·Título: Historia de España contada a las niñas
·Autora: María Bastarós
·Género: pastiche (autoficción, ciencia ficción, suspense, crónica social)
·Fecha: octubre de 2018
·Editorial: Fulgencio Pimentel en coedición con La Casa Encendida
·Páginas: 240
·Valoración: Bien, bien
·Enlace a la compra

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“Creo que he parido un extravagante libro de playa” (María Bastarós sobre Historia de España contada a las niñas)

La intrahistoria es a veces tan enrevesada y absurda como la que recoge María Bastarós en su novela, Historia de España contada a las niñas, a medio camino entre el suspense, la crónica social y el folletín, con un acentuado gusto por lo kitch. Una obra en la que sus personajes se definen y redefinen continuamente en relación a los demás, siendo el lector el encargado de componer la historia en su globalidad.

Toques de culebrón, tono panfletario, mordaz y feroz crítica social e inmersiones disparatadas (o no) en la ciencia ficción se dan cita en esta obra para recomponer la historia próxima de nuestro país, todo un rompecabezas al que María Bastarós ha sabido darle forma y sacarle brillo para obtener un resultado brillante y despiadado, delirante y atrevido, corrosivo y extremadamente ácido. Una novela coral hecha de retazos, como se pasan la historia social y las anécdotas familiares de unas generaciones a otras: de manera fragmentada y repleta de vacíos abiertos a la imaginación, en la que se deja constancia de la relevancia del matriarcado.


Hey. Hola. Siento interrumpir de nuevo el curso de la ficción tuteándoos, pero necesito otro favorcito por vuestra parte. Entiendo que es muy poco profesional interpelar al lector de forma tan directa. Pero supongo que no habréis sido tan ilusas como para pensar que todas estas historietas se estaban desarrollando por generación espontánea, o gracias a vuestra buena disposición. Hay un cerebro detrás de todo esto, ¿entendéis?, una narradora omnisciente a la que tendréis que obedecer cuando la situación lo requiera. No es que pretenda convertir este paseo por los hechos en una experiencia dictatorial pero, en el caso de Cloe, necesito crear en vuestro imaginario visual una estampa muy clara y muy concreta de este momento de su vida. Por eso antes insistíamos tanto en la estética de la fotógrafa finlandesa Maria Lax.

NADA DE ESTO ES ARBITRARIO.


En este libro, que resultó ganador del Puchi Award 2018 y del Premio Cálamo “Otra Mirada” 2018 y editado por Fulgencio Pimentel, con el apoyo de La Casa Encendida/ Fundación Montemadrid, se abre paso una Bonnie discreta y feroz que deambula por el desierto americano, secuestros que recuerdan demasiado a la realidad, hermanas/primas que se atrincheran en un lavabo, comunidades online de adolescentes anoréxicas, vidas venidas a menos que siempre esperan un destello de redención y la estelar aparición de un ovni en Belatrón, un pueblo que podría ser cualquiera de la España profunda de antes y de ahora. Todos estos elementos conforman un devenir delirante que atrapa al lector en su lectura al tiempo que le interpela directamente: ¿qué valor tiene lo que nos contaron? ¿Acaso sucedió así en realidad? ¿podemos demostrar lo contrario?


A las diez dará comienzo el espectáculo: la única televisión del pueblo será conectada y la presentadora de Televisión Española anunciará el arranque de la gala anual de Eurovisión. Las mujeres de Beratón ven el festival como los habitantes de Roswell veían los ovnis surcando el cielo en las noches claras del verano: como algo que no alcanzan a comprender, ajeno y fascinante, que habla de lugares desconocidos y de sus estrafalarios e ininteligibles habitantes.


Historia de España contada a las niñas nos invita a abrir bien los ojos y reír muy alto (y en bajito cada dos páginas), porque resulta imposible no estallar a carcajadas ante cafeterías llamadas “Viva la Vida, Viva Brunch, Brunch Life y Vida de Brunch” o  rememorar ciertos casos reales de menores desaparecidos (las niñas de Alcàsser). Una crónica de sucesos sin fin desternillante (y preocupante por lo plausible de todo ello) que trasciende el “libro para leer en verano en la playa”, por mucho que su autora lo haya catalogado así. Es mucho más y, por qué no, otra parte de nuestra historia nacional.


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En A Librería hemos querido entrevistar a la autora para ahondar en las claves de este particular relato:

¿Cuál es el germen de esta obra?

 María Bastarós: Comencé a escribir Historia de España Contada a las Niñas para dar salida a un imaginario que había ido acumulando y que precisaba de la ficción para poder desarrollarse. He escrito durante toda mi edad adulta, siempre piezas más vinculadas al ensayo, la divulgación y la política. Aunque ese tipo de textos, más “científicos”, no están reñidos en absoluto con la creatividad, sí que precisan de un rigor del que necesitaba desprenderme para poder explorar mi imaginación literaria. Ha sido un proceso muy orgánico en el que he dado espacio a muchos de mis intereses personales, y tanto durante la escritura como en el proceso de corrección, crítica y relectura, he acumulado un aprendizaje que ahora estoy tratando de ordenar y exprimir. Creo que más allá de una satisfacción con el material producido, es ese aprendizaje lo que persigo. No entiendo la creación como la producción de una serie de obras estancas, sino como un proceso que va generando frutos materiales y, sobre todo, inmateriales.


¿Cómo se articula una narrativa que se redefine constantemente a medida que el lector avanza en la lectura? ¿Hay espacio para la improvisación en medio de todos los lazos que unen personajes e historias?

