·Título: Tara
·Autora: Laura Sala Belda
·Género: intimista, narrativa poética
·Fecha: marzo de 2019
·Editorial: Ediciones Carena
·Páginas: 235
·Valoración: Excelente
·Enlace a la compra

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Las cenizas de mi hermana, encontrarme, volver contigo, se pusieron a la cola. Mi urgencia era otra. Que la calavera volviera a aplastar mi piel. Una vez más.

Conocí, de casualidad, a Laura Sala Belda (Barcelona, 1976), autora de tres cuentos infantiles, dos libros de microrrelatos y una opera prima autoeditada titulada El principio de todo lo demás. En febrero de 2018 publicaba la reseña de Olbido con B (Amor de Madre, 2017), la segunda novela, ya editada con un sello editorial, de esta escritora. Supe que querría leer cualquier cosa que publicase a partir de entonces. No me preguntéis por qué, pero supe que era una de estas autoras que necesito leer. Me resulta sencillo encontrarme entre sus páginas.

Además, a mi alrededor, después de casi tres años codirigiendo este portal, se han tejido unos hilos maravillosos. Y me hace feliz que, cuando ciertas escritoras publican una novela, no tardo en recibir un correo electrónico para hacérmelo saber. Me hace feliz que piensen en mí ante un hecho tan importante para una artista literaria como el lanzamiento de un título nuevo. Soy afortunada, mucho. Gracias, Laura. Y gracias a todas las que nos escribís día a día.

Dicho esto, os dejo con la sinopsis oficial:

Una historia de defectos. Un viaje que no termina. Unas cenizas que no encuentran reposo. Una pareja que se cuestiona. Una casa colgada en un acantilado. Unos personajes imperfectos. El abandono. Una huida al pasado. Un coger las riendas de la propia vida. Un no saber hacerlo. Una separación. El amor. Un lugar donde quedarse.

¿Qué es la vida sino una gran tara? ¿Cómo se enfrenta uno al miedo? ¿Y al perdón? ¿Cuánto queremos? ¿Cómo queremos?

Estas son algunas de las preguntas que intenta responderse la protagonista de esta historia, en un viaje que la llevará a dejar a su pareja en una casa medio abandonada, repleta de taras, obligándola a cuestionar las suyas propias, las de su entorno y las de su relación.

¿Qué somos sino una suma de nuestras taras? Ellas nos forman y de ellas queremos desprendernos a cada momento, aunque no lo consigamos.


Leer Tara fue, casi, como una señal. Ya comenzando a leer el prólogo de Luna Miguel (autora de El funeral de Lolita, 2019) empecé a encontrar vestigios de lo que yo siempre anhelo leer. Tan solo tenía que detenerme en los títulos que allí se citaban: Permafrost, Por qué lloran las ciudades o Amor divino. También se habla del término hermanas para referirse a las mujeres que leemos y escribimos. Así es difícil sentirnos solas.

Yo, honestamente, no sé de dónde ha salido Tara. Tampoco sé realmente de dónde ha salido Laura Salas ni por qué, entre tanta muchedumbre de lecturas, yo llegué a ella o ella llegó a mí. Solo sé que cuando empecé a leer el libro no pude dejarlo. Tuve la impresión, un poco aterradora, un poco cálida, de que había llegado a mi presente para cortarme el aliento pero para aliviarme también. Yo, yo, yo que consideraba que mi momento actual era surrealista, que nadie me iba a comprender, que era imposible definirlo con palabras… Llegaba Laura Sala, una perfecta desconocida, a cogerme de las manos y decirme: «mira, he escrito sobre esto para nosotras».

Y es que Tara es una historia de historias. Perdón, de taras. Y estas taras, según la RAE, significan:


3. f. Defecto físico o psíquico, por lo común importante y de carácter hereditario.

4. f. Defecto o mancha que disminuye el valor de algo o de alguien.


Y según Laura Salas:

La tara de mi hermana era invisible, al menos al principio. No se notaba en su mirada, ni en su movimiento, ni en su habla. No le faltaba un brazo, ni un pie, ni media oreja. La tara de mi hermana era un dolor que empezó molestando un poco y acabó fastidiando demasiado.


Ante mi duda de si las taras las adquirimos o las creamos, mi respuesta es sencilla, creo que las conductuales, las que nos impiden, frenan y cuestionan, esas son adquiridas, salen de sitios recónditos donde un día explotó algo, o hubo un cortocircuito, o un pico de violencia. Sí, también hay muchas que vamos creando en el camino, todas esas ramificaciones pequeñas y apenas imperceptibles, que van creciendo lentamente, van avisándote de que eso un día también puede explotar.


Y, según yo, las taras son las secuelas de lo que arrastramos. Y las secuelas de las secuelas de las demás personas, véase nuestra familia. Véanse nuestras relaciones amorosas. Véase nuestra soledad. Es lo que yo soy capaz de interpretar en este estilo poético, de estructura y temporalidad rotas, de viajes de espacio entre cada capítulo. Parpadeamos y nuestros pensamientos vuelan, cambian. El dolor es siempre similar, pero se encuentra en fases diferentes.

Creo que en Tara se hace una reinvindicación muy importante de las dolencias psicológicas.  Y lo hace sin poetizarlas, sino más bien, con una realidad que abruma. Tanto de la parte de quiénes las sufren en sus propias carnes, como del círculo de alrededor (hermana, padres…) que se convierten en coenfermas. Las taras se contagian, se vuelven pegajosas. Es imposible desprenderse de ellas. A veces, estas taras llevan a la muerte. Y la muerte es, sin lugar a dudas, una fuente inexcusable de dolor.


Yo me quedé recostada en un rincón de esa habitación, tranquila, no podía temer a un calvo, sucio y con pipa. Y menos si estaba contigo. Aunque en ese momento tampoco entendí.


La belleza de la narrativa de Laura Sala es abrumadora. El estilo que se adivina y que cultiva en su anterior novela, adquiere aquí una evolución notoria. De algún modo, es una demostración de que la literatura clásica se entremezcla con la época actual. Onírica y fría, poética y urbana, rozando lo experimental. Y sin embargo, no sé de qué manera, consigue que como lectoras estemos justo donde ella quiere que permanezcamos. No viajamos con ella, viajamos en ella. Se produce una química autora-obra-lectora apoteósica.

Se me quedan cortas las palabras y me sobran. Es que es difícil transmitir lo que es Tara. Tal vez, para cada cual que la lea, será algo diferente. Algo dolorosa. También curativa. Extraña. Ahonda en la realidad de más allá, la que siempre escondemos y la que preferimos resguardar en nuestro interior.


Algo se había apagado en su interior. Y vivía a oscuras.


 

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