lo que vino después.


A mí me pasó igual. No recuerdo cómo ni cuándo comenzó, tampoco en quién me convertí entonces. De alguna manera todo se precipitó hacia el abismo y no sabía cómo volver atrás. Cómo hacer limpieza general en mi vida y reconstruirme. Cómo pude vivir aquellos años en silencio, refugiada de mí, siendo otra y llorando y gritando en todas las habitaciones de la casa. Cómo fue y cuánto duró lo que vino después.

Al leer las palabras de Edurne Portela, esas con las que da paso a la trama en Formas de estar lejos (Galaxia Gutemberg, 2019) supe que iba a hablar de mí. De nosotras. Porque por muy fuertes que seamos jamás estaremos a salvo de esa forma de violencia que se instala en la cotidianidad del hogar, en lo que se etiqueta como amor. Borra a la persona que creíamos que éramos y hace volar todo por los aires hasta que un día —no sé muy bien cómo, como tampoco lo sabe Alicia, la protagonista del libro— te das cuenta de que todo ha llegado demasiado lejos y estás en peligro.

Tras  Mejor la ausencia, Portela nos sorprende con un brutal cambio de registro, en el que continúa resonando su identidad vasca. Formas de estar lejos no es una obra extraordinaria como lo es su opera prima, pero sí un buen libro, un libro necesario para comprender a otras y reconciliarnos con nosotras mismas. Es una novela trepidante y peligrosa desde la quietud y la calma de la rutina.

Aborda el aislamiento al que nos relega la toxicidad de determinadas relaciones que nos exigen ser esto o lo otro y que aportan una violencia contenida in crescendo y que solo queda a la vista cuando ya es tarde y corremos peligro, y que nos alejan de la persona que queríamos ser y de nuestros seres queridos. Como se puede advertir, se trata de una obra de eterna actualidad, en la que la soledad se camufla de silencio y la cotidianidad esconde violencia en el propio hogar y en el espacio de trabajo.

Portela ha sabido encontrar la cadencia del tono adecuado, la del blanco aséptico de un día a día casi gris, para desdibujar una novela intimista que se podría circunscribir como social por el carácter de denuncia de la propia historia y que enfrenta a la pérdida lo más crucial para seguir adelante: la identidad, al tiempo que nos devuelve al calor de la familia justo cuando más lo necesitamos.

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