 MB: Ha sido algo muy espontáneo, muy intuitivo. He obrado con la libertad de quien no busca nada excepto la exploración de una forma expresiva que no ha ejercitado nunca. Creo que eso ha hecho que el texto sea muy fresco y a cambio lo ha privado de otras virtudes. Las tramas han ido surgiendo a nivel formal y de contenido de una forma impulsiva, muchas veces construyéndose a partir del lenguaje sin que mediara la reflexión. Obviamente eso ha conllevado mucha labor de pos-producción, porque la improvisación convivía con la necesidad de que todas las tramas confluyeran en un determinado momento para generar un relato único (la trama completa de Lucy Clark nació precisamente de esa necesidad y se encarga de ofrecer un germen común a todas las tramas, y no hubiera sido posible dentro de un proceso más planificado).

Es muy posible que de la improvisación hayan surgido inconsistencias, pero me resulta mucho más tentadora la libertad durante el proceso que el obtener un objeto redondo. Mi interés principal ha sido jugar con las tramas, los formatos, los tiempos y los narradores, y creo que ese interés por el juego se transmite al lector desde el principio y es él quien debe decidir si le interesa ser partícipe o no. Para una persona acostumbrada a producir textos tan alejados de la ficción era un reto conseguir generar un relato “entretenido”, y en ese sentido estoy satisfecha. Creo que he parido un extravagante “libro de playa”, y no lo digo en un sentido peyorativo.


No entiendo la creación como la producción de una serie de obras estancas, sino como un proceso que va generando frutos materiales y, sobre todo, inmateriales.


¿Hay cierta parte de autobiografía en tu obra?

 MB: Creo que es imposible negar la autobiografía en la ficción. La imaginación y los recuerdos pertenecen a un territorio común, la primera es imposible sin los segundos y viceversa. En el libro muchas tramas comienzan con la descripción de un escenario concreto -los lugares son lo que más perdura en mi memoria y por lo tanto lo que más activa mi imaginación- como el pueblecito soriano de Beratón o el inhóspito Tonopah en el desierto de Nevada. Todos los sitios que aparecen en el libro son reales excepto la abstracta Ciudad, y en todos he puesto los pies. En cuanto a esa asamblea feminista que deriva en teatrillos new age, la Conferenciante y el contexto político que la rodea, hay una esperpentización del activismo que ha ocupado toda mi juventud. Las derivas dentro de los espacios y los discursos del activismo son una materia prima que uso muchísimo, porque la conozco en profundidad y creo que es un contexto, como pueden serlo las relaciones amorosas o las familiares, tremendamente útil a la hora de indagar en la naturaleza de las personas. Además, en el libro también se evidencia mi relación con las artes y la historiografía (yo soy Historiadora del arte, y ejerzo como gestora cultural y comisaria de exposiciones). Más allá de eso, no hay un personaje concreto que constituya un Yo dentro de la narración, y de hecho sólo uso la primera persona para construir personajes varones, muy violentos en lo que expresan y en cómo lo expresan. Una de las cosas que más disfruto de la literatura es hablar desde esas máscaras, y por distantes que sean a mí me resulta tremendamente fácil articular sus discursos. Todas tenemos dentro un censor masculino que odia a las mujeres, lo dice Berger en Modos de ver, y qué cierto es. Sólo hay que darle un poco de coba para darse cuenta de hasta qué punto habita en tu interior.


De alguna forma, Historia de España contada a las niñas, con su edición tan cuidada y su combinación de texto y fotografía, ¿podría decirse que se alza en parte como “libro objeto”?

 MB: En este caso concreto la estética ha tenido una trascendencia primordial. El libro está imbuido de expresividad visual a todos los niveles, en continente y en contenido. Para mí lo visual es primordial a la hora de recordar e imaginar, y necesitaba trasladar eso a los lectores de forma muy explícita. Por eso, además de alusiones a determinadas obras y artistas, hay también peticiones expresas al lector para que imagine una determinada escena a través de una estética concreta, como es el caso de las fotografías de María Lax. Me hubiera encantado que formaran parte del libro de forma literal, pero no pudo ser y finalmente fueron sustituidas por otras dos imágenes que no me interesan tanto. Sin embargo, haber podido diseñar la portada contando con una imagen de Joel Meyerowitz, uno de mis fotógrafos favoritos, ha sido todo un lujo, y creo que aporta mucha información sobre lo que después vas a encontrar en el libro. Tengo esa fotografía y las de Irene impresas y enmarcadas en mi salón y al mirarlas el texto cobra vida en mi cabeza. Las imágenes tienen para mí una capacidad de evocación que luego trato de trasladar al lenguaje con desigual fortuna. El libro entero es una especie de collage que mezcla distintos tipos de textos y lenguajes -hay una trama entera construida a partir de pantallazos de whatsapp- y es que en el momento la imaginación me pedía construir desde el absoluto eclecticismo, desde el sindiós literario. Ahora, como cuando vuelves a casa con el cuerpo colapsado de humo y fiesta y venenos y el cuerpo sólo te pide zumitos y excursiones por la sierra, estoy haciendo todo lo contrario: un relato que bebe de la urbanización en la que me crié, relativamente lineal y ortodoxo en cuanto a formato.


Una de las cosas que más disfruto de la literatura es hablar desde esas máscaras, y por distantes que sean a mí me resulta tremendamente fácil articular sus discursos. Todas tenemos dentro un censor masculino que odia a las mujeres, lo dice Berger en Modos de ver, y qué cierto es. Sólo hay que darle un poco de coba para darse cuenta de hasta qué punto habita en tu interior.


